
Por Alejandro Valencia Carmona
Juan David Amaya es un joven de 19 años que ha aprendido que en este país, proteger el agua, los bosques y el territorio no es solo una elección de vida, es un desafío constante lleno de paciencia y valentía.
Colombia, por tercer año consecutivo, es el país más letal para los defensores ambientales, sociales y de derechos humanos. El pasado 12 de enero Juan David recibió una amenaza cerca de su casa. Pero él sigue con la convicción intacta de hacer cambios. “La transformación del futuro requiere la acción en el presente”, dice Juan David.
El comienzo de una lucha orgánica
Todo empezó de la forma más orgánica posible. Durante el encierro del COVID-19, en la vereda Palmeras, en San Carlos de Guaroa (Meta), Juan David no se quedó viendo la vida pasar a través de una pantalla. Con tan solo 13 años, decidió que era momento de reconectar con la tierra.
“En medio de la pandemia, me llamó la atención empezar una huerta para trabajar por una soberanía alimentaria; que desde la casa pudiéramos alimentarnos y ver crecer nuestra comida”, cuenta Juan David.
Lo que inició como un proyecto familiar con su mamá y sus abuelas cultivando tomates y pepinos, terminó convirtiéndose en un parche comunitario. En poco tiempo, ya eran 50 familias transformando su forma de vivir a través de la colectividad. Pero Juan David no se detuvo ahí. Él vio que el problema era más grande: el cambio climático estaba golpeando su puerta y la de miles de jóvenes que no tenían ni voz ni voto en las decisiones importantes.

Así nació Life of Pachamama, una organización que cofundó junto a Gabriela Hernández para trabajar justicia climática, democracia ambiental y el financiamiento.
Por esta iniciativa fueron incluidos en la lista «30 Under 30» Latinoamérica para 2025 de Forbes, una revista reconocida en el mundo de las finanzas y la economía. La lista reconoció a jóvenes por su talento, liderazgo e innovación.
Las barreras
Ser joven y activista en Colombia es como correr una maratón con pesas en los tobillos. Juan David identifica barreras que van mucho más allá de la falta de presupuesto. La primera es el adultocentrismo: esa idea de que si tienes 18 años, «no sabes de qué estás hablando».
“La primera barrera es la estigmatización por ser un niño o adolescente que decide hablar sobre un problema global. Luego está el lenguaje; acceder a la información es un reto cuando vienes de una zona rural, porque la manera en la que se transmite no permite que la entendamos fácilmente”, explica Juan David
A esto se suma una realidad económica brutal: menos del 1% de los fondos globales destinados al clima llegan directamente a grupos juveniles. Básicamente, se les pide a los jóvenes que salven el futuro, pero se les cierran las puertas del presente, según el joven.
Defender la vida: Un acto de valentía extrema
Si miramos el mapa de 2026, Colombia sigue enfrentando retos gigantes. El Estado lucha por recuperar el control de áreas invadidas por la minería ilegal y la deforestación, mientras los expertos advierten que la protección de los humedales es una carrera contra el tiempo. En medio de este caos, los líderes sociales como Juan David son los más vulnerables.
Por tercer año consecutivo, Colombia ha sido catalogada como el país más letal para los defensores ambientales. Juan David lo sabía y la amenaza ya entró a su vida. El pasado 12 de enero, un hombre en una motocicleta lo amenazó cerca de su casa
“Sabemos los riesgos, pero es, primero, un acto de humanidad y, segundo, de solidaridad por nuestra casa común. Conocemos el peligro, decidimos con valentía, cariño y amor seguir haciéndolo porque esto trasciende lo individual”, dice Juan David.

A pesar de las amenazas ante la Fiscalía y el miedo que naturalmente surge al caminar por la calle, Juan David no piensa dar un paso atrás. Su motor es la convicción de que la transformación colectiva es más fuerte que el miedo individual. “Esta lucha nos permite mover sensaciones, emociones y esperanza; y eso es algo que nada en este planeta puede cambiar”, cuenta.
Para Juan David, la empatía y el amor por la naturaleza son las herramientas de resistencia de una generación que se niega a heredar un planeta destruido.
Para Juan David, la empatía y el amor por la naturaleza son las herramientas de resistencia de una generación que se niega a heredar un planeta destruido. Su camino es un recordatorio de que el cambio empieza por la voluntad y se construye a través de los vínculos con los demás.
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