
Ilustración y texto: Isabella Meza Viana
A los 20 años, mientras muchos jóvenes aún intentan descubrir qué quieren hacer en el futuro, Clara Machacón Rodelo ya dirige proyectos audiovisuales y comienza a abrirse camino en el cine.
“Si me toca trabajar donde sea para poder hacer una película, lo voy a hacer”, dice. “Porque eso es lo que me gusta”, dice Clara, convencida de que lo da todo por su arte.
“Cuando empecé la universidad no sabía mucho a qué dedicarme, pero estoy feliz de haber encontrado una industria que me interese y me apasione tanto”.
Ella nació en Sincelejo, pero vive en Barranquilla. Es comunicadora social y periodista en formación realiza sus prácticas profesionales en la Cinemateca del Caribe, un espacio clave para la difusión del cine en la región.
Incluso ha experimentado en el cine con la IA con un proyecto llamado el Majaya. Con este proyecto indagó en las dificultades que tienen las creadoras del caribe colombiano.
Ese cortometraje recibió un reconocimiento en el Festival internacional ADN.

Ahora trabaja en Proyecto Matriz, donde con un equipo busca hacer una ciencia ficción caribeña.
“Indagamos en este futuro distópico con la inteligencia artificial, el acceso a la información y también como las libertades a las que renunciamos en nombre de la seguridad”, explica Clara
Su historia refleja la de muchos jóvenes que descubren el cine casi por accidente, pero también exhibe los desafíos que enfrentan quienes intentan abrirse paso en una industria compleja y llena de desigualdades.
Encontrar el cine en medio del camino
El interés de Clara por el cine comenzó desde el colegio, pero no siempre tuvo claro que ese sería su camino profesional.
Más adelante, una clase de la universidad cambió su perspectiva y se dio cuenta qué era lo que quería.
“La manera en la que el profesor hablaba del cine y contaba las historias del cine y la televisión me apasionó muchísimo. Desde ese momento pensé: Wow, me gusta mucho esto”.
A partir de allí comenzó a involucrarse en proyectos audiovisuales, participando en distintos roles dentro de rodajes y producciones estudiantiles.
Uno de los proyectos que más la marcó fue un video musical en el que asumió varias tareas al mismo tiempo: cámara, edición y dirección.
“Fue una de las experiencias que más disfruté y que afianzaron mi interés por trabajar en la industria del cine”.
Más adelante, también participó como directora en un cortometraje titulado Cuando baja el sol, una experiencia que describe como compleja pero profundamente formativa: “A pesar de los chascos que pasaron durante el rodaje, lo haría otra vez una y mil veces”, afirma.
Aprender a dirigir también es aprender a confiar
Para Clara, uno de los principales aprendizajes que ha tenido trabajando en proyectos audiovisuales es entender cómo funcionan los equipos dentro de un rodaje.
“Cuando uno está en el puesto de director tiene que saber que su objetivo es llevar a la luz su visión del proyecto”, explica. “Pero para lograrlo tienes que confiar en el equipo: en la fotografía, en el arte, en la edición”.
Este aprendizaje es especialmente importante en una industria donde los proyectos suelen depender del trabajo colectivo y de equipos pequeños que colaboran para sacar adelante producciones con pocos recursos.
“Si tú lo quieres hacer todo, no vas a poder. Lo importante es confiar en las personas que están trabajando contigo y disfrutar el rol que te tocó en el proyecto”, dice Clara.
Hacer cine “con las uñas”
Uno de los mayores retos para quienes quieren hacer cine en Colombia, especialmente fuera de las grandes ciudades, es la dificultad para acceder a recursos y oportunidades.
Según explica Clara, muchas veces los jóvenes realizadores deben construir sus proyectos prácticamente desde cero.
“Si tú quieres dirigir, nadie va a venir con un guion y decirte ‘dirígelo’, porque todavía no eres alguien en la industria”, dice. “Entonces tienes que escribir tu propio proyecto, buscar el equipo, conseguir la plata y trabajar con las uñas”.
Esto implica ahorrar dinero para equipos y producción hasta reunir a otras personas que compartan el mismo entusiasmo por el cine: “Hay que juntarse con gente que esté tan loca por hacer cine como tú”, menciona.}
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Una industria con brechas de género
Las dificultades para entrar en la industria audiovisual no afectan a todos por igual.
De acuerdo con la revista de la industria audiovisual, RUBIK AUDIOVISUAL, solo alrededor del 28 % de las personas que trabajan en la industria audiovisual colombiana son mujeres. Esta es una de las más grandes brechas.
Esto significa que cerca de siete de cada diez profesionales del sector son hombres.
Una investigación del colectivo Killary Cinelab, sobre la participación de las mujeres en la industria del cine señala que solo el 13 % de las películas colombianas han sido dirigidas por mujeres.
Aunque Clara dice que personalmente no ha enfrentado situaciones directas de discriminación dentro de los equipos en los que ha trabajado, reconoce que las cifras reflejan una realidad evidente.
“Uno mira las estadísticas y lo que ve es que los hombres dominan casi todos los roles del audiovisual”, explica.
Sin embargo, lejos de desmotivarla, esa situación la impulsa aún más: “Más bien me motiva a decir: voy a hacer mi nombre aquí entre este poco de hombres”.
Según ella, una nueva generación de mujeres realizadoras está comenzando a cambiar el panorama: “Mi carrera está llena de mujeres que también quieren dedicarse al cine y que tienen grandes historias”, afirma.
Historias para conectar con otros
Para Clara, el cine no solo consiste en hacer películas. También es una forma de crear conexiones entre las personas: “El hecho de ver una película ya es una experiencia colectiva”, explica. “Vas al cine, hablas con tus amigos sobre los personajes, sobre por qué eligieron un plano o una música”.
Además, considera fundamental que existan más producciones colombianas y latinoamericanas, porque permiten que el público se identifique con las historias:
“Yo me puedo identificar con la señora que coge el bus para ir al trabajo”, dice, Clara. “No tanto con soldados estadounidenses que le disparan a todo”.
Contar historias propias, asegura, permite que otras personas también encuentren sus propias narrativas.
Cuando una idea cobra vida
A pesar de los desafíos, hay momentos que hacen que todo valga la pena. Para Clara, uno de esos instantes ocurre cuando una idea imaginada durante la escritura del guion finalmente aparece en pantalla.
“Momentos tan sencillos como ver que un efecto que había pensado en el guion funciona cuando lo estoy editando… eso es lo que me motiva”, cuenta.
Sabe que el camino no será fácil y que probablemente tendrá que trabajar en diferentes áreas para poder seguir haciendo cine.
Y mientras continúa dando sus primeros pasos en la industria, su deseo es que cada vez más jóvenes, especialmente mujeres, se animen a contar sus propias historias desde el Caribe.
“Que haya más directoras, más sonidistas, más directoras de fotografía”, concluye. “Que se animen a hacer cine”.
Y tú, ¿qué historia quisieras contar en un cortometraje?




