
Por: María Angélica Orozco
Seguro que te ha pasado: estás haciendo scroll en TikTok o Instagram y ves a tu influencer favorito en un hotel increíble, comiendo delicioso en otro país. Todo se ve perfecto y dan ganas de vivir así. En redes, la vida de los influencers parece un sueño.
Pero, ¿sabemos qué hay realmente detrás de esos viajes y lujos? Muchas veces no. En redes solo vemos una parte de la historia, la más bonita.
Hace poco, varios influencers colombianos como Kika Nieto, Johanna Fadul y el chef Nicolás de Zubiría fueron tendencia por un viaje a Israel. En sus redes mostraban playas, restaurantes elegantes y momentos divertidos. Todo parecía un paseo perfecto.
Pero no todos lo vieron así. Algunas personas dijeron que este viaje podía ser una estrategia de comunicación para mostrar solo lo positivo del país y no hablar de problemas más graves que estaban ocurriendo y el Genocidio en Gaza.
¿Turismo o «lavado de cara»?
El viaje fue una invitación de la embajada de Israel. Además, el medio France 24 informó que algunos influencers recibirían dinero por publicar contenido. Mientras tanto, en las noticias se hablaba de situaciones muy difíciles en Gaza, pero en redes se veía otra realidad.
A esto se le llama “soft power” o poder blando. Es cuando un país usa cosas como la cultura, los viajes o personas famosas para que el mundo lo vea de forma positiva. No es mentira necesariamente, pero sí muestra solo una parte.
Es como cuando hablas bien de un amigo para que no quede mal, pero no cuentas todo lo que pasó.
¿Opinar es lo mismo que informar?
El profesor e investigador de la Universidad de la Sabana, Oscar Londoño lo explica claro: opinar no es lo mismo que informar.
Informar significa contar hechos que se pueden comprobar. Opinar es decir lo que tú piensas o sientes.
El problema es que en redes muchas veces se mezclan las dos cosas, y eso puede confundir.
Cuando eso pasa, se puede generar desinformación.
El peligro de la desinformación
Hoy en día, la información viaja rapidísimo… pero la desinformación también.
La desinformación es información falsa que busca engañar.
Y puede ser peligrosa:
- Puede hacer que tomemos decisiones basadas en mentiras
- Puede generar peleas o divisiones entre personas
- Puede afectar la salud, como pasó con rumores falsos sobre vacunas

Pero, ¿los influencers saben lo que hacen?
Un estudio de la UNESCO mostró que muchos influencers también tienen dificultades para saber qué información es confiable.
Algunos creen que algo es cierto solo porque tiene muchos likes o se comparte mucho.
Otros hablan desde su experiencia o lo que escuchan de personas cercanas. Y aunque eso no está mal, no siempre es suficiente para informar bien.
Claro, también hay influencers responsables que investigan antes de publicar.
El caso de China: ¿Se acabó el «hablar por hablar»?
El caso de China muestra otra forma de manejar esto. Allí, el gobierno decidió que los influencers no pueden hablar de temas como salud o economía si no tienen estudios en eso. Es decir, solo pueden hablar de lo que realmente saben.
Esto busca evitar que las personas tomen decisiones importantes basadas solo en alguien famoso. Porque ser famoso no significa ser experto.
Por otro lado, organizaciones como las Naciones Unidas proponen algo diferente: enseñar a las personas a pensar críticamente. Es decir, aprender a dudar, investigar y verificar lo que vemos en internet.
Entonces, ¿qué puedes hacer tú?
Recuerda que todos tenemos “sesgos”, que son como filtros en nuestra mente que hacen que creamos más fácil lo que nos gusta o con lo que estamos de acuerdo.
Por eso, la próxima vez que veas a un influencer recomendando algo, no te lo creas de una. Haz una pausa, piensa un momento y pregúntate: ¿esto es real o solo se ve bonito?
Busca más información, compara y no te quedes con una sola versión.
Al final, no se trata de dejar de seguir influencers, sino de aprender a mirar las redes con más cabeza.




