
Por: María Angélica Orozco y Alejandro Valencia
Por años, muchas personas trans en Colombia han vivido esa pregunta como una realidad. El Proyecto de Ley Integral Trans, que incluye un enfoque especial para infancias y adolescencias trans, busca cambiar esa historia. Sin embargo, su camino en el Congreso ha estado lleno de obstáculos y ahora, el tiempo es otro de ellos.
Una urgencia que cobra rostro en testimonios como el de Cristian, un hombre trans de 17 años: “En el colegio hace falta mucho respeto, hay mucho matoneo, mucha transfobia, no solo de los compañeros, sino también de profesores que creen que es un juego”.
Un poco de contexto

En el mundo, hablar de diversidad sigue generando tensiones. Las siglas LGBTIQ+ agrupan a personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queer y otras identidades que no encajan en los moldes tradicionales.
Colombia ha conquistado derechos como el matrimonio igualitario y la identidad legal mediante un activismo valiente. Estos avances no fueron regalos, sino victorias frente a la exclusión. Es importante saber que en 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que ser trans no es una enfermedad, sino una forma válida de vivir y sentir el cuerpo.
“Muchas familias creen que es una etapa, que es un juego. Nosotros no somos una etapa», dice Cristian, quien además de tener que lidiar con los prejuicios tiene que estar defendiendo su posición en el mundo todos los días por ser diferente.
Aun así, la violencia y la exclusión siguen siendo una dura realidad. Según el informe Con permiso para despreciar de la Corporación Caribe Afirmativo, entre 2020 y 2024, cada dos días fue asesinada una persona LGBTIQ+ y cada 1,8 días alguien fue amenazado por su orientación sexual o identidad de género. Estas cifras reflejan una violencia constante y estructural hacia quienes se atreven a vivir con libertad sus cuerpos y emociones.
“Aunque los marcos normativos de derechos humanos prohíben hablar de sujetos sin derechos, la realidad cotidiana contradice esta aspiración: precariedad, vulnerabilidad y exclusión son experiencias comunes para las personas LGBTIQ+», dice Caribe Afirmativo.
En muchos países, incluido Colombia, las personas trans aún enfrentan barreras, discriminación y trámites injustos para que se reconozca su identidad. Todavía hay leyes y médicos que las obligan a pasar por exámenes o juicios para cambiar su nombre o género. Por eso, los movimientos trans siguen exigiendo que el respeto, la salud y la identidad sean derechos garantizados para todas las personas, sin importar su edad ni su forma de ser.
Katherine, madre de una infancia trans afirma: “La posibilidad de la existencia de una ley integral trans que cobija todas las etapas del ciclo vital me generaría mucha tranquilidad porque me garantizaría que él va a tener acceso a la atención en salud y protección en todas las áreas de su desarrollo”.

La Ley Integral Trans
Frente a estas dificultades nació el Proyecto de Ley Integral de Identidad de Género, impulsado por la plataforma ¡Ley Integral Trans Ya!, integrada por más de 100 organizaciones y redes lideradas por personas trans y sus familias.
Este proyecto busca garantizar el reconocimiento pleno de los derechos de las personas con identidades de género diversas, trans, no binarias e intersex. Su objetivo es eliminar la discriminación, promover políticas públicas inclusivas y asegurar la igualdad, dignidad y autonomía progresiva de todas las personas.
“El principal reto cuando se acompaña una infancia trans es comprender de qué se trata tener una identidad de género no normativa. Podérselo explicar a la familia, al entorno y hacer todas las adaptaciones necesarias para que esta infancia sea feliz», cuenta Katherine.
Por ejemplo, Cristian dice que en el colegio sus compañeros e incluso profesores lo molestaban. Para él, el colegio debería ser un espacio seguro. “El apoyo psicológico está muy en lo básico, uno no puede ir a expresarse con libertad. No dan el apoyo completo para las personas trans”, cuenta Cristian.
Uno de sus avances más importantes en Colombia, es el reconocimiento legal de la identidad de género, permitiendo modificar el nombre y el componente “sexo” en documentos oficiales sin requisitos médicos ni psicológicos. Este punto es especialmente importante para niñas, niños y adolescentes trans, respetando su autonomía y su derecho a decidir quiénes son, su autodeterminación.

