
Ilustración: Isabella Meza Viana
Por: Redacción Radio Trompo
¿Alguna vez has sentido la tentación de pedirle a Chat Gpt que te escriba ese ensayo sobre ese libro larguísimo que te pusieron a leer en Español? A todos nos ha pasado por la cabeza. Más si queremos hacer otras cosas más chéveres.
Las IA son ayudantes, son nuestros Jarvis y nosotros Tony Stark. Nos pueden sacar de apuros, ayudarnos a entender cosas o incluso resumir libros o hacer trabajos finales.
“Sigo razonando en mi cabeza, sino que suele facilitarme la vida. A veces la uso porque me da pereza o flojera, pero realmente yo uso en mi cabeza y mi propia conciencia”, cuenta Manuel Tovar, estudiante de la Escuela Normal Superior del Alto Sinú, en Tierralta, Córdoba.

Estas herramientas son un gran poder, pero también podrían limitar nuestra capacidad de pensar y de entender si todo se lo encargamos a la IA.
Vale la pena tomar una pausa un segundo y pensar: ¿Estoy usando bien la IA en el colegio? Porque un gran poder, implica una gran responsabilidad, como dice el Tío Ben en Spider-Man.
Porque más allá de la buena nota, acostarse un poco más temprano o sacar el diploma, lo importante es aprender y entender.
El problema
Fredy Fernandez, profesor de la Escuela Normal Superior del Alto Sinú, en Tierralta Córdoba, dice que el mayor problema que le ve a usar la IA es la dependencia.
La dependencia sería un obstáculo para desarrollar pensamiento crítico.
Pero, ¿qué es eso? Básicamente, es la capacidad de analizar, evaluar y cuestionar lo que vemos o escuchamos.
Por eso, el profe Fredy dice que hay que buscar otras formas de evaluar: “Ahora, la exposición, el debate, el análisis crítico, la sustentación son herramientas de evaluación”.
Porque una tarea puede ser hecha con la IA. Copiando y pegando o transcribiendo no aprendemos mucho.
Algunos profes dicen que estamos entrando en una etapa de «pereza mental». ¿Crees que tienen razón?
Pero la IA tiene muchos usos. Por ejemplo, Manuel dice que utiliza la IA para revisar su ortografía, porque ahí le va muy mal. Pero le gusta la poesía. Así asegura que sus poemas tengan buena puntuación.
Manuel también cuenta que la IA le ayuda a preparar exposiciones: “Si no me sé un tema y siento que está muy largo le pido que lo resuma”.
Estos son los ¨factos¨
La IA es mucho más que un chat que hace tareas.
Hay que dejar algo claro. No podemos meter en el mismo paquete a todo lo que se conoce como inteligencia artificial.
“Cuando hablamos de inteligencia artificial estamos hablando de un conjunto muy diverso de tecnologías», explica Juan David Gutiérrez, profesor asociado de la Escuela Gobierno de la Universidad de los Andes.
Puede ayudar a los profes a personalizar las clases según lo que cada estudiante necesita. Sin embargo, el mundo todavía está muy quedado en este tema.
Hay muy poca planeación: En 2022, la UNESCO encontró que, de 190 países, solo 15 tenían objetivos claros sobre la IA en sus colegios. Todos la usamos, pero no hay un objetivo.
La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) también estableció un marco mundial que dice qué cosas debemos aprender. No se trata solo de saber usar la tecnología, sino de entender cómo funciona el detrás de cámaras.
Y como personas metidas en el mundo digital es muy importante que aprendamos a cuestionar los algoritmos y no solo a obedecerlos. Es usar las herramientas, no al revés.
¿De dónde salió la IA?
La Inteligencia artificial parece que salió de la nada, con Chat GPT, ¿no?
Pues resulta que la inteligencia artificial es tan vieja como nuestros abuelos.
Empezó por allá en la década de los cincuenta como disciplina académica. Se intentaba crear «tutores humanos» artificiales.

Luego avanzó un poco y en la década de los ochenta y noventa aparece el Machine Learning. Las máquinas empiezaron a «aprender» datos, casi como un cerebro humano.
Y cuando llegamos a este milenio los tesos en Inteligencia artificial desarrollaron las plataformas en línea y las respuestas instantáneas.
Pero todo cambia en el 2020. Ahí explotó el Big Data. Con tanta información disponible, nacieron los famosos chatbots como Gemini o Copilot.
Hoy en día la inteligencia artificial permite “resolver problemas imitando funciones cognitivas de los seres humanos como reconocer, clasificar, optimizar, predecir y generar contenidos autónomos o con algún grado de autonomía”, como lo explica Gutiérrez.
Los riesgos
Usar la IA tiene sus peligros. Uno de ellos es la privacidad: ¿quién se queda con tus datos?
Otro es el concepto de «caja negra». Esto pasa cuando la IA toma una decisión o da una respuesta, pero no sabemos por qué lo hizo.
Ese momento donde le preguntas a la IA: “¿De dónde sacaste eso?”. Y no sabe responder bien.
Además, están los sesgos. Si los algoritmos se entrenan con información con prejuicios, la IA repetirá esos mismos errores.
Por eso, el ojo crítico del estudiante y del profe sigue siendo esencial. Aquí lo importante es saber que la IA se equivoca.
El debate está abierto
Al final, la IA ya es parte de nuestro ADN digital. No podemos ignorarla, pero tampoco podemos dejar que haga todo por nosotros.
Para Juan David Gutiérrez usar la IA es como manejar un carro; “Hay que entender las reglas de juego, saber cómo conducir en determinados ambientes, evitar riesgos y aprovechar las bondades de la herramienta”.
¿Qué piensas tú? ¿Sientes que le sacas provecho para aprender más o solo la usas para que haga las cosas por ti?



