
Por María Paula Suárez N y Alejandro Valencia.
El fútbol no es solo un juego: es identidad, emoción y una pasión que se hereda y se vive con el corazón. Los colores de un equipo pueden unir a miles, pero también poner a prueba hasta dónde somos capaces de llegar por amor a una camiseta.
La fiesta del fútbol inicia en Colombia este 2026 con la final de la Superliga Betplay, que se disputará el 15 de enero entre el Junior de Barranquilla y el Independiente Santa Fe, siendo el primer gran duelo del fútbol colombiano del año.
Se trata de un partido que está atravesado por una historia de rivalidad, ya que desde 1948, ‘cardenales’ y ‘tiburones’ han protagonizado auténticos duelos que han marcado a sus hinchas, que data desde cuando ambos disputaron el primer título de la era profesional en Colombia, que finalmente quedó en manos del Santa Fe.
Aunque el fútbol se vive con una pasión que se defiende, preocupa la situación de violencia que se suele desencadenar después de partidos importantes entre hinchas y barras de los equipos.
El año pasado, la final de la Superliga se jugó entre Bucaramanga y Atlético Nacional, en la capital santandereana. Al finalizar el partido, hubo enfrentamientos entre hinchas con objetos corto punzantes y pistolas.
Aunque en esta oportunidad no hubo un parte oficial de las autoridades, en redes sociales y medios de comunicación si se dieron a conocer videos de las riñas, incluído el de la periodista Diana Saray Giraldo, quien fue testigo de un enfrentamiento entre barras que se atacaban a puñaladas en medio de charcos de sangre, en compañía de su esposo, hijos y sobrinos pequeños, lo cual le causó mucho temor.
Otro ejemplo reciente es lo sucedido en la final de la Copa Colombia, en diciembre de 2025, que se disputó entre Independiente Medellín y Atlético Nacional, en la que 59 personas resultaron heridas y hubo severos disturbios.
Para esta final, la Policía Nacional y la Alcaldía Distrital de Barranquilla anunciaron un operativo amplio y coordinado, pensado no solo para garantizar la seguridad dentro y fuera del estadio, sino también para seguir promoviendo la convivencia entre los hinchas.
El plan incluye la presencia de 1.300 policías, distribuidos estratégicamente en Barranquilla y su área metropolitana, con el apoyo del helicóptero Halcón.

¿Cómo contribuyen los jóvenes a la fiesta del fútbol en paz?
Esteban tiene 14 años y es hincha del Junior de Barranquilla. Aunque vive en Bogotá ama a este equipo por herencia de su padre, que si es natal de esta ciudad.
“Los deportes son hechos para que uno sea feliz, y no para hacer daño. Está bien preocuparse por el equipo pero no al punto de pegarle a nadie”, dice Esteban.
“Yo creo que eso pasa por ignorancia, la gente confunde divertirse con agresividad”, afirma el joven.
Entre tanto, dice que el fútbol en su vida le trae mucha alegría. Admira el ‘juego bonito’ y el ejemplo de disciplina que implica un deporte como el fútbol.
Además, el fútbol también se ha convertido en una manera de hacer amigos y fortalecer su nivel de argumentación. “Como los equipos son tan internacionales y diversos, uno puede hablar de los jugadores y opinar”, agrega Esteban.
“Del Junior me gusta que nunca se rinde, aunque vaya perdiendo un partido, lo puede remontar y jamás se da por vencido”, dice el jóven, quien recuerda hacerle barra a este equipo desde pequeño, asistiendo por primera vez a un partido presencial a sus 7 años.
“Del estadio me emocionan mucho los cantos, el ambiente y ver en vivo a los jugadores.
Espero ganar, porque el Santa Fe a pesar de que fue campeón no me parece que sea un equipo tan duro, y con los refuerzos que han llegado me parece que tenemos un buen equipo para competir”.
Su marcador para la final es de 3-0 contra a favor, por supuesto, de Junior de Barranquilla.
Personas, antes que hinchas
Salim Fajid Aguirre tiene 18 años, y su pasión por el Junior en realidad es reciente. Fue futbolista profesional y hoy es estudiante de derecho. Hace tres años tuvo la oportunidad de ser parte del equipo en las inferiores, y quedó cautivado por el compañerismo y la unidad. Jugó en la categoría Sub 20, y luego perteneció a la profesional con el Barranquilla Fútbol Club.
Cuenta que el tema de la violencia entre los hinchas es una preocupación que desde el club intentan manejar. “Estas situaciones son vergonzosas y no son compartidas por ningún jugador profesional”, afirma.
“Creo que esto ocurre porque hay personas que se toman las cosas muy personales. (…) El fútbol es como la vida, de altos y bajos, y en algún momento el equipo puede estar mal, puede estar bien, puede estar mejor o salir campeón. Hay que saber manejar las emociones”, dice Salim.
Para este joven, el Junior es un equipo resiliente, lleno de empatía y humildad como valores a destacar. “Hay jugadores como Teófilo Gutiérrez y Carlos Bacca que tú los ves, y la humildad que tienen ellos, después de haber ganado tanto y de tener tanto dinero, no es normal, y eso los hace grandes personas. Y en el Junior siempre nos decían; primero deben ser personas y luego futbolistas”, cuenta Aguirre.
Su marcador para el final de la superliga es 2-1 a favor de Junior.

El desahogo es en la cancha, no al final del partido
Juan David Santos tiene 21 años, es estudiante de Comunicación Social e hincha del Independiente Santa Fe. Su amor por el equipo nació al verlos jugar en vivo en el estadio contra La Equidad, por invitación de unos amigos. Ahí, el gol de tiro libre que marcó Omar Pérez lo enamoró.
Luego, la emoción de ver al equipo coronarse campeón contra el Deportivo Pasto, en la final del Torneo Apertura 2012, después de 37 años de no ganar, terminó de forjar su lazo con el equipo.
“Creo que a nadie le gusta que su clásico rival le gane un partido a tu equipo, pero yo mido esos actos desahogándome en la cancha gritando, alentando más, cantando más, siempre pensando que estoy en un evento deportivo y que nada de eso tiene que trascender a la violencia física o verbal”, explica Juan David.
“Yo siento que la violencia entre hinchas surge de ver al rival como un enemigo y no como un adversario, hablando deportivamente. Esto viene de una tradición suramericana de lugares donde el fútbol ha sido una potencia como Argentina, Uruguay y Brasil y se traslada a un país que ha intentado salir de la violencia, como Colombia. Siento que de ahí viene el problema entre hinchadas, sumando al consumo de drogas y alcohol que hacen que el hincha se vea sumergido en la violencia”.
Para él, Santa Fe es un equipo que ha trascendido más allá de lo futbolístico que le ha forjado una manera particular de entender la vida.
“Siento que la única manera de retribuir tanto cariño que Santa Fe me ha dado a partir de sus partidos y logros es ser hincha de este hermoso club hasta el último día de mi vida, sin buscar nada a cambio, un amor desinteresado”, afirma con vehemencia Juan David.
“Para que en Colombia haya un fútbol en paz siento que debe haber menos represión policial, menos policía y humo (gases lacrimógenos) y que haya más mediadores, más trabajo social con las comunidades donde nacen las hinchadas y las barras.
Su marcador es 3-1 coronando a Santa Fe como ganador de la Superliga.
En un mundo donde la rivalidad a veces cruza la línea, surge una pregunta clave: ¿es posible defender a tu equipo sin perder el respeto? Hablar de fútbol en paz es recordar que la verdadera victoria no está en la violencia, sino en celebrar la pasión sin dañar al otro.
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