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Vapeador y verse cool, ¿por qué los jóvenes lo usan?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Redacción Radio Trompo

“La primera vez que probé un vapeador fue en un festival de música donde estaba trabajando como logística, sobró una caja de vapeadores y me la regalaron”, cuenta Ana Sofía, una joven de 25 años en Medellín. 

Ya han pasado 3 años desde que empezó a vapear. Y algunos de sus amigos y familiares pequeños también lo hacen. 

Dice que para los adolescentes en su familia, el uso de vapeadores no empezó por una adicción a la nicotina, “sino más por un estatus social o por verse un poco más mayores o experimentados”.

Para muchos, el vapeador se volvió un símbolo de status, de estilo. Según la psicóloga Juana Villar, el hecho de sentirse «cool» al vapear tiene mucho que ver con el momento que viven los jóvenes.

«En la adolescencia es muy importante encontrar el sentido de pertenencia«, explica Juana. Para ella, los vapeadores tienen ese toque de «rebeldía» o de «salir de la norma» que históricamente tuvo el cigarrillo.

Además, el cine y las redes sociales han creado una idea sobre vapear. Juana señala que hay publicidades que asocian el vapeo con una imagen atractiva o moderna, lo que hace que muchos se sumen solo por no quedarse fuera del grupo.

Pero Ana Sofía, también lo ve desde otro ángulo, pero que también le apunta a la aceptación. 

«El vaporizador llegó como una opción más amigable en cuanto al olor», cuenta Ana Sofía. A diferencia del cigarrillo tradicional, el vapeador no deja ese olor fuerte en la ropa, en las manos o la boca, y eso lo hace más «socialmente aceptable» entre amigos.

¿Te has preguntado por qué existen vapeadores con sabor a chicle, algodón de azúcar, kiwi o hasta banano? No es casualidad. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió en 2025 que estos sabores «enmascaran la dureza del tabaco» y funcionan como ganchos para captar a los más jóvenes.

Ese vapor con sabores que igual tiene nicotina da el subidón. 

La idea que tienen las empresas que las venden es que no parezca peligroso, sino un accesorio tecnológico más. Sin embargo, la realidad es que son productos adictivos y dañinos.

De todas formas, casi todos los líquidos que se calientan para convertirse en vapor contienen nicotina. 

Esta es altamente adictiva. Y, aunque, el vapeador  desde su invención hace más de 20 años   se mostró como una alternativa “más saludable” al cigarrillo o un paso para dejarlo, la ciencia ha probado lo contrario. 

Para la doctora Alejandra Cañas Arboleda, médica internista, neumóloga y directora Científica del Hospital San Ignacio, se está “repitiendo la misma historia que con el cigarrillo convencional”.

Ella dice que la industria del cigarrillo electrónico es muy poderosa y está implementando estrategias de marketing iguales a las de hace 50 0 60 años. 

Lo que dice la ciencia: El lado oscuro del vapor

Aunque huela rico, no es solo «vapor». La pediatra Maria Paula Gamboa es muy clara: «Decir que el vapeo es más saludable es una comparación que no es adecuada».

Según la doctora, vapear tiene partículas ultrafinas con sustancias tóxicas que pueden causar:

Daño en los pulmones: Inflamación, tos crónica y hasta enfermedades graves como el asma.

Problemas en el corazón: Aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Efectos en el cerebro: La nicotina afecta la memoria, la atención y nos hace más impulsivos.

«El cerebro de los adolescentes continúa desarrollándose hasta los 25 años», advierte la pediatra Gamboa. Esto significa que los jóvenes son mucho más vulnerables a la adicción. 

El aerosol contiene metales pesados como plomo y níquel, y aldehídos que están relacionados con el cáncer.

Además de los químicos que ya tiene el líquido. Los vapeadores funcionan con una resistencia de metal que calienta el líquido al tener vapor.

 Allí también se inhalan metales que dependen de la resistencia o pequeñas partículas de plásticos de la boquilla.

“Cada vez más se evidencia cáncer de pulmón, enfermedad cardiovascular, quemaduras por explosión de estos dispositivos y daño del ADN, explica Alejandra Cañas.

Los datos de 2025 muestran una realidad alarmante. Somos la segunda región del mundo donde los adolescentes (entre 13 y 15 años) más consumen tabaco y vapeadores. 

Lo más llamativo es que ya casi no hay diferencia entre hombres y mujeres: el consumo está muy parejo.

En Colombia, las noticias no son muy distintas. 

El estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas en población escolar del 2022 reveló que el 50% de los estudiantes de colegio vapearon por primera vez a los 14 años.

El vapeador es la segunda sustancia más consumida por los estudiantes colombianos. Más que el tabaco y la marihuana. Solo está por detrás del alcohol. 

Si todos saben que hace daño, ¿por qué siguen? La respuesta corta es: adicción. Ana Sofía confiesa que lo usa diario porque dejarlo le genera una ansiedad que no se aguanta.

«Empiezo a comer mucho, me como las uñas… esa sensación no la soporto», explica.

Para ella, el alivio inmediato del vapeador pesa más que las consecuencias en unos años.

Juana Villar cuenta que muchas personas usan el vapeador como un «escape» para regular sus emociones. 

“Como genera adicción, pues a largo plazo no soluciona el problema y al contrario termina generando pues incluso un mayor malestar”, cuenta Juana.

Además, como el humo no se nota tanto, es fácil usarlo en cualquier lugar: baños, habitaciones o fiestas. Esto hace que se pueda vapear en cualquier momento,  como dice la psicóloga.

En Colombia, las reglas cambiaron, el problema es que no se aplican del todo porque los menores de edad siguen vapeando. La Ley 2359 de 2024 dejó claro que está prohibida la venta de vapeadores a menores de edad.

Aunque la industria tabacalera ha intentado eludir las regulaciones usando filtros con cápsulas o gotas aromatizantes, los gobiernos están siendo más estrictos.

Ya hay siete países en América que han prohibido totalmente su venta para proteger a los jóvenes.

El vapeador puede parecer un accesorio inofensivo y tecnológico, pero detrás de los sabores a frutas hay metales pesados y una adicción que puede durar años.

Al final del día, verse «cool» tiene un precio que tus pulmones y tu cerebro podrían terminar pagando.

Y tú, ¿conocías todos estos riesgos o pensabas que era solo vapor?