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El carnaval de Barranquilla: ¿Cómo los jóvenes mantienen viva la tradición de la Guacherna?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

En Barranquilla, cada año se celebra el Carnaval, uno de los eventos culturales más importantes y esperados de la ciudad. Son varios días de fiesta que tienen uno de sus momentos más especiales con la Guacherna, un desfile nocturno en el que las calles se llenan de música, faroles, disfraces y tambores.

La Guacherna reúne comparsas, danzas tradicionales y familias enteras. Es una de las tradiciones más importantes del Caribe colombiano y, aunque nació hace muchos años, hoy también es un espacio donde los jóvenes participan como bailarines, músicos, diseñadores de vestuario y organizadores.

Este año la celebración cuenta con cerca de 20 mil bailarines, 35 artistas invitados y una organización amplia en seguridad, iluminación y transmisión. La temática es Río de Voces y Faroles, un homenaje a los bailes cantados del Caribe colombiano y a las tradiciones que han pasado de generación en generación.

En colegios, grupos culturales y casas de cultura, nuevas generaciones ensayan durante semanas  para conservar los ritmos, los pasos y los símbolos del Carnaval.

Es el caso de la comparsa Fantasía Son de Mar, que desde hace 30 años participa en la Guacherna y en el Carnaval.

“El papel que tiene la juventud en esta fiesta es clave porque son quienes mantienen viva la tradición y cuidan su esencia, sin dejar que se pierda entre modas o tendencias”, explica Héctor Jaramillo Cortés, director artístico de la comparsa y de la Escuela de Arte Marleny.

Los jóvenes del grupo se prepararon durante nueve meses: se reúnen cada sábado para crear la escenografía, la música, los pasos y el vestuario. Todo se construye en equipo, desde cero.

“Me encanta la comparsa porque puedo expresarme a través de la danza y ayudar a que más personas participen en una fiesta increíble. La sociedad necesita trabajar en equipo, con metas comunes y actividades que nos mantengan activos”, comenta Jaramillo.

Carlos Hernández lidera una comparsa de marimondas desde hace 17 años. Aunque no es su trabajo principal, considera muy importante participar activamente en el Carnaval.

Su grupo, ‘Marimondéate’, comenzó como una iniciativa de unos 20 amigos en la universidad que querían formar parte de las comparsas. Con el tiempo lograron un cupo y desde entonces desfilan cada año.

Para esta edición se preparan desde octubre. Además, crearon una forma de apoyo para que personas con más recursos ayuden a que niños y jóvenes que no pueden pagar su traje también participen.

“La marimonda es uno de los personajes más coloridos del Carnaval. Nació entre los años 40 y 50 en barrios populares de Barranquilla y representaba una crítica social. Su máscara tiene una nariz larga y orejas grandes, y sus movimientos transmiten alegría”, explica Hernández.

También resalta el valor cultural de la fiesta: “El Carnaval refleja la mezcla de culturas que han construido la ciudad: africana, indígena, europea y de otras comunidades”.

Y añade que es un espacio donde se reducen las diferencias sociales: “No importa de dónde vienes o si sabes bailar, todos están conectados por el disfrute y el compartir”.

Para muchos jóvenes, el Carnaval no es solo danza o música. Es aprender de sus abuelos, conocer la historia de su comunidad y sentirse parte de algo más grande.

El Carnaval de Barranquilla, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, continúa transformándose con cada generación. Los jóvenes aportan nuevas ideas, coreografías y formas de organización, sin perder el respeto por las tradiciones.

En la Guacherna, la tradición no se queda en el pasado: avanza con cada farol encendido y con cada joven que decide bailar para que la historia continúe.