
Por: María Angélica Orozco
“La primera vez que probé un vapeador fue en un festival de música donde estaba trabajando en logística. Sobró una caja y me la regalaron”, cuenta Ana Sofía, una joven de 25 años en Medellín.
Han pasado tres años desde ese día. Hoy dice que algunos de sus amigos y familiares más jóvenes también vapean.
Según Ana Sofía, para muchos adolescentes el vapeador no empieza por una adicción. “Más bien es por estatus social o por verse un poco más grandes o experimentados”.
Para algunos jóvenes, el vapeador se convierte en un símbolo de estilo o de pertenecer a un grupo. Algo que puede hacer que alguien se vea más “cool”.

El origen de las ganas de vapear
La psicóloga Juana Villar explica que esto tiene mucho que ver con la etapa de la adolescencia.
“En esta edad es muy importante sentir que uno pertenece a un grupo”, dice. Según ella, los vapeadores también tienen una imagen de rebeldía o de “romper las reglas”, algo que antes estaba más relacionado con el cigarrillo.
Además, el cine, la publicidad y las redes sociales han ayudado a crear una imagen atractiva alrededor del vapeo. Muchas veces se muestra como algo moderno, tecnológico o divertido.
Eso hace que algunos jóvenes se animen a probarlo para no sentirse por fuera de su grupo de amigos.
Ana Sofía menciona otra razón por la que el vapeo se volvió popular entre las personas que conoce.
“El vaporizador parece más aceptable porque no deja el olor fuerte del cigarrillo”, cuenta. A diferencia del cigarrillo tradicional, el vapeador no deja olor fuerte en la ropa o en las manos.

La trampa de los sabores
Quizá hayas visto vapeadores con sabores como chicle, algodón de azúcar, kiwi o banano.
No es casualidad.
La Organización Panamericana de la Salud advirtió en 2025 que estos sabores ayudan a que el vapeo parezca más atractivo para los jóvenes, porque esconden el sabor fuerte del tabaco.
Aunque el vapor pueda saber a fruta o a dulces, en muchos casos sigue teniendo nicotina, una sustancia que puede causar adicción.
Algunas empresas intentan que el vapeador parezca un accesorio moderno o tecnológico, y no un producto que puede afectar la salud.
Cuando aparecieron hace más de 20 años, muchas personas pensaron que los vapeadores eran una alternativa más saludable al cigarrillo. Sin embargo, con el tiempo la ciencia ha mostrado que la situación es más complicada.
La doctora Alejandra Cañas Arboleda, médica del Hospital San Ignacio, dice que lo que ocurre ahora se parece a lo que pasó hace décadas con el cigarrillo.
“Se está repitiendo la misma historia”, explica.
Lo que dice la ciencia
Aunque huela dulce, el vapeo no es solo vapor de agua.
La pediatra María Paula Gamboa explica que el aerosol que producen los vapeadores puede contener partículas muy pequeñas y sustancias que afectan al cuerpo.
Entre los posibles efectos están:
- Problemas en los pulmones, como inflamación o tos.
- Aumento del ritmo del corazón y de la presión arterial.
- Cambios en el cerebro, porque la nicotina puede afectar la memoria, la atención y el control de impulsos.
“El cerebro de los adolescentes sigue desarrollándose hasta los 25 años”, explica la doctora Gamboa. Por eso los jóvenes pueden ser más vulnerables a la adicción.
Las cifras y la ley
Los datos más recientes preocupan a los expertos.
En América, muchos adolescentes entre 13 y 15 años consumen tabaco o vapeadores.
En Colombia, un estudio nacional encontró que muchos estudiantes que han vapeado lo hicieron por primera vez a los 14 años.
Por eso el país aprobó la Ley 2359 de 2024, que prohíbe vender vapeadores a menores de edad.
Aunque el vapeador puede parecer moderno o inofensivo, detrás de los sabores dulces y el diseño tecnológico puede haber sustancias tóxicas y una adicción difícil de dejar.
Por eso cada vez más especialistas recomiendan que los jóvenes conozcan bien los riesgos antes de tomar una decisión.
Y tú, ¿sabías todos estos riesgos o pensabas que era solo vapor?





