
Por: María Angélica Orozco
¿Alguna vez has sentido que tu cerebro sigue dormido mientras tú ya estás en clase de matemáticas?
No solo te pasa a ti. En Colombia, muchos estudiantes empiezan su jornada escolar antes de las 7:00 de la mañana. Eso significa levantarse cuando todavía está oscuro, justo cuando el cuerpo quisiera seguir durmiendo.
Una de esas estudiantes es Zahariana. Tiene 13 años y vive en Neiva, Huila.
“Estudio de lunes a viernes y mi alarma suena a las 4 de la mañana, porque entro a las 5:50”, cuenta.
Ella dice que, si se acuesta tarde, al día siguiente se levanta muy cansada y con mucho sueño.
A Juan José, de 7 años, también le cuesta levantarse cuando todavía no ha salido el sol.
Su mamá cuenta que todas las mañanas tiene que insistirle mucho para que se levante. Algo con lo que muchos padres y madres pueden sentirse identificados.
“Mi cuerpo se siente muy agotado porque me falta dormir”, dice Juan José. Según él, el sueño le dura todo el día.
Y eso que Juan José no es de los que más madruga: su mamá lo despierta a las 6:00 de la mañana.
Pero en Colombia hay muchos niños y jóvenes como Zahariana que deben estar en el salón de clases incluso antes de las 6:00 a. m.
La realidad en las escuelas rurales
Para quienes estudian en zonas rurales, el desafío puede ser aún mayor.
Dayana González, una profesora en Antioquia, cuenta que algunos de sus estudiantes caminan hasta una hora entre cafetales y montañas para llegar al colegio a las 7:00 de la mañana.
Incluso hay niños pequeños que deben levantarse a las 5:30 para llegar a tiempo.
Aunque en el campo muchas personas están acostumbradas a madrugar, eso no significa que sea fácil para los estudiantes.
Dayana dice que al final de la jornada escolar sus alumnos ya están muy cansados.
“Las últimas horas de clase casi se pierden porque los estudiantes ya no tienen energía”, explica.
Estudio sin madrugón
Por esta razón, en el Congreso de Colombia se discute un proyecto de ley llamado “Estudio sin madrugón”.
La idea es que los colegios no empiecen clases antes de las 7:00 de la mañana.
Esta propuesta se basa en estudios científicos que analizan cómo el sueño influye en el aprendizaje.
Un análisis que revisó 38 investigaciones encontró que comenzar las clases más tarde puede ayudar a los estudiantes a:
- Dormir más durante la semana.
- Llegar a tiempo con mayor frecuencia.
- Estar más atentos en clase.
Dormir un poco más puede marcar una gran diferencia.

El reto de la concentración
El debate no solo tiene que ver con madrugar. También con la forma en que se organizan las clases.
¿Te ha pasado que después de un rato ya no entiendes lo que explica el profesor?
A veces la mente se distrae y cualquier cosa, como el ruido de un lápiz o una mosca volando, parece más interesante que la clase.
Un estudio encontró que muchas clases de 60 minutos son muy largas para la capacidad de atención de los estudiantes.
Desde los 10 años, el cerebro puede concentrarse intensamente entre 20 y 50 minutos. Si además hay falta de sueño, prestar atención se vuelve mucho más difícil.
¿Y la salud emocional?
Dormir poco no solo produce cansancio. También puede afectar cómo nos sentimos.
Algunos estudios muestran que muchos jóvenes sienten con frecuencia fatiga, irritabilidad o tristeza.
Por eso, algunos científicos creen que empezar las clases un poco más tarde podría ayudar al bienestar de los estudiantes.
Dormir no es un lujo.
Es una necesidad para que el cerebro funcione bien y podamos aprender mejor.
Y tú, ¿crees que empezar clases más tarde sería bueno para ti?





