
Muchas veces se dice que los videojuegos solo sirven para perder el tiempo o que son un “vicio”. Pero hoy la ciencia está mostrando otra realidad: los videojuegos también pueden ayudar a sentirnos mejor por dentro. Algunas investigaciones y también las experiencias de jóvenes demuestran que jugar puede servir para manejar emociones como el estrés o la ansiedad.
En un mundo donde hay muchas tareas, exámenes y preocupaciones, los videojuegos pueden ser un espacio para relajarse, divertirse y compartir con amigos. No se trata solo de ganar, sino de tener un momento para desconectarse de los problemas o las obligaciones del día.

¿Qué dicen los expertos?
Angelo, un joven de Medellín, cuenta que jugar le ayuda a sentirse más tranquilo porque puede hablar y pasar tiempo con sus amigos. Esto coincide con estudios como el informe Power of Play 2025, que analizó a más de 24.000 personas en 21 países. Allí se encontró que los videojuegos no solo entretienen: también ayudan a reducir el estrés, mejorar la creatividad y adaptarse mejor a los retos.
La psicóloga Laura Martínez explica que, al enfrentar retos en los juegos y volver a intentarlo, los jugadores aprenden a manejar emociones y a no rendirse fácilmente. A eso se le llama resiliencia.
Además, los videojuegos también se usan para aprender. Algunos profesores los han utilizado en clases, como en Minecraft, donde los estudiantes pueden experimentar y aprender sin riesgos reales.
¿Hay riesgos?
Si, jugar demasiado puede traer problemas: menos actividad física, dificultades para dormir o aislarse de los demás. Por eso, los expertos recomiendan un equilibrio: primero las responsabilidades y luego el juego.
Los videojuegos no son buenos ni malos por sí solos. Todo depende de cómo, cuánto y para qué se usen. Jugar con límites puede ser divertido y saludable.




