
Ilustración: Isabella Meza Viana
Por: Redacción Radio Trompo
¿Alguna vez has sentido que un sueño es tan grande que parece imposible?
Para Valentina Freile Parra, una joven de 18 años, ese sueño tenía nombre: la NASA.
Pero llegar allá no empezó con una nave espacial ni con un traje de astronauta. Empezó en algo mucho más simple: un salón de clases en Bogotá.
“La NASA me abrió muchísimo la mente. Me sigo enfocando en lo que siempre me ha gustado: el espacio, mirar más allá de las estrellas”, cuenta Valentina.
Esta es la historia de una joven que descubrió que los sueños grandes también pueden empezar con una pequeña chispa.
Una científica que no paraba de hablar
Valentina siempre fue curiosa. Mucho.
En el colegio tenía buenas notas… pero también tenía una fama: hablaba todo el tiempo.
“Tú eres muy juiciosa, Vale, pero en clase desconcentras a todo el mundo porque no paras de hablar”, le decían algunos profesores entre risas.
A veces esos regaños terminaban en algo muy típico del colegio: charlas y chismes con los mismos profes.
Pero detrás de esa energía había algo más importante: una curiosidad enorme por entender cómo funciona el mundo.
La chispa llegó en tercero de primaria.
Una profesora apasionada por la ciencia les propuso un reto poco común: diseñar un pez robot que pudiera moverse bajo el agua.
No era solo armarlo. También había que investigar cómo vivían los peces, qué comían y cómo se movían.
Ese pequeño proyecto encendió algo que no se apagaría.
El momento que cambió todo
La oportunidad de su vida llegó gracias a su hermana mayor, que le habló de un programa llamado “Ella Es Astronauta”, de la Fundación She Is.
Al principio, Valentina pensó lo que muchos pensamos cuando algo parece demasiado grande.
“No creo que me escojan a mí”.
Dudó de sus capacidades. Dudó de si era suficiente para un programa de ese nivel.
Pero su familia la animó a intentarlo.
Se inscribió, pasó las entrevistas y demostró que su rendimiento académico, liderazgo y carisma eran su mejor carta de presentación.
El día que recibió la noticia estaba en clase de español. Estaba cansada, pensando en cualquier cosa, cuando el coordinador del colegio la llamó al frente.
Primero sintió susto.
Luego vio entrar a su familia.
Y entonces llegó la noticia que le cambió la vida.

Había sido seleccionada para viajar al Space Center Houston de la NASA.
El programa “Ella es Astronauta” ya ha permitido que más de 1.100 niñas de Colombia y América Latina vivan esta experiencia. Su objetivo es demostrar que el lugar donde naces no define hasta dónde puedes llegar y romper con la idea de que la ciencia es solo para hombres.
Misión en Houston
Cuando Valentina llegó a la NASA no solo llevaba maletas. También llevaba la responsabilidad de representar a su país.
La experiencia fue intensa.
Aprendió cómo se lanza y se mantiene una nave en el espacio. Conoció los retos extremos de las pruebas de supervivencia fuera de la Tierra. Y visitó el lugar donde los astronautas entrenan bajo el agua para simular la falta de gravedad.
Pero lo más importante que se llevó de esa experiencia no fue la tecnología.
Fue una lección.
“Antes pensaba que mi trabajo era el único que valía”, cuenta.
En la NASA entendió algo fundamental: las grandes misiones no las hace una sola persona. Se construyen en equipo. Escuchar a otros y unir talentos puede marcar la diferencia.
De las estrellas… a la salud
Hoy Valentina sigue con el mismo motor que la llevó tan lejos: la curiosidad.
Estudia Fisioterapia en la Universidad del Rosario con una beca del 100%.
Y su interés por el espacio sigue presente en lo que quiere investigar.
Quiere entender cómo cambian los cuerpos de los astronautas después de largos viajes espaciales y cómo ayudar a evitar que los músculos se debiliten en gravedad cero.
Su mente sigue mirando hacia las estrellas.
Pero sus manos también quieren ayudar a cuidar la salud aquí en la Tierra.
Un mensaje para quienes sueñan en grande
Valentina sabe que muchas niñas todavía sienten que la ciencia es un mundo lejano.
Durante mucho tiempo ella también lo pensó. En muchas películas y libros, quienes viajaban al espacio casi siempre eran hombres.
Pero ahora tiene claro algo diferente: la ciencia no tiene género.
Su consejo para los jóvenes que sienten que su sueño es imposible es sencillo.
Si alguien te dice que no puedes lograr algo, es momento de cerrar los oídos, quitarte esa venda que a veces pone la sociedad… y seguir caminando con seguridad.
Porque los sueños no tienen límites.
Valentina no solo fue a la NASA.
Volvió con algo mucho más poderoso: la certeza de que los sueños pueden llegar mucho más allá de las estrellas.
Y tú, ¿hasta dónde llegarías por cumplir tus sueños?
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