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¿Por qué defender el medioambiente es un acto de valentía?

Por Alejandro Valencia Carmona

Con 19 años, Juan David Amaya arriesga su vida en Colombia por la justicia climática. Desafiando amenazas y barreras, este líder demuestra que proteger nuestra tierra es el mayor acto de rebeldía. Su historia prueba que los jóvenes no solo esperamos el futuro: lo estamos defendiendo hoy.

Ser un líder ambiental significa actuar como un guardián de la naturaleza. Juan David Amaya, un joven de 19 años, entendió que en nuestro país proteger el agua, los árboles y la tierra no es solo un deseo, sino una tarea que requiere mucho esfuerzo y coraje.

En Colombia, existen problemas graves de seguridad: por tres años seguidos, nuestro país ha sido el lugar con más riesgos para quienes defienden el medioambiente. Debido a esto, el pasado 12 de enero, Juan David enfrentó una situación de amenaza cerca de su hogar.

Sin embargo, él explica que su decisión de generar cambios sigue firme. Su lógica es clara: para que el futuro sea distinto, tenemos que actuar ahora mismo. Juan David nos enseña que, aunque el entorno sea difícil, la organización y la voluntad son piezas clave para cuidar el planeta donde todos vivimos.

Durante la pandemia de COVID-19, Juan David comenzó una huerta para asegurar el alimento de su familia. A este proceso se le llama soberanía alimentaria. Lo que inició con pocas personas creció hasta involucrar a 50 familias.

Al observar que el cambio climático afectaba a su región, entendió que el problema era sistémico (conectado entre sí). Por eso, cofundó Life of Pachamama. Esta organización busca que los jóvenes participen en la democracia ambiental, es decir, que tengan voz en las leyes que afectan su entorno. Por este impacto, la revista Forbes lo incluyó en su lista de líderes destacados menores de 30 años.

Para que un proyecto juvenil funcione, necesita recursos y escucha, pero Juan David identifica tres fallas en el sistema actual:

  1. Adultocentrismo: La tendencia de la sociedad a ignorar las ideas de los jóvenes por su edad. Esto impide que nuevas soluciones lleguen a la mesa.
  2. Barreras de lenguaje: La información sobre el clima suele ser técnica y difícil de entender en zonas rurales, lo que excluye a las comunidades de la solución.
  3. Falta de presupuesto: Menos del 1% del dinero mundial para el clima llega a grupos de jóvenes. Esto limita su capacidad de acción.

Juan David explica que proteger el agua y los bosques es un acto de solidaridad. A pesar de las amenazas de seguridad, él argumenta que la unión entre las personas es una herramienta para resistir. Su enfoque demuestra que, cuando las personas se organizan, pueden generar cambios que una sola persona no podría lograr.

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