
Ilustración: Isabella Meza Viana
Por Alejandro Valencia Carmona
Hoy, 3 de febrero, Petro y Trump se ven cara a cara en Washington. Un encuentro clave entre los dos presidentes tras un año de tensiones que podría cambiar —para bien o para mal— la relación entre Colombia y los Estados Unidos.
Gustavo Petro aterriza en Washington con un objetivo muy claro: frenar las peleas con el presidente Trump y evitar sanciones económicas como castigo que podrían golpear el bolsillo de los colombianos.
La relación entre Colombia y los EE.UU. atraviesa uno de sus momentos más tensos, pese a haber sido históricamente cercana y colaborativa. Los choques personales entre ambos mandatarios —con amenazas, disputas y cruces en redes sociales— rompieron la comunicación. Con la reunión de hoy, se espera dejar atrás esa etapa.

La tensión comenzó en enero de 2025. Recién asumía Donald Trump cuando Gustavo Petro lanzó fuertes críticas a su política de deportaciones masivas. El choque escaló cuando Estados Unidos deportó a colombianos sin documentos, algunos esposados en los vuelos de regreso. Ese episodio desató una disputa comercial que luego se resolvió con acuerdos.
Pero fue la calma antes de la tormenta.
Petro invita a desobedecer a Trump en la ONU
En septiembre de 2025, el presidente Gustavo Petro dio un discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) donde dijo que “Trump era cómplice del genocidio en Gaza”. Esto hizo que la delegación d<e Estados Unidos abandonara el lugar. Pero lo que vino después le echó más leña al fuego.
En las calles de Nueva York y con un megáfono en la mano, Petro invitó a los soldados estadounidenses a “desobedecer las órdenes de Trump”. Para Washington, Petro se paso de la raya y se metió en en asuntos internos de Estados Unidos. La respuesta fue contundente. La visa de Petro fue revocada.
La lista Clinton
La trama continuó en octubre con la inclusión de Gustavo Petro, su esposa Verónica Alcocer, su hijo Nicolás Petro y el ministro del Interior Armando Benedetti en la lista Clinton. En ese momento el gobierno estadounidense jugó la carta de relacionar a Petro y sus allegados con el narcotráfico en Colombia y les quitó la visa.
La lista Clinton es un listado que hace la Oficina de Control de Bienes Extranjeros de Estados Unidos que se usa para congelar el dinero y las propiedades de una persona que, según el gobierno estadounidense, estaría involucrada en narcotráfico. Petro fue acusado de no hacer los esfuerzos suficientes para detener la producción de coca en el país aunque las incautaciones alcanzaron un récord histórico: más de 700 toneladas en 2025.{¿

Trump amenaza con capturar a Petro como lo hizo con Maduro
En adelante, la tensión continuó. Petro comparó a los operativos del ICE, la agencia encargada de la deportación masiva de migrantes con las tácticas que usaron los Nazis en la Segunda Guerra Mundial.
El 3 de enero, el gobierno estadounidense envió operativos a Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro y procesarlo por cargos de narcotráfico. Cuando una periodista le preguntó a Trump sí algo similar podría pasarle a Colombia, Trump dijo que no le parecía una mala idea. También en varias declaraciones, Trump sugirió que Petro era “el siguiente” y que debía cuidarse.
En los días siguientes continuó la discusión entre mensajes en redes sociales y comentarios lanzados al aire. El 8 de enero Petro llamó a Trump. La conversación duró alrededor de una hora y ambos tantearon el terreno para bajarle a las amenazas e insultos. Lo que nos lleva a la reunión que tendremos hoy en la Casa Blanca, donde Petro y Trump buscarán tener ese apretón de manos que acabe con la crisis diplomática.
¿Qué esperamos de esta reunión?
En la política global, los vínculos personales lo son todo. Como dice el internacionalista Andrés Pinzón, «las relaciones internacionales juegan un papel fundamental porque la acción diplomática se conduce mediante seres humanos». Si todo fuera código, lo manejaría una computadora, pero sin ese toque humano el sistema pierde dinamismo. No todo es protocolo rígido; la verdadera conexión ocurre en cenas donde, según Pinzón, «se dedican a hablar las personas que tienen el poder».
Trump y Petro tienen personalidades muy fuertes.Pinzón señala que ambos tienen «personalidades muy arraigadas y poco flexibles», lo que hace difícil que fluyan. En una reunión el reto es manejar ese choque. Para Alejandro Bohórquez, Internacionalista de la Universidad Externado, la clave es la afinidad, pues «en los momentos en que no hay afinidad es precisamente donde Estados Unidos aprieta en sus políticas», volviéndose mucho más intenso.
Los asesores, por su parte, están en modo supervivencia. Su misión es amenizar el ambiente, lo que, según Pinzón, «puede verse algo tan sencillo como no publicar tweets frente a otro Estado». No se trata de ser mejores amigos, sino de jugar con astucia.
Alejandro Bohórquez sugiere que el consejo para Petro es «hacerle creer a Trump que está ganando, que es el hombre fuerte que cree que es», logrando así colar la agenda propia sin generar una confrontación directa.
Al final, ambos buscan un beneficio político. Petro necesita validación y Trump una foto poderosa. Pinzón, por su parte, añade que para Petro es vital conseguir «una validación por parte de un presidente que se considera contrario». Es un movimiento táctico para demostrar que, pese a las diferencias, pueden coexistir sin que la balanza se incline negativamente para el país.
¿Entonces cómo puedes trabajar con alguien que no te cae bien?
Como bien lo explicó Pinzón, Trump y Petro no tienen que ser amigos, solo deben llevarse en buenos términos. La psicóloga Sindy Gazo explica que limar esas asperezas es necesario Se debe identificar la causa de la dificultad o tensión, revisar si se basan en estereotipos o creencias erróneas y llegar a la interacción con la persona
Según ella, para empezar a construir puentes hay que revisarse también a uno mismo. Y entender al que está enfrente. «El otro actúa desde lo que es. Muchas veces ni siquiera desde la dificultad que tiene contigo, entonces hay que aprender a entender eso”, dice la psicóloga. Y esto aplica para las disputas que tengan presidentes, pero también cuando hay que trabajar con alguna persona con la que hay diferencias en el día a día.
Para Sindi Gazo, la clave está en la “neutralidad de la profesionalidad”. No se trata de quererse, sino de entender que hay un trabajo por hacer y que el vínculo solamente es laboral. En política, como en cualquier lugar, hay que tener claro desde dónde hablo con el otro, dejando de lado los sentimientos y las posiciones personales para llegar a buen puerto.
Cada líder es un universo diferente. Gazo advierte que «las dificultades siempre van a surgir», pero el truco es saber sobrellevarlas sin tomárselo personal. Y ese va a ser el mayor reto para Petro que va a tener que manejar sus ideas y su cabeza para jugar bien sus cartas. Al aceptar que somos mundos distintos, la diplomacia se vuelve un ejercicio de pragmatismo: Petro y Trump deben reconocer sus límites y trabajar en lo que les toca.




