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Yeison Jiménez, un cantante de corazón

La vida de Yeison Jiménez fue breve, pero su huella es profunda. Desde una infancia marcada por la precariedad hasta convertirse en uno de los artistas más escuchados de la música popular colombiana, su historia quedó escrita en canciones que hoy hacen eco en todo el país

El sábado 10 de enero, Colombia se estremeció con la noticia de la muerte del cantante de música popular Yeison Jiménez. Un artista que no solo deja un legado musical con himnos que seguirán retumbando en la voz de sus fans, sino también una herencia de pasión, resiliencia y ganas de vivir y cantar la vida desde el corazón.

Jiménez nació en el interior del país, en Manzanares, Caldas, el 26 de julio de 1991. Creció en un entorno humilde, marcado por dificultades económicas, lo que lo llevó a empezar a trabajar desde niño para ayudar a su familia.

A los siete años ganó el Festival Infantil de la Canción en su municipio y repitió la hazaña durante cuatro años consecutivos. Desde muy pequeño mostró su talento, pero no se quedó ahí: a los trece años comenzó a componer canciones.

Sin embargo, tuvo que seguir trabajando para sostenerse y apoyar a su familia. En Bogotá se desempeñó como comerciante y cargador de alimentos en la Central Mayorista de Abastos (Corabastos), lugar donde también pasaba gran parte del tiempo cantando.

Su debut oficial llegó con la canción “Te deseo lo mejor”, del álbum “Con el corazón – Volumen 1”, lanzado en 2013. Desde entonces, su música se mantuvo como tendencia en estaciones radiales, canales de televisión del país y plataformas digitales.

No fue sino hasta 2018 cuando su carrera dio un salto definitivo con la canción “Aventurero”, que se convirtió en un himno inmediato de la música popular colombiana. A este éxito se sumaron temas como “Por qué la envidia”, “Hasta la madre” y “Destino final”, este último interpretado junto a Luis Alfonso y coreado por sus seguidores en todo el país la noche de su muerte.

Jiménez le apostó a un estilo auténtico y propio, sin atajos. Esa fue la fórmula que lo consolidó como uno de los artistas más escuchados y queridos de la música popular: su sinceridad y humildad a la hora de componer, cantar y conectar con un público que se identificó con sus letras y con el sentimiento con el que interpretaba cada canción. Yeison Jiménez, quien murió a los 34 años, deja una familia conformada por su esposa y sus tres hijos.

El día del accidente, Yeison Jiménez y su equipo sufrieron un siniestro aéreo entre los municipios de Paipa y Duitama, en el departamento de Boyacá. La avioneta en la que viajaban seis personas no logró alcanzar la altura necesaria para continuar el vuelo y cayó a una distancia de entre tres y cinco kilómetros del Aeródromo Juan José Rendón.

Según los videos que circulan sobre el accidente, expertos han señalado que la avioneta Piper Navajo N325FA apenas logró elevarse unos 50 metros. Las primeras hipótesis apuntan a una posible falla técnica; sin embargo, serán las autoridades las encargadas de esclarecer las causas exactas de la caída.

Además de Yeison Jiménez, en el accidente murieron su representante Jefferson Osorio, su asistente personal Óscar Marín, así como Juan Manuel Rodríguez, Weismar Mora y el capitán Hernando Torres.

Yeison Jiménez se va en un gran momento de su carrera, pero su voz permanece en la memoria colectiva de un país que encontró en sus canciones una forma honesta de nombrar la vida. Más allá del accidente y de la tragedia, queda la historia de un artista que nunca olvidó de dónde venía y que cantó, sin máscaras, lo que muchos sienten. Su legado no termina con su muerte: seguirá vivo cada vez que alguien vuelva a corear sus canciones.