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¿Y si la plata fácil no es como la pintan?

Esteban tiene 16 años y vivía en Bogotá. En su casa había muchas discusiones y poco dinero para la comida. Cuando un niño o joven no se siente bien en casa o tiene necesidades, se dice que está en una situación de vulnerabilidad. Esto significa que es más fácil que personas con malas intenciones intenten convencerlo de cosas peligrosas.

A través de redes sociales como TikTok y Facebook, unas personas contactaron a Esteban. Eran parte de las disidencias (grupos que no aceptaron vivir en paz y siguen usando armas). Le mostraron fotos de mucha plata y le dijeron que el trabajo era fácil: recoger hojas de una planta llamada coca en un lugar llamado Cauca. Como Esteban quería ayudar a su familia, aceptó. Ellos mismos le pagaron el viaje.

Al llegar, Esteban vio que las cosas no eran como en los videos. El trabajo de raspachín (quien arranca las hojas) es muy pesado. Tenía que trabajar muchas horas bajo el sol y la lluvia, y el dinero que le prometieron nunca llegaba.

Para que Esteban no se fuera, el grupo le dio una moto. Pero no fue un regalo: le dijeron que ahora les debía mucho dinero por ella. Esto creó una trampa de deuda: Esteban ya no trabajaba para ganar dinero, sino para pagar algo que no podía devolver. Así, el grupo lo obligaba a quedarse.

Cuando Esteban ya estaba atrapado por la deuda, el grupo le dio una orden: debía usar un uniforme y un arma para pelear. Le dijeron que ya no podía renunciar porque conocía sus secretos. En ese momento, Esteban se dio cuenta de que su vida corría peligro y decidió escapar por el monte hasta volver a casa.

Esta historia nos enseña que los grupos armados usan promesas de internet y deudas de dinero para quitarle la libertad a los jóvenes. Lo que parece «plata fácil» es en realidad una forma de control.