
Muchas veces se piensa que los videojuegos aíslan o son un mal hábito. Pero nuevos estudios y experiencias de jóvenes demuestran que también pueden ser una herramienta para manejar emociones, especialmente en momentos de estrés escolar o ansiedad.
Para muchos adolescentes, jugar es un espacio personal donde pueden desconectarse de los problemas diarios, compartir con amigos y relajarse después de un día pesado.
“Jugar me ayuda a quitarme el estrés y hablar con mis amigos”, cuenta Angelo, un joven que disfruta los videojuegos en su tiempo libre.
Los estudios respaldan los beneficios
El Informe Global Power of Play 2025, realizado con más de 24.000 personas en 21 países, señala que los videojuegos pueden ayudar a bajar el estrés, aumentar la creatividad y mejorar la capacidad de adaptarse a los retos.
Según el informe, el 66 % juega por diversión, el 58 % para liberar estrés y el 46 % para mantener la mente activa.
La psicóloga Laura Martínez explica también que jugar también ayuda a aprender a manejar emociones: intentar varias veces, perder y volver a empezar fortalece la resiliencia, es decir, la capacidad de no rendirse.
Además, los videojuegos pueden fortalecer las relaciones sociales y desarrollar habilidades útiles. Por eso hoy se usan también en educación, salud y entrenamiento profesional.
Un ejemplo es el uso de videojuegos como Minecraft en clases. Gabriela, estudiante universitaria, cuenta que en el colegio aprendió química haciendo experimentos dentro del juego, sin riesgos reales, lo que hizo el aprendizaje más divertido y claro.

¿Qué pasa en el mundo?
En todo el planeta, más de la mitad de las personas que juegan lo hacen desde el celular. Casi la mitad de la población mundial juega videojuegos.
En Colombia, según el DANE, en 2024 más del 60 % de la población jugó videojuegos.
La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que, en días de colegio, los niños jueguen menos de una hora al día, y máximo dos horas en días libres.
Los riesgos que existen
Aunque los videojuegos tienen beneficios, usarlos sin control puede traer problemas. Pasar muchas horas jugando puede causar sedentarismo, problemas de sueño, ansiedad o aislamiento social.
En internet también existen riesgos como el ciberacoso, estafas y contenido violento. Por eso es importante jugar con límites y acompañamiento.
La psicóloga Laura Martínez recuerda que el videojuego no es un enemigo, sino un pasatiempo. Las señales de alerta aparecen cuando hay irritabilidad al dejar de jugar, abandono del autocuidado o aislamiento.
Al final, como dicen Angelo y Gabriela, los videojuegos no son buenos ni malos por sí solos: todo depende del equilibrio. Jugar puede ser parte de la vida diaria, siempre que no reemplace los deberes, el descanso y las relaciones fuera de la pantalla.

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