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Emergencia en Córdoba: ¿cómo nos afecta el cambio climático?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por Alejandro Valencia Carmona

La emergencia invernal en Córdoba ha encendido las alertas. Ya se declaró la calamidad pública y hay 22 municipios afectados por las inundaciones. Según el gobernador, Erasmo Zuleta, las inundaciones han dejado dos personas fallecidas. 

La situación en los ríos San Jorge, Canalete y Sinú mantiene al departamento en alerta roja por el incremento en los niveles del agua que han provocado desbordamientos. De acuerdo con las cifras oficiales, ya son más de 15 mil familias afectadas.

“Nosotros anoche estuvimos en vela casi toda la noche. El río desde las 7 de la noche empezó a subir el caudal. Se empezó a desbordar tipo 2 de la mañana. Ahí evacuamos enseguida. Sacamos lo que pudimos”, cuenta Luis Martinez, habitante de Tierralta, Córdoba. Uno de los municipios más afectados por esta ola invernal.

Él dice que no hubo una alerta previa por parte de las autoridades, la gente se iba preparando a medida que le llegaba el voz a voz, la alerta de que algo podría pasar.

También se suspendieron las clases para unos 80 mil estudiantes en el departamento.  “Yo me siento muy triste porque se están afectando las clases por la inundación que está pasando”, dijo Luis González, 14 años, en Tierralta, Córdoba. 

El cambio climático son todos los cambios a largo plazo en la temperatura, lluvia, vientos, presión y humedad del planeta. Una de sus causas es el calentamiento global y los protagonistas de ese cambio somos nosotros, los humanos.

Pero el docente de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia, Juan Camilo Villegas Palacio, hace una diferenciación necesaria para entender los desastres que azotan a gran parte del país y el cambio climático: “una de las manifestaciones del cambio climático es la mayor incidencia y ocurrencia de eventos extremos, pero no cualquier evento extremo necesariamente es una manifestación de cambio climático a menos que lo demostremos”.

De acuerdo con estudios hechos por el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), las zonas costeras e insulares de Colombia son muy vulnerables al cambio climático ya que hay una amenaza de inundación sobre el 4.9% en las áreas de cultivos y pastos en la costa del caribe.

Por ejemplo, en San Andrés se prevé un incremento en las lluvias del 15% para el 2050 lo que afecta el sistema de distribución y procesamiento del agua en la isla. 

Además, el sur de la región Andina y los departamentos de La Guajira y Nariño disminuiría el promedio de lluvias anuales, mientras que las regiones de la Amazonía, Orinoquía, norte de las regiones Andina y Pacífica y el resto de la región Caribe aumentarán. 

En los nevados, la nieve empezaría a alturas cada vez más altas y eso afectará a la disponibilidad del agua en las poblaciones cercanas. Los nevados del Ruiz, Santa Isabel, y Tolima son fuente de agua de los ríos que alimentan a muchas ciudades de la región andina. 

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, habría un “incremento de áreas vulnerables para el desarrollo de la malaria, el dengue y mayor población afectada por inundaciones”. 

Pero para el profesor Juan Camilo Villegas Palacio, en términos prácticos no hay que hacer una diferenciación por países y más bien por regiones, si se quiere. Y la región norte de Suramérica, según él, es muy “vulnerable social y ecológicamente” a los impactos del cambio climático. 

En el mundo, según datos del programa Copernicus y del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, la temperatura media global alcanzó en 2025 los 1,47 °C por encima de los niveles preindustriales, acercándose peligrosamente al límite de 1,5 °C establecido por la comunidad internacional en el Acuerdo de París.

Si alcanzamos ese incremento de 1,5 °C tendremos consecuencias gravísimas para los ecosistemas mundiales. La primera víctima son los arrecifes de coral. Desde 2024, las olas de calor están matando con mayor velocidad a la estructura viva más grande del planeta y de la que dependen un cuarto de las especies marinas. Este es un punto de no retorno para el cambio climático.

