
Por: Alejandro Valencia Carmona
Durante varias décadas, las relaciones entre países se organizaron a partir de reglas compartidas, acuerdos internacionales y un liderazgo claro de Estados Unidos. Este modelo, que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, es conocido como orden internacional liberal y se basó en la cooperación entre Estados y en el respeto a normas comunes.
En los últimos años, ese esquema ha empezado a cambiar.
Decisiones recientes del gobierno estadounidense, como una intervención directa en Venezuela, han reactivado un debate en la política internacional: si el mundo sigue funcionando con reglas comunes o si está entrando en una etapa en la que los países más poderosos imponen sus intereses por la fuerza.
Un sistema en transformación
Analistas señalan que este cambio no ocurrió de manera repentina. El sistema internacional ya mostraba señales de desgaste. Sin embargo, tres decisiones tomadas durante la administración de Donald Trump aceleraron ese proceso: el acercamiento político a Rusia, la publicación de una nueva Estrategia de Seguridad Nacional y la intervención en Venezuela.
Estas decisiones marcaron un distanciamiento de la lógica multilateral. El multilateralismo es la idea de que los problemas globales se resuelven mediante acuerdos entre varios países y organismos internacionales. En su lugar, comenzó a ganar espacio una forma de actuar más directa, en la que el poder de cada país pesa más que las normas compartidas.
El profesor Néstor Julián Restrepo, investigador de la Universidad EAFIT y doctor en Política, Comunicación y Cultura, explica este momento como una crisis del sistema internacional:
“Todo eso es lo que llamaríamos la crisis del orden, del sistema. Y se visualiza que ese orden, esa cosa que nos habían dicho, esas bases y esos mínimos tampoco estaban, o sea, ¿Qué es el derecho internacional en estos momentos? Yo no sé. Eso es como la ley para los más débiles”.

El regreso de las esferas de influencia
En este contexto, el mundo parece reorganizarse alrededor de esferas de influencia. Esto ocurre cuando las grandes potencias buscan controlar regiones específicas, asegurar recursos y limitar la presencia de otros países.
Según este enfoque, el equilibrio global ya no depende tanto de espacios como la ONU, sino de la capacidad real de cada Estado para imponer decisiones económicas, políticas o militares.
Para Estados Unidos, esto se traduce en el objetivo de mantener su influencia sobre el hemisferio occidental, desde el Ártico hasta el sur de América, y de reducir la presencia de China, que se ha convertido en un socio comercial clave para varios países de América Latina.
Comercio, territorio y recursos
La Casa Blanca ha señalado como prioridades tres elementos: comercio, territorio y recursos. La disputa comercial con China y los intentos de fortalecer la industria estadounidense tienen a América Latina como un escenario estratégico.
China es hoy el principal socio comercial de varios países sudamericanos. Esto ha generado tensiones con Estados Unidos, que también busca asegurar el acceso a recursos como el petróleo y los minerales necesarios para nuevas tecnologías y energías.
Para Restrepo, el uso creciente de la fuerza militar se relaciona con estos cambios económicos:
“Militarmente estamos viendo que hay uno que no se deja, o sea, lo que le está quedando es como un perro rabioso diciendo yo mando, pero vamos a ver si el mundo se va a aguantar esto. O sea, es que eso también es debilidad”.
Un escenario global más incierto
Este proceso también afecta a América Latina, donde Estados Unidos ha fortalecido alianzas con algunos gobiernos y ha aumentado la presión sobre otros. A nivel global, potencias como China, Rusia e Israel han ampliado su influencia, mientras que territorios como Taiwán, Ucrania y Palestina enfrentan mayores tensiones.
Restrepo advierte que la falta de acuerdos políticos aumenta los riesgos internacionales:
“Supongamos que Putin se cansa de que le bloqueen los barcos petroleros y con solo que suelte un torpedo de esos nuevos que tiene, se podría prender una guerra. Entonces, es un momento muy crítico para el futuro desde la parte militar. La parte política está nula, o sea, la diplomacia se acabó. O sea, no hay diplomacia porque no está funcionando”.
En este contexto, el debate sobre quién define las reglas del mundo sigue abierto.



