Selecciona tu nivel de lector

¿Cómo se puede cuidar la vida silvestre?

Ilustración y texto: Isabella Meza Viana

Cada 3 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Vida Silvestre, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para recordarnos que los animales y plantas que viven en libertad no son un paisaje lejano: son parte esencial del equilibrio del planeta.

La fauna y flora silvestre es una riqueza invaluable. Colombia es una auténtica superpotencia en este tema. Somos el segundo país con mayor biodiversidad del mundo, con casi 55.000 especies registradas. 

Sin embargo, no todo es una fiesta. Actualmente, más de 1.200 especies en nuestro país están en peligro, según datos de la WWF en 2022. 

Pero, ¿qué significa realmente “vida silvestre”? ¿Y qué papel pueden tener niños, niñas y adolescentes en su protección?

Camila Martins es directora de experiencias de aprendizaje de la Fundación Zoológico de Barranquilla. Es bióloga, con maestría en Conservación de Fauna y doctorado en Enseñanza de las Ciencias. 

Durante más de 15 años ha trabajado en educación ambiental en distintos contextos, liderando departamentos educativos en zoológicos de Brasil y participando en redes internacionales como la Asociación de Zoológicos y Acuarios de Brasil (AZAB) y la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WAZA).

Hoy, desde Barranquilla, coordina estrategias educativas orientadas a la conservación y al compromiso comunitario.

Para quienes visitan el zoológico y se preguntan cuántos animales viven allí, Camila responde con claridad: “Tenemos cerca de 680 animales de 110 especies diferentes”. Esto incluye especies nativas de Colombia y otras provenientes de distintas regiones del mundo.

Entre los favoritos del público infantil aparecen el león, el chigüiro (capibara) y las serpientes. El león, por su imponencia; el chigüiro, por su popularidad en redes sociales; y las serpientes, por la curiosidad que despiertan.

Pero detrás del asombro hay una conversación más profunda.

Uno de los puntos más sensibles cuando se habla de vida silvestre es el tráfico ilegal y el mascotismo. Según Martins, de los 680 animales que actualmente viven en el zoológico, aproximadamente 450 llegaron allí como consecuencia del tráfico de fauna.

“Un tití, por ejemplo, vive en grupos familiares. Necesita interactuar con otros de su especie. Nunca podríamos ofrecerle en una casa todas las condiciones que requiere”, explica Camila.

El tití cabeciblanco, una especie 100 % colombiana y característica de la región Caribe, está amenazada en parte porque muchas personas intentan tenerlo como mascota. Lo mismo ocurre con guacamayas y otras aves exóticas, que en la naturaleza forman parejas de por vida y dependen de ecosistemas específicos para sobrevivir.

Aquí es donde aparece una distinción clave: los animales domésticos han pasado por miles de años de procesos de domesticación. Los silvestres no. 

María José Meza Viana que tiene 16 años es estudiante de undécimo grado en Barranquilla, interesada en la veterinaria y la zoología.

“La gran diferencia es la dependencia y el entorno natural en que conviven”, explica. “Los animales domésticos dependen del ser humano para alimentarse y reproducirse; los silvestres sobreviven por sí mismos en su hábitat natural”.

Desde el zoológico, Camila explica que estos espacios han evolucionado profundamente desde su origen en 1750. Hoy, afirma, son aliados estratégicos en procesos de conservación, investigación y educación.

En el caso del Zoológico de Barranquilla, existen programas como “DescubriZoo”, actividades de fines de semana, talleres artísticos, desafíos pedagógicos y programas vacacionales donde los niños pueden convertirse por un día en cuidadores, veterinarios o “guardianes de la vida silvestre”.

El objetivo no es solo observar animales, sino comprender su papel en los ecosistemas y reflexionar sobre nuestras propias acciones.

Además, el zoológico participa en programas concretos de conservación. Uno de ellos es el monitoreo del tití gris, especie endémica de Colombia. También trabajan con el paujil de pico azul (un ave única del país) y con la marimonda negra, en procesos que incluyen monitoreo comunitario en zonas rurales.

Esto implica alianzas con universidades, financiación de expediciones y trabajo conjunto con comunidades que viven cerca de los bosques. La conservación, insisten, no puede hacerse en solitario.

El debate sobre la existencia de zoológicos sigue abierto. María José lo reconoce: “Sí pueden ser positivos si cumplen una función de garantizar el bienestar de los animales. Sin embargo, no podemos negar que no están en su hábitat natural”.

Para ella, el reto está en reevaluar estos espacios para que prioricen la conservación y el respeto por encima del entretenimiento. “Que no lleguen los animales a nosotros, sino que nosotros lleguemos a ellos”, dice, mencionando ejemplos como los safaris controlados donde se minimiza la intervención humana.

Desde el zoológico, la postura es clara: actualmente estas instituciones son aliadas estratégicas en procesos de conservación, especialmente cuando se trata de especies en peligro de extinción. 

En algunos casos, los zoológicos mantienen poblaciones bajo cuidado humano que podrían ser claves para futuros programas de reintroducción en la naturaleza.

La discusión, más que blanco o negro, parece centrarse en cómo deben funcionar estos espacios y bajo qué principios éticos.

Tanto Camila como María José coinciden en algo: la protección de la vida silvestre no depende solo de gobiernos o científicos.

“Los niños pueden influenciar decisiones en sus familias”, afirma Camila. Algo tan simple como negarse a tener un animal silvestre como mascota puede marcar la diferencia. También asistir al zoológico apoya de manera directa a los animales que tienen en conservación.

María José propone tres acciones concretas:

  1. No comprar ni tener fauna silvestre como mascota y denunciar casos de tráfico.
  2. Cuidar el medio ambiente: no arrojar basura, reciclar, ahorrar agua y evitar contaminar ríos y bosques.
  3. Informarse y educar a otros, compartiendo información confiable en redes sociales.

“Estas pequeñas acciones desde temprana edad pueden generar grandes cambios a largo plazo”, afirma.

En un mundo donde la biodiversidad enfrenta amenazas como la deforestación, la crisis climática y el comercio ilegal de especies, la vida silvestre no es un tema lejano.

Está en los bosques que rodean las ciudades, en los manglares, en los ríos y hasta en las ardillas que cruzan los parques.

El Día Mundial de la Vida Silvestre no es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio de que compartimos el planeta con millones de seres vivos.

Y tú, ¿Cómo podrías cuidar la vida silvestre? Te leemos en los comentarios de nuestras redes sociales