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El carnaval de Barranquilla: ¿Cómo los jóvenes mantienen la tradición Guacherna?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por María Paula Suárez N

Barranquilla está lista para el Carnaval y una de sus celebraciones más queridas vuelve a llenar las calles de música, faroles y tambores: la Guacherna. 

Este desfile nocturno, que reúne comparsas, danzas tradicionales y familias enteras, es una de las tradiciones más vivas del Caribe colombiano, que se festejará hoy, 6 de febrero de 2026.

Aunque nació hace décadas como una fiesta popular de barrio, hoy la Guacherna también es un espacio donde muchos jóvenes participan como bailarines, músicos, organizadores y portadores de tradición. 

Este año, la fiesta cuenta con 20 mil bailarines, 35 artistas invitados y una robusta logística de seguridad, iluminación y transmisión. La temática es Río de Voces y Faroles, un homenaje a los bailes cantados del Caribe colombiano.

En materia de seguridad, las autoridades anunciaron un operativo especial con cerca de 1.100 uniformados de la Policía Metropolitana y el apoyo de 300 integrantes del Ejército Nacional, quienes estarán distribuidos a lo largo del recorrido y en sectores aledaños.

En colegios, grupos culturales y casas de cultura, nuevas generaciones ensayan durante semanas para mantener vivos los ritmos, los pasos y los símbolos del Carnaval.

Es el caso de la comparsa Fantasía Son de Mar, que desde hace 30 años está presente en la Guacherna y en el Carnaval.

“El papel que tiene la juventud en esta fiesta tradicional es único porque son los encargados de mantener viva la tradición y de no dejarse permear por la moda y la música universal, y mantener la esencia de la fiesta desde lo más puro posible”, dice Héctor Jaramillo Cortés, director artístico de la comparsa y de la Escuela de Arte Marleny.

Los jóvenes que participan de la comparsa se han preparado durante 9 meses para este gran evento, reuniéndose cada sábado para diseñar la escenografía, la música, los pasos y hasta el vestuario. Toda una obra de arte hecha desde cero.

“Me encanta la comparsa porque me puedo expresar a través de la danza y ayudar a muchas personas a que participen de una fiesta increíble y sean vistos y aplaudidos. Siento que la sociedad necesita hoy trabajar en equipo, trabajar con metas en común, trabajar en cosas diferentes que te mantengan activo y te hagan sentir vivo”, comenta Jaramillo.

Y agrega: “Realmente el impacto más positivo que puede tener la fiesta es la masificación de artistas en el exterior, porque el escenario es la calle, por donde vamos bailando”.

El director de esta comparsa cree que para esta ocasión habrá unas 400 comparsas, compuestas mínimo por 25 parejas de bailarines, lo que hace que la fiesta sea literalmente “un mar de personas bailando”.

Carlos Hernández tiene una comparsa de marimondas hace 17 años. Aunque no es su trabajo de tiempo completo, para él es muy importante participar de manera activa en el carnaval, no solo como un espectador.

Lo que hoy es ‘Marimondéate’ empezó como un grupo de 20 amigos en la universidad, que quería convertirse en un grupo folclórico de las comparsas, cuando rondaban los 18 años de edad. Luego de varias gestiones consiguieron un cupo, y desde entonces, año tras año, hacen su presentación.

En su caso, su comparsa se está preparando desde octubre del año pasado. Y su modelo de negocio hace que las persona con más medios económicos puedan subsidiar que niños y jóvenes que no los tienen puedan diseñar su marimonda y participar en el desfile.

“La marimonda es uno de los personajes más coloridos del carnaval. También tiene sus orígenes entre los años 40 y 50 y nace en los barrios populares de Barranquilla. Era un personaje burlesco de la sociedad humilde hacia la élite. Su careta tiene una nariz muy larga y unas orejas grandes, como un elefante, y a través de su picardía y movimientos, da risa y contagia de alegría”, explica Hernández.

“El carnaval es casi todo lo que significa para mí ser barranquillero. Es una manifestación de toda nuestra herencia cultural. Barranquilla no fue simplemente una ciudad que se fundó. Aquí muchos inmigrantes aportaron su granito de arena, como la cultura africana, representada con los ritmos de  tambores; la cultura indígena, representada con el baile de la cumbia; la cultura alemana, representada con el  personaje de La Gigantona, que se ve en Frankfurt (Alemania), también parte de la cultura China, en fin”, agrega Hernández.

Además, recalca que “es una fiesta donde se olvidan por completo los estratos sociales, si sabes o no bailar, o si vienes o no de afuera, todos están en la sintonía del disfrute y el compartir”.

Para muchos jóvenes, participar no es solo bailar. Es aprender de sus abuelos, conocer la historia de su comunidad y sentirse parte de algo más grande.

“Para mí estas tradiciones significan identidad cultural, más que todo el orgullo de ser de Barranquilla, y a través del baile expresar esto, la historia de nosotros, las raíces y la energía de nuestra gente. El compromiso de la juventud con la guacherna y los carnavales es mantener vivas las tradiciones,  hay que cuidarlas y transmitirlas a las nuevas generaciones y demostrar que el carnaval no es solamente una fiesta, sino cultura y amor por lo nuestro y nuestras raíces”, comenta Sharit Martínez, quien tiene 22 años y se ha preparado para la guacherna con la comparsa Son de Mar.

La comparsa del Grupo Folclórico La Misma Vaina, está compuesta por casi 120 personas, entre bailarines y músicos, en su mayoría jóvenes. Ya se han presentado en 26 carnavales y han ganado 24 congos de oro. Su preparación comienza todos los años, a mitad de año.

 “El impacto de los  jóvenes principalmente es salvaguardar las tradiciones, que como cultura tenemos, también para que otras culturas se enamoren y puedan venir a conocernos.Además, esto también se convierte en una fuente de ingresos para nosotros, para todos los que conformamos la región de Caribe”, indica Dina Luz Santodomingo, quien tiene 26 años y esta es la primera vez que participa en una cumbiamba y en un evento de gran magnitud como estos.

De esta agrupación también hace parte Henry Ramírez Peralta, quien es de Neiva, Huila, pero vive hace 8 años en Barranquilla, donde sus ritmos lo atraparon. 

“Este es un espacio para despejarse del estrés diario, y también para no perder el folclor. Hay muchos jóvenes que si no los vinculamos a alguna actividad hacen otras cosas que son malas que pueden ocasionar que lleguen a la cárcel o pierdan sus vidas, entonces vincular a jóvenes es fundamental para que el progreso sea más efectivo y no pierdan esta vocación”, indica Ramírez.

El Carnaval de Barranquilla, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, sigue transformándose con cada generación. Los jóvenes aportan nuevas ideas, coreografías y formas de organizarse, sin perder el respeto por las tradiciones que hacen única esta fiesta.

En la Guacherna, la tradición no se queda en el pasado: camina con cada farol encendido y con cada joven que decide bailar para que la historia continúe.