
Colombia tiene un problema gigante. Y cuando decimos gigante, lo decimos en serio. Hace unas semanas el gobierno anunció un plan para aplicar la eutanasia a 80 hipopótamos.
Pero, ¿cómo terminaron estos animales africanos en nuestro país? ¿Y por qué son una amenaza para la naturaleza?
Aquí te lo contamos todo.
¿De dónde salieron?
Todo empezó en los años 80. El narcotraficante Pablo Escobar decidió crear su propio zoológico privado en una propiedad llamada Hacienda Nápoles.
Trajo elefantes, jirafas y, por supuesto, cuatro hipopótamos.
Cuando Escobar murió en 1993, la hacienda quedó abandonada.
Casi todos los animales fueron llevados a otros lugares, pero nadie quiso a los hipopótamos. Se quedaron solos, se escaparon y encontraron el hogar perfecto: el río Magdalena.
En Colombia tienen todo lo que les gusta: mucha agua, mucha comida y, lo más importante, no tienen depredadores.
En África, las sequías y los leones controlan su número, pero en Colombia nada los detiene.
Solo crecen y crecen
Lo que empezó con solo cuatro animales se ha salido de control. Según las estimaciones de los expertos. El número de hipopótamos no parará de crecer.
En el 202 había 169 hipopótamos y se estima que para 20230 habrá unos 500.
En el 2035 podrían ser más de 1.000.

Como se reproducen tan rápido, el gobierno los declaró oficialmente como una especie invasora.
Esto significa que no pertenecen a ese ecosistema y que están causando daños graves a los animales que sí son de allí.
¿Por qué son peligrosos para la naturaleza?
Parecen tranquilos cuando están en el agua, pero los científicos dicen que son «ingenieros» que destruyen todo a su paso.
Primero, está el tema del excremento. Los hipopótamos hacen muchísima caca en el río.
Esto contamina el agua y quita el oxígeno, lo que hace que los peces mueran. También pueden transmitir enfermedades a los humanos.
Segundo, su peso. Como pesan más de una tonelada, al caminar aplastan la orilla del río y cambian su forma.
Esto afecta a especies locales que están en peligro, como el manatí del Caribe y la tortuga de río. Además comen tanta planta nativa que dejan sin alimento a los animales más pequeños.
¿Y son peligrosos para la gente?
¡Mucho! El hipopótamo es considerado uno de los animales más agresivos del mundo.
En lugares como Uganda, el 87% de los encuentros entre humanos e hipopótamos terminan mal.
En Colombia, los pescadores y los niños que viven cerca del río ya tienen miedo.
Ha habido ataques, persecuciones en el agua y encuentros peligrosos en las carreteras. Para los habitantes de zonas como Puerto Triunfo, convivir con ellos es un riesgo diario.
El plan de los 80: ¿Qué va a pasar ahora?
Después de años de discusión, la ministra de Ambiente, Irene Vélez, confirmó que el plan comenzará en la segunda mitad de este año. El objetivo es reducir la población eliminando a 33 individuos por año.
El plan tiene dos partes:
La primera es la traslocación: Intentar llevar a algunos a zoológicos o santuarios en otros países.

Y el segundo es la eutanasia para 80 de ellos. Se usará una inyección química o un disparo de rifle por parte de un tirador experto.
Hacer esto no es barato. La eutanasia de cada hipopótamo cuesta unos 50 millones de pesos Eso sin contar que enterrar el cuerpo es obligatorio por salud pública.
¿Por qué no simplemente enviarlos a otro país?
Parece la solución más fácil, ¿verdad? Pero hay un problema genético. Como todos los hipopótamos de Colombia vienen de los mismos cuatro animales originales, tienen pobreza genética.
Esto significa que tienen muchos defectos de nacimiento y otros países no quieren recibirlos por miedo a que traigan problemas de salud.
Además, mover un animal de ese tamaño a otro continente es increíblemente caