
Cada vez más países están tomando decisiones fuertes sobre el uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes. El pasado lunes, Francia dio un paso histórico al prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años. La medida, impulsada por el presidente Emmanuel Macron, abrió un debate que también llega a Colombia: ¿debería pasar algo parecido aquí?
Hoy, para muchos jóvenes, el celular no es solo un medio para chatear. Es el lugar donde se informan, se entretienen, escuchan música, ven videos, siguen a creadores de contenido y mantienen sus relaciones sociales. Está presente en casi todo momento del día: en la casa, el colegio, el transporte y antes de dormir. Por eso, cuando se habla de limitar las redes sociales, no se trata solo de una aplicación, sino de una parte central de la vida cotidiana.
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Los riesgos del uso excesivo
El problema aparece cuando el uso de redes sociales no tiene límites ni acompañamiento. Según datos de Naciones Unidas, más de un tercio de los jóvenes en 30 países ha sufrido acoso cibernético, y uno de cada cinco ha dejado de asistir al colegio por esta causa. Además, cerca del 80% de niños y niñas en 25 países dice sentirse en riesgo de abuso o explotación sexual en internet.
La trabajadora social Luisa Paternina explica que la exposición constante a ciertos contenidos puede afectar la salud mental: generar ansiedad, miedo, estrés e inseguridad, especialmente en etapas donde la identidad aún se está formando. Estos impactos, advierte, pueden dejar marcas profundas.
Algunos jóvenes, como Andrea, de 14 años, rechazan por completo las redes sociales. Para ella, han aumentado la inseguridad y los complejos, y navegar en ellas puede ser peligroso porque no siempre se sabe qué información es confiable ni con quién se está interactuando.

Lo que está pasando en otros países
Francia no está sola en esta discusión. El gobierno se enfrenta directamente a plataformas como TikTok, Instagram, Snapchat y Facebook, con el objetivo de proteger la salud mental de los menores. Australia fue aún más lejos y fijó en 16 años la edad mínima para usar redes sociales. Dinamarca estableció ese límite en 15 años, y países como España, Irlanda, Italia, Grecia y el Reino Unido también están debatiendo medidas similares.
¿Es todo negativo?
A pesar de los riesgos, las redes sociales también tienen beneficios. Permiten expresarse, aprender, informarse y conectarse con otras personas. Mateus, un joven de 15 años, afirma que las redes ayudan a formar pensamiento propio, a partir de lo que uno vive, aprende y cuestiona.
Por eso, la discusión no es tan simple como “redes sí” o “redes no”.
El caso colombiano: un riesgo adicional
En Colombia, el enfoque es distinto. Por ahora, no se habla de una prohibición total, sino de regular mejor el uso de las redes y crear entornos digitales más seguros. En 2025 se aprobó la Ley 2489, que busca proteger a niños, niñas y adolescentes en internet y establece una responsabilidad compartida entre el Estado, la familia y la sociedad.
Sin embargo, el contexto colombiano tiene un riesgo extra. Según la Acción Cívica Contra la Desinformación (2024), jóvenes entre 10 y 18 años pasan en promedio 10 horas diarias en redes sociales. Ese tiempo ha sido aprovechado por grupos armados ilegales para reclutar menores, usando videos, mensajes privados y chats para normalizar la violencia y atraerlos con promesas falsas.
¿Prohibir o educar?
Expertos coinciden en que regular las redes puede prevenir delitos sexuales, problemas de salud mental y el involucramiento de menores en actividades ilegales. Pero también advierten que prohibir sin educación digital puede aumentar los riesgos.
La psicóloga Alejandra Correa señala que la falta de información sobre los peligros de internet hace a los jóvenes más vulnerables. Por eso, la regulación debería ir acompañada de educación digital para familias y colegios.
Las redes sociales no son el problema en sí. El verdadero desafío está en cómo se usan, quiénes las controlan y qué herramientas tienen los jóvenes para protegerse y tomar decisiones responsables en un mundo cada vez más digital.






