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¿Los videojuegos también traen beneficios emocionales?

Ilustración Isabella Meza Viana

Por Alejandro Valencia Carmona

Normalmente se dice que los videojuegos son solo una distracción vacía o un «vicio» que te aísla. Mientras el mundo sigue debatiendo si las pantallas son perjudiciales, una nueva oleada de investigaciones científicas y testimonios están revelando la otra cara de la moneda: los videojuegos son una herramienta de gestión emocional.

En un mundo donde el estrés académico y la ansiedad cada vez están más presentes, el gaming está emergiendo como un espacio de desahogo y salud mental. No se trata solo de ganar una partida, sino de cómo el juego está ayudando a jóvenes a tener un espacio propio fuera de los problemas del día a día.

“Jugar me hace sentir mucho mejor y me quita el estrés ya que puedo puedo hablar y compartir con mis amigos”, cuenta Angelo estudiante del Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) en Medellín de 19 años. 

La respuesta de Angelo no es sorpresa si tenemos en cuenta el Informe Global Power of Play 2025 que dice que los videojuegos son buenos para la salud mental. Tras un estudio hecho a más de 24.000 personas en 21 países se encontró que los videojuegos son más que entretenimiento, también ayudan a bajar los niveles de estrés, incrementan la creatividad y adaptabilidad.

Además, la psicóloga Laura Martínez explica que hay otros beneficios que no saltan a la vista, pero que están allí: “la exposición repetida a emociones intensas en los juegos y el volver a intentarlo para mejorar puede tener un impacto en la regulación emocional y fomentar una visión de resiliencia”.

Entre los encuestados, el 66% dijo que lo hacían para divertirse, el 58% para liberar el estrés y el 46% dijo que para mantener la mente aguda y ejercitar el cerebro.

“Los estudios muestran cómo los videojuegos fortalecen las conexiones sociales, apoyan la salud mental y el bienestar, y desarrollan habilidades valiosas en todos los grupos de edad. Estos se utilizan cada vez más para mejorar el rendimiento en el mundo real en atención médica, aviación, exploración espacial, negocios, e incluso en deportistas profesionales”, se lee en el informe

Este informe además recoge otras investigaciones sobre los impactos positivos de los videojuegos que van más allá del bienestar personal de los niños y adolescentes. También puede ayudar a facilitar a personas el aprendizaje y a veteranos militares a reintegrarse tras el servicio. Incluso los videojuegos ayudan a capacitar a trabajadores en campos de alto riesgo para entrenar en entornos controlados sin riesgos del mundo real.

También sirven en los espacios educativos. A Gabriela Robles Vanegas, una estudiante universitaria de 19 años, su profesor de Química del colegio le dejaba como tarea interactuar con diferentes elementos químicos en Minecraft, un videojuego de mundo abierto donde los jugadores exploran, minan recursos y construyen estructuras con cientos de elementos.

“La verdad fue muy buena esa experiencia, ya que pues no solo fue como el entretenimiento del juego, sino también poder hacer experimentos y todo eso sin tener que arriesgarse en persona a saber cómo llegar a funcionar”, cuenta Gabriela.

“Los videojuegos aportan un valor inmenso a nuestras vidas, brindan vías de conexión sin fronteras y mejoran nuestro bienestar mental y social”, dijo Stanley Pierre-Louis, presidente de Entertainment Software Association que hizo la investigación sobre los beneficios de los videojuegos a mediados del año pasado.

Mundialmente, un 55% de la población que consume videojuegos lo hace en celulares. Principalmente son juegos de acción y rompecabezas. Por otro lado, el más reciente estudio de mercado de los videojuegos reveló que casi la mitad de la población mundial juega videojuegos y que las ganancias de esta industria alcanzan los 188.8 billones de dólares.

Aunque no hay datos muy específicos acerca de la cantidad de niños que juegan en el mundo, en Estados Unidos el 83% de niños entre 5 y 12 años lo hacen, y teniendo en cuenta que el juego en celulares es el que predomina no es descabellado decir que la cifra en otros países del mundo es alta también. Por ejemplo, en España la cifra también ronda el 80%. En Colombia según cifras del DANE, para el 2024 más del 60 % de la población jugó videojuegos.

La Academia Estadounidense de Pediatría sugiere que el tiempo para que los niños jueguen debe ser inferior a 60 minutos por día en días escolares y 2 horas o menos en días no escolares. Pero el promedio mundial se ubica entre las 3 y 4 horas diarias. 

Angelo, por ejemplo, juega videojuegos de disparos como Fortnite, Valorant o de fútbol como FC26 unas 4 o 5 horas al día. 

Aunque los videojuegos destacan por su capacidad de entretener, potenciar el ingenio y fortalecer las relaciones sociales, también representan una amenaza considerable para los menores de edad. Por eso es clave mantener un uso responsable ya que pueden exponer a los jóvenes a ideologías radicales en los juegos en línea o fomentar comportamientos adictivos similares a los juegos de azar.

La poca actividad física  y el insomnio son otros de los riesgos, además de generar ansiedad y el aislamiento social. El cerebro se termina enganchando demasiado al mundo virtual y la vida real queda en pausa, lo que puede llevar a irritabilidad y falta de concentración.

Pero lo peor ocurre online. Ciberacoso y estafas con microtransacciones, la red es un campo minado. Los menores se exponen a violencia y robo de datos en plataformas que parecen inofensivas. Jugar es divertido, pero sin control, hay riesgos que se podrían evitar.

La psicóloga Laura Martínez explica que para encontrar un balance en el tiempo que se consumen videojuegos hay que dejar de ver el juego como un enemigo y verlo como lo que es: un hobby.

Además, dice que hay unas señales de alerta clave para saber cuando los videojuegos están afectando a la persona: cuando haya irritabilidad por dejar de jugar, el abandono del autocuidado, la pérdida de la capacidad de disfrute y el aislamiento social.

“Para mantener el balance entre los deberes y el juego tengo unas horas específicas para jugar. En las mañanas hago mis deberes y ya a la tarde, después de las 3 o 4 empiezo a jugar”, dice Angelo.

Por su parte, Gabriela también intenta darle un balance a su vida entre sus deberes y los videojuegos. Primero hacer los pendientes y luego jugar. Pero todo plan puede fallar. “Cerrar esa esa tarea antes de ponerme a jugar, porque lo que te digo, a veces se me va el tiempo y si tengo otra cosa que hacer, pues me gana el juego y sigo voy a jugar una hora, hora y media o dos horas”, cuenta Gabriela

Ambos saben lo que pasa con los videojuegos, parte de los beneficios y parte de los riesgos, y no es algo bueno ni malo, es parte de su día a día.