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¿Cómo sé si soy adicto al celular?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

Imagina esta escena:

Te despiertas y, todavía con sueño, lo primero que haces es estirar la mano para agarrar el celular. La pantalla se enciende, apagas la alarma y, casi sin pensarlo, empiezas a mirar mensajes, noticias, memes o videos.
¿Te ha pasado?

“Mi mamá es psiquiatra y todo el tiempo me dice que suelte el celular, que soy adicta y que no puedo vivir sin él”, cuenta María Luisa, de 14 años. Ella cree que su mamá exagera un poco, pero también acepta que es importante controlar cuánto tiempo usa el celular.

Tal vez sea buen momento para preguntarte: ¿el celular sigue siendo una herramienta útil o está empezando a convertirse en un problema?

Hablamos con un profesional de la salud mental sobre este tema.

El psicólogo Andrés Flórez explica que es importante diferenciar entre usar mucho el celular y tener una posible adicción. Según él, muchas aplicaciones están diseñadas para darnos recompensas rápidas todo el tiempo. Los “me gusta”, los mensajes y las notificaciones nos hacen sentir bien, y eso hace que queramos seguir mirando la pantalla.

Este “enganche” es más común en adolescentes porque la parte del cerebro que busca emociones y recompensas rápidas se desarrolla antes que la parte que ayuda a controlar los impulsos y pensar en el futuro. Por eso a veces es difícil parar cuando algo nos gusta, como ver videos uno tras otro sin notar cuánto tiempo ha pasado.

El psicólogo Flórez advierte que usar el celular sin límites puede traer problemas: dormir menos, distraerse en clase, sentirse más ansioso o triste y compartir menos tiempo con amigos y familia en la vida real. También dice que es importante tener espacios para hablar, jugar y compartir cara a cara, no solo por redes sociales.

“El control del celular con mi hija me preocupa casi todo el tiempo”, dice Clara Orozco, mamá de María Luisa.

Clara cuenta que cuando su hija era pequeña veía el celular como una herramienta para entretenerla. Pero notó que cuando se lo quitaba, María Luisa se ponía de mal genio, lloraba o hacía pataletas.

Cuando creció y recibió su propio celular, la situación se hizo más fuerte. “Cuando le pedía que me entregara el celular o que dejara de mirarlo, se enojaba mucho”, explica Clara.

María Luisa, por su parte, dice que usa el celular sobre todo para buscar recetas y hacer tareas. También asegura que no pasa tantas horas conectada como otros jóvenes de su edad.

Según la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente, pasar demasiado tiempo frente a las pantallas puede afectar el sueño, el rendimiento escolar y la manera en que niños y jóvenes desarrollan habilidades sociales.

Para saber si estás usando demasiado el celular, puedes hacerte estas preguntas:

  • ¿Es lo último que miras antes de dormir y lo primero que buscas al despertar?
  • ¿Te pones muy nervioso o de mal humor si te quedas sin batería o sin señal?
  • ¿Tus familiares o amigos dicen que no les prestas atención porque estás mirando la pantalla?
  • ¿Entras “solo un momento” y terminas pasando mucho más tiempo sin darte cuenta?
  • ¿Lo usas mientras cruzas la calle o haces algo que puede ser peligroso?

¿Qué puedo hacer si tengo problemas con el celular?

El psicólogo Andrés Flórez dice que el primer paso es reconocer si estamos usando el celular más de lo necesario. Las aplicaciones que muestran el tiempo en pantalla pueden ayudarte a saber cuántas horas lo usas al día.

También propone crear “zonas libres de celular” en casa, como durante las comidas o antes de dormir. Y no solo los niños: los adultos también deberían participar. Así no se siente como un castigo, sino como un acuerdo para todos.

La diferencia entre usar el celular como ayuda o dejar que controle tu día es muy pequeña. Notar señales como el mal genio o pasar mucho tiempo deslizando la pantalla sin parar es el primer paso para recuperar el control.

El objetivo no es dejar la tecnología, sino aprender a usarla de manera consciente, para que sea una ayuda y no quien mande en nuestra vida.

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