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¿Cómo la guerra encuentra a los jóvenes en línea?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

“Me quitaron el teléfono y me dijeron que no podía regresar. Durante días me asignaron tareas de vigilancia y transporte de objetos. Siempre había alguien observando. Repetían que conocían a mi familia y que no intentara escapar”, dice Esteban*, un adolescente de 15 años que fue reclutado por un grupo armado. Su historia comenzó jugando en internet.

El conflicto armado en Colombia también se ha trasladado al mundo digital. Mientras el Estado intenta enfrentar a los grupos armados, estos han encontrado en redes sociales y plataformas en línea una forma de acercarse a los jóvenes. Hoy, internet se ha convertido en un espacio clave para el reclutamiento de menores de edad.

Para muchos adolescentes, internet es un lugar para distraerse y olvidarse de los problemas. Pero mientras juegan videojuegos, ven videos o participan en chats, pueden ser contactados por personas que buscan ganarse su confianza. Los grupos armados ya no necesitan estar en carreteras o pueblos para reclutar; ahora basta con una solicitud de amistad o una invitación a un chat.

Todo empezó en un videojuego en el que algunas personas poco a poco lo halagaron y se ganaron su confianza.

“Me decían que yo era inteligente y que podía hacer cosas importantes”, recuerda.

Él les contó sus sueños: ayudar a su mamá y salir de la pobreza. Las conversaciones dejaron de ser sobre el juego. “Luego me invitaron a un grupo de chat. Allí compartían videos y fotos que mostraban dinero, motocicletas y armas”.

Sebastián Solano, investigador de PARES, dijo que se identificaron más de 140 cuentas activas en TikTok promoviendo esta vida. Solano señala tres elementos principales: “el dinero rápido, el estatus de pertenecer a estos grupos y la falta de oportunidades en los territorios”.

A Esteban le ofrecieron trabajo, dinero y el pasaje del bus. “Todo parecía una vida distinta, con poder y reconocimiento”, cuenta. Con esperanza y pocas opciones, aceptó viajar.

«Me quitaron el teléfono y me dijeron que no podía regresar. Desde ese momento ya no tuve control sobre lo que hacía ni sobre a dónde iba», recuerda.

La “familia” digital resultó ser un grupo armado que ya sabía cosas de él y de su familia. La emoción se convirtió en miedo. Entendió que entrar había sido fácil, pero salir no.

Semanas después logró escapar durante un descuido. Caminó por horas y llegó a un caserío, donde finalmente pudo llamar a su mamá y regresar a su pueblo.

Entre 2019 y 2024, al menos 1.200 menores fueron reclutados en Colombia, un fenómeno que ha crecido con el uso de redes sociales. Sin embargo, la cifra real puede ser mayor porque muchos casos no se denuncian.

Solano advierte: “En los últimos tres años han disminuido las denuncias mientras el reclutamiento sigue aumentando. No es que el problema haya bajado, sino que se reporta menos”.

Uno de los principales problemas es que muchos jóvenes no protegen sus datos en internet. Más que asustar o prohibir, la clave está en entender cómo funciona el entorno digital y aprender a cuidarse. En ese sentido, Ana María Centeno, de COALICO, explica: “Así como enseñamos a cuidar el cuerpo, necesitamos hablar también del cuidado de la información y de los datos personales”.

Hoy Esteban entiende que todo empezó cuando alguien se ganó su confianza en un chat.

Ante esta realidad, organizaciones como la Fundación Mi Historia trabajan para prevenir el reclutamiento y ofrecer alternativas reales a jóvenes en territorios con pocas oportunidades. Su apuesta es demostrar que existen otros caminos posibles: educación, acompañamiento y proyectos de vida dignos.

Porque, aunque la guerra también se mueve en internet, el apoyo y las oportunidades siguen siendo la mejor forma de evitar que más historias como la de Esteban se repitan y de que otros adolescentes construyan su futuro lejos del conflicto.

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