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¿Cuál es el poder del cine comunitario?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Jeiner Fuentes

“Estos ejercicios, más que solo contar historias, se convierten automáticamente en la memoria del territorio, en la memoria audiovisual del territorio”. En barrios, corregimientos y veredas donde muchas veces otros han contado la historia desde afuera, hoy son los jóvenes quienes toman la cámara para contar sus propias historias. Hoy conversamos con Iván Fernando Vega, joven realizador audiovisual

Iván es el director del Festival de Cine del Bajo Cauca, por el cual ha recibido reconocimientos municipales en Caucasia. Además, dos producciones audiovisuales en las que ha participado han sido seleccionadas oficialmente en festivales de España e Italia. 

En Granada, España, el reconocimiento fue para el cortometraje “Volver”, la historia de un paramilitar desmovilizado en Tierralta, Córdoba. En Italia, este año, él y su grupo de trabajo son semifinalistas en el Grifo Festival con el cortometraje “Hilo al cielo”.

Iván dice que el cine comunitario es una herramienta para narrar el territorio desde las experiencias propias y la memoria. Es una forma de creación audiovisual en la que las comunidades participan directamente en contar sus historias. No se trata solo de filmar, sino de decidir qué contar, cómo contarlo y por qué hacerlo. 

Muchas veces nace en barrios, veredas o territorios donde las historias han sido contadas por otros —medios, investigadores o instituciones— y donde el cine se convierte en una forma de reconocer la identidad, preservar la memoria y fortalecer el sentido de comunidad.

Más que una producción profesional, el cine comunitario es un proceso colectivo, donde jóvenes, líderes comunitarios o habitantes del territorio usan la cámara como una herramienta para expresarse, reflexionar sobre su realidad y compartirla con otros.

Iván es comunicador social y realizador audiovisual. Su historia inicia en los pasillos de la Universidad de Antioquia alrededor del 2012.  En medio de materias de cine, televisión, fotografía y periodismo, descubrió que esas herramientas no solo servían para producir contenidos, sino para incidir. Se dio cuenta que podía hacer cambios desde el arte.

“Encontré en esas formas del arte la posibilidad de aportar a las comunidades a las que me debo, especialmente al Bajo Cauca”, recuerda.

No fue una decisión inmediata. Fue más bien una convicción que fue tomando forma con el tiempo. Mientras aprendía técnicas, también entendía el poder de la imagen para contar realidades que muchas veces eran dejadas de lado.

Así nacieron en él esas ganas de contar historias. Pero más que la intención de narrar por narrar, lo que se fue consolidando fue una conexión profunda con el trabajo comunitario. Contar el territorio no como observador distante, sino como alguien que hace parte de él y que asume la responsabilidad de registrar sus memorias.

“Cada trabajo es como una investigación, es como una nueva forma de entender, de entrar en en el detalle de nuestra cultura, de nuestras formas de ver el mundo”, cuenta Iván.

El Bajo Cauca es conocido, sobre todo, por la violencia que lo ha atravesado durante años. Su ubicación estratégica lo convirtió en un territorio disputado por grupos armados. Muchos de ellos están ligados al narcotráfico y a la minería ilegal. Esto ha marcado la imagen de la región en el país, más por el conflicto que por su cultura o su riqueza natural.

Frente a esa historia contada desde la violencia, el cine comunitario se ha convertido en una forma de mostrar otra cara del territorio. Para Iván, el cine es una herramienta, en la que muchas personas han visto cómo es realmente vivir en estos territorios. “Yo creo que hoy pueden muchas personas tener una idea diferente de lo que es el Bajo Cauca gracias al cine, al festival que organizamos acá, a las historias que hemos contado y que la gente las ha podido ver”, cuenta.

Esa convicción se materializó en el Festival de Cine del Bajo Cauca, que este año llega a su edición número 12. Para él, más que un evento, es una plataforma de resistencia.

“Es una pantalla habilitada para que el cine colombiano llegue a una región donde normalmente no llega. Si no fuera por el festival, ese cine y sus creadores no establecerían este diálogo con la comunidad”, explica. El objetivo es claro: incentivar la creación local y reflexionar sobre las problemáticas que atañen al territorio.

Cada producción que se hace en las comunidades es, para Iván y para los jóvenes que se suman al proceso, una investigación profunda; se sumergen en la cultura, en las formas de ver el mundo, en los conflictos y también en las esperanzas.

Así, jóvenes de colegios y colectivos, de la ruralidad y también adultos aficionados a las artes y al cine, se suman cada año a convocatorias y concursos del festival para incentivar la creación de cine regional para que cuenten su territorio y lo visibilicen de otra manera.

Hacer cine desde los territorios no es una tarea fácil

En el Bajo Cauca no existen grandes universidades que formen en cine, televisión o fotografía. No hay estudios equipados. No abundan los recursos. Conseguir equipos es complejo y, en muchas ocasiones, el respaldo institucional es limitado. 

Pero donde hay tantas limitantes, la respuesta es la creatividad y el trabajo en equipo. Así, alguien le enseña a alguien y este le enseña a otro y así todos van aprendiendo a partir de los conocimientos del grupo.

Pero más allá de lo técnico, lo importante es contar. “Buscamos que más personas se enamoren de las cámaras, de los sonidos, y que con lo que tengan a la mano, un celular o cualquier cámara. se atrevan a contar su perspectiva”, afirma Iván. Este proceso ha sumado a colectivos, estudiantes y campesinos de la ruralidad, permitiendo que el territorio se visibilice de una manera distinta a la de los grandes medios de comunicación.

Iván recuerda con cariño un trabajo en el que visibilizan a una comunidad indígena que estaba en el limbo porque ni el municipio de El Bagre ni Nechí resolvían sus necesidades porque no se sabía a cuál pertenecía. Pero a través de un documental y exposiciones fotográficas, el municipio al que pertenece la comunidad empezó a llevar su oferta institucional y acompañar a la comunidad, según cuenta Iván.

Además, varios jóvenes se han formado para hacer cine, ese es otro impulso para Iván que poco a poco, con historias, preguntas y cine sigue impactando su territorio. Para él, el cine incide tiene incidencia social y «transforma en la forma en que nos entendemos y en que entendemos nuestras realidades”.