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Un reto viral que está generando miedo en colegios

Ilustración y texto: Alejandro Valencia Carmona

Antes de seguir, algo importante: Esto que vas a leer puede sonar fuerte, pero es clave entenderlo bien para no caer en el miedo ni en la desinformación.

Imagina que entras al baño de tu colegio y, entre los rayones de la pared, lees algo que te pone los pelos de punta sangre: “Mañana hay tiroteo, no vengan”.

No sabes si es verdad o mentira… pero igual te deja pensando.

Aunque los tiroteos en Colombia y en la mayoría de países de Latinoamérica son muy extraños en redes sociales está circulando una tendencia que juega precisamente con ese miedo.

Y eso —aunque algunos lo llamen “broma”— puede tener consecuencias muy reales.

En plataformas como TikTok se está moviendo un reto viral peligroso: estudiantes escriben mensajes de amenaza en baños o paredes del colegio, les toman foto y los comparten.

Frases como “mañana pasa algo” o “nadie se salva” circulan rápido en grupos y redes.
En minutos, el miedo se riega por todo el colegio.

No importa si es mentira: el impacto es real.

Para la psicóloga Laura Juliana Martínez, esto no siempre nace de “maldad”, sino de algo más complejo: la búsqueda de atención, control o reconocimiento.

“Ver que un mensaje genera caos, suspende clases y pone a todos a hablar… puede dar una sensación de poder muy peligrosa”, explica.

El problema es que, en ese momento, se pierde algo clave: la empatía. Se deja de pensar en el miedo real que sienten otros.

Algo así ocurrió en el Colegio Cafam, en Bogotá.

Apareció un mensaje en un baño anunciando una posible situación violenta para el día siguiente.

Aunque el colegio identificó que podía tratarse de un reto viral, decidió no arriesgarse.

Activaron protocolos: más supervisión, acompañamiento y presencia de autoridades.

Porque incluso cuando no es real, el miedo sí lo es.

El cerebro no distingue fácilmente entre una amenaza real y una falsa.

Cuando aparece el miedo, el cuerpo entra en alerta.

Y ahí pasan varias cosas: cuesta concentrarse, se rompe la sensación de seguridad y empieza a aparecer la desconfianza.

Un colegio debería ser un lugar seguro.

Cuando eso se rompe, el efecto puede durar mucho más que el “chiste”.

Esta tendencia ya ha aparecido en varios países de la región. 

En México se han reportado decenas de casos en distintos estados, mientras que en Argentina varios colegios se han visto afectados en cuestión de semanas. 

En Chile y Perú, incluso, algunas alertas han llevado a suspender clases. 

Todo esto muestra lo rápido que puede expandirse este fenómeno, como un verdadero “virus digital” que cruza fronteras en cuestión de días.

Esto no se queda en un regaño.

En muchos países, este tipo de acciones puede traer consecuencias legales graves, porque generan pánico colectivo.

Pero más allá de lo legal, está el daño emocional: ansiedad, miedo y estrés para estudiantes, familias y profes.

 La clave, según la psicóloga, es abordar el tema con seriedad y empatía:

  • En los colegios: Hablar sin espectáculos ni exageraciones. Es vital vincular estas «bromas» con la historia colombiana y el dolor del conflicto armado para sensibilizar a los alumnos sobre la responsabilidad civil y las consecuencias legales.
  • Para los padres: Aprender a acompañar emocionalmente. «La adolescencia es un periodo fuerte que marca la adultez. Es necesario cuidar mediante herramientas de regulación emocional y preocupación real».
  • Para los estudiantes: Entender que el colegio es suyo. Cuidar la tranquilidad de sus compañeros es cuidar su propio bienestar. «No es necesario jugar con el miedo de sus amigos para sentir algo emocionante».

En Colombia el miedo no es un juego. Como concluye Martínez, estas bromas están lejos de ser inofensivas; son un termómetro de la forma en la que se nos hace “normal”  la violencia. 

Conectar con la historia colectiva y con el dolor ajeno es la única forma de evitar que un trend de redes sociales siga amenazando nuestra seguridad.