Desde 2015 hasta hoy, el planeta ha tenido los 11 años más calientes jamás registrados.Cada año ha sido más caluroso que el anterior, según datos de la Organización Meteorológica Mundial. Estos datos se miden desde hace 176 años.

Según la NASA, para el año 2100 el nivel del mar habrá aumentado 20 centímetros si continuamos con las emisiones de gases de carbono al ritmo actual que provocan el deshielo de los glaciares. Un golpe tremendo para las poblaciones costeras. Pero surge la pregunta, ¿Es muy tarde para hacer algo?

Para el profesor Villegas nunca es tarde, pero es importante actuar urgentemente. “Siempre podemos actuar para disminuir los impactos y los efectos. Frenar (los impactos), quizás no sea posible ya, pero disminuir la velocidad del cambio sí será posible y por lo tanto hay que tomar acciones”, dice el investigador.

Los esfuerzos por ayudar al planeta muchas veces son muy locales, pero la suma de estos esfuerzos hacen la diferencia.

Por ejemplo, Salomé Ramos Niño, activista ambiental, líder y creadora de Tu planeta, tu casa, que se encarga de educar niños desde los cuatro hasta los catorce años, trabaja en su departamento, Meta, ayudando a hacer consciencia sobre el impacto del cambio climático, para que se hagan los trabajos del campo de manera más sostenible.

Franklin Steven Corrales Delgado, gestor ambiental y director ejecutivo de Soy Pacífico, une esfuerzos para proteger y restaurar los ecosistemas como manglares, bosques húmedos y cuencas hídricas, pero también por frenar la deforestación y la minería ilegal.

Pero ambos destacan la educación climática. Y ese es uno de los grandes retos. Salomé explica que llegar a la gente en la ciudad es relativamente fácil, a través de charlas lúdicas o aulas vivas, pero que “lo más difícil es llegar a las zonas incomunicadas, porque allí no tienen internet”. Además, señala que otro desafío es trabajar con las personas mayores: “volver a enseñar a alguien que ya tiene hábitos muy arraigados en su vida”.

Por otro lado, Franklin cuenta que es fundamental fortalecer los liderazgos que existen en el pacífico colombiano y en el país. Pero vuelve a la educación. 

“Empezar a educar a nuestros niños, niñas y adolescentes, esos jóvenes porque si no los concientizamos a ellos de aquí a unos 20 años, 30 años van a van a seguir cometiendo los mismos errores que hemos cometido nosotros en el presente y son ellos los llamados a recibir todos los efectos del cambio climático”, dice Franklin.

El director de la UNGRD (Unidad Nacional de Gestión del Riesgo) Carlos Carrillo, informó recientemente que el Sistema está operando en las regiones más problemáticas. Serán distribuidos trece mil paquetes de ayuda humanitaria en el departamento de Córdoba.

También se mantienen activos los protocolos de evacuación preventiva para evitar más pérdidas por las inundaciones.

Por otro lado, el funcionario mencionó que la Fuerza Pública acompaña actualmente los rescates más difíciles, especialmente en sectores donde los problemas de orden público complican las tareas.

La tragedia en Córdoba demuestra que el clima ya no da tregua. El cambio climático nos recuerda que es necesario actuar ya y que la prevención y la educación ambiental no son lujos, sino requisitos para buscar un balance en el planeta. Actuar con pequeñas acciones es el punto de partida. 

Por su parte, la sociedad civil también se ha pronunciado. ASOCORDIM, Benposta y Corporación Tiempos de Vida expresaron su preocupación y solidaridad con los afectados e hicieron un llamado a las autoridades mediante un comunicado: «Hacemos un llamado a las entidades competentes del Estado que actúen con celeridad y eficacia ante esta calamidad; a las organizaciones y población les exhortamos a contribuir para mitigar el sufrimiento de personas, familias y comunidades».