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¿Cómo sé si soy adicto al celular?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Alejandro Valencia Carmona

Despiertas y aún con los ojos medio cerrados lo primero que haces es estirar la mano para agarrar el celular. La pantalla se ilumina, apagas la alarma y al segundo, como un reflejo, empiezas a ver el mundo a través de la pantalla: notificaciones, noticias, memes, videos. Sin pedir permiso todo esto entra a tu cerebro. El celular pasó de ser una herramienta a una extensión del cuerpo. 

“Mi mamá es psiquiatra y a toda hora me dice que suelte el celular, que soy adicta y que no puedo vivir sin él”, cuenta María Luisa de 14 años. Sin embargo, María Luisa piensa que su mamá exagera, pero reconoce que es importante controlar el tiempo de uso del celular.

¿Cuándo se nos fue de las manos? ¿Cuándo el celular dejó de ser una herramienta y empezó a ser un problema?

Tal vez fue esa la primera vez que casi te da algo por no sentirlo en el bolsillo. O esa ansiedad cuando la batería baja al 5%.

¿Cuántas horas pasas mirando la pantalla?
¿Tú usas el celular… o el celular te está usando a ti?

Para el educador con maestría en Salud Mental Escolar, Andrés Flórez, es clave diferenciar entre un uso excesivo y una posible adicción. Esa diferencia es importante para prevenir a tiempo y crear planes que ataquen el problema desde la raíz. Según él, las necesidades de los adolescentes “están siendo llenadas por los contenidos y por las interacciones en los celulares”.

“Muchos de los contenidos de los celulares están orientados a causar gratificación a todo el tiempo y recompensas inmediatas”, explica Andrés Flórez. Además cuenta que los likes, los mensajes y notificaciones se vuelven una fuente de placer enorme. 

Esa estimulación constante engancha.

Y afecta más a adolescentes y jóvenes porque el sistema emocional y de recompensa madura antes que el de control y planificación. Por eso es más difícil frenar esas ganas de seguir viendo contenido que da gratificación inmediata.

Flórez explica que un uso no responsable puede llevar a muchos problemas: menor calidad del sueño, falta de concentración, ansiedad, problemas depresivos, baja tolerancia al aburrimiento, pero hay otro que es aislar a las personas en vez de crear conexiones.  

“Hay que ver como sociedad cómo podemos crear unos espacios de vínculo, de comunidad, que vayan más allá de las redes sociales porque lo que sí es real es que los adolescentes necesitan estar con otros y lo están buscando a través de las redes porque no lo están encontrando muchas veces en otros espacios”, explica Flórez. 

“El control del celular con mi hija, yo lo experimento de una manera preocupante la mayor parte del tiempo”, dice Clara Orozco, madre de María Luisa. Clara dice que cuando su hija era bebé, ella veía el celular como herramienta didáctica de entretenimiento pero después vio que su hija reaccionaba mal cuando le quitaba el celular. Se ponía irritable, lloraba y hacía pataletas. 

Luego María Luisa creció y recibió un celular por parte de su familia. Ahí Clara se dio cuenta que la irritabilidad era mayor. “En el momento en el que yo le pedía que me entregara el celular o le decía que parara de mirarlo, ella se tornaba muy irritable, muy molesta”, cuenta Clara.

María Luisa dice que utiliza el celular principalmente para buscar recetas y hacer tareas. Ella cuenta que no usa el celular tantas horas al día como el resto de los adolescentes de su edad. 

Según la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente, pasar demasiado tiempo frente a las pantallas impacta negativamente el descanso, las notas y el desarrollo de habilidades sociales en niños y jóvenes.

Pero esto afecta a personas de todas las edades. Un estudio masivo publicado en JMIR Publications, una editorial académica líder en salud digital, a más de 21,000 adultos, reveló que el 66.7% de las personas muestran un uso compulsivo del celular. 

De ellos el 44% usaba el celular a la hora de conducir y el 43% miraba pantallas justo antes de dormir.

Para ver si estás teniendo un uso problemático del celular mira estas situaciones, así podrás identificar si tu relación con el celular ya pasó la línea de ser un hábito o el uso de una herramienta a una dependencia:

Higiene del sueño: ¿Es lo último que ves antes de cerrar los ojos y lo primero que buscas al despertar, incluso antes de salir de la cama?

Angustia por no poder usarlo: ¿Sientes una irritabilidad real, sudoración o ansiedad física si te quedas sin batería, sin señal o si olvidas el celular en casa?

Phubbing: ¿Has recibido quejas de amigos o familiares porque los ignoras para revisar notificaciones mientras te hablan?

Pérdida de la noción del tiempo: ¿Entras a la pantalla por «solo un segundo» y terminas perdiendo una hora en un scroll infinito sin un objetivo claro?

Uso de riesgo: ¿Lo utilizas mientras conduces, cocinas o cruzas la calle, aun siendo consciente del peligro que corres?

Para desconectarte del celular es clave la honestidad. Según el Andrés Flórez, es vital “ reconocer que está usando el celular más del tiempo indicado». En ese sentido, las aplicaciones de monitoreo son herramientas clave. Estas funcionan como una primera alerta para ese uso problemático.

Pero la solución no es solo personal, sino colectiva también. Flórez propone “crear zonas libres de celular” con las personas con las que se conviva. Así que soltar el celular no es solo una imposición para una persona, sino que todos hacen el esfuerzo.  Es necesario «que en la familia no es que sea del adolescente el que tiene que dejar de ver el celular», sino también los padres.

La frontera entre usar el celular como herramienta o vivir bajo su mando es casi invisible. Al buscar gratificación inmediata, sacrificamos el sueño, la seguridad y el contacto humano real. Reconocer señales como la irritabilidad o el «scroll» infinito es el primer paso para recuperar nuestra autonomía. El desafío no es abandonar la tecnología, sino garantizar que el dispositivo sea siempre un apoyo y no el dueño de nuestra vida.