La ley también incluye medidas clave en educación y salud. En los colegios, promueve el respeto por los nombres y pronombres identitarios y previene la violencia escolar. En salud, prohíbe las prácticas que intenten “corregir” identidades diversas y garantiza atención médica integral y respetuosa.
El recorrido de la ley
Conversamos con Cam López Duarte, vocere de la Plataforma Ley Integral Trans Ya! quien nos habló acerca del recorrido de la ley en el Congreso. La Ley Integral Trans es el resultado de más de dos décadas de luchas sociales y avances legales. Desde 1998, con las primeras sentencias que reconocen derechos básicos sobre identidad de género o sobre el derecho al nombre, Colombia ha ido construyendo un camino hacia la igualdad.
En 2022, el Decreto 1227 permitió modificar el componente “sexo” en los documentos de identidad, y un año después, la plataforma ¡Ley Integral Trans Ya! realizó consultas, encuentros nacionales y escuelas de vocerías para construir colectivamente el texto final.
El 31 de julio de 2024, el proyecto fue radicado oficialmente en el Congreso, y en junio de 2025, tras tres intentos fallidos, fue aprobado en primer debate bajo el nombre Ley Sara Millerey en memoria de una joven trans asesinada en Antioquia.
Por ahora, la ley todavía espera el segundo debate y Cam no pierde la fe en que puedan pasar los tres debates antes de que se acabe el año legislativo en julio de este año. “En el contexto de elecciones, como movimiento trans, queremos que las personas trans se movilicen masivamente a votar para seguir demostrando que somos una fuerza política”, aseguró. Así que la lucha se mantiene de una manera u otra.
Infancias y adolescencias trans: crecer sin miedo

Uno de los pilares de la ley es su enfoque, que reconoce los retos que enfrentan las personas trans desde la infancia. En el caso de las niñas, niños y adolescentes, la ley busca que puedan expresar su identidad libremente, con acompañamiento familiar, educativo y médico, sin violencia ni discriminación.
Para Cristian los cambios deben partir de lo básico, del respeto y el apoyo: “Que prioricen más el respeto en los colegios, que el acceso a la salud sea real, sin obstáculos. Más apoyo psicológico, también para las familias”.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lo explica así:
“Las infancias y adolescencias trans y no binarias están en proceso de formación, exploración y crecimiento. Ello no impide que sepan quiénes son. Si una infancia o adolescencia expresa su pertenencia a un género distinto al asignado al nacer, lo que espera no es un juicio, sino comprensión, acompañamiento y respeto.”
La Corporación Caribe Afirmativo advierte que negar el reconocimiento de su identidad “no solo afecta la calidad de vida, sino que puede poner en riesgo la salud y la vida misma” al empujar a niños y adolescentes trans a procesos de transición de género inseguros.
A pesar de su importancia, este enfoque ha generado polémica. Algunos sectores opositores aseguran que antes de los 18 años los jóvenes no pueden decidir sobre su identidad y califican la ley como una “imposición ideológica” que atenta contra la patria potestad o la “realidad biológica”.
Para Cam, todo ha sido una constante batalla cuesta arriba, no solo en lo jurídico, la información falsa, entre otras cosas, complica todo “Es un tema que fácilmente puede mover ciertos temores de la población en general y claramente eso tiene también lugar en el Congreso y hay congresistas, digamos, que en este momento están dedicados o dedican parte de sus agendas a buscar prohibir en principio el acompañamiento afirmativo de género para personas trans de infancia y adolescencia”, dice.
Los impactos que podría tener esta ley ya tiene evidencia científica. El acompañamiento positivo y la pedagogía pueden llegar a salvar vidas. La ciencia respalda esta idea: estudios de García (2017) y de la investigadora Kristina Olson muestran que las infancias trans que cuentan con el apoyo de sus familias tienen niveles bajos de depresión y de ansiedad.
La consigna de Cristian es clara y sencilla, porque lo único que está pidiendo es humanidad, que todos veamos en el otro la persona que es y celebremos la diversidad, eso nos hace sociedad: “Que el país reconozca que sí existimos, que nuestra identidad vale, que también tenemos derecho”, exige Cristian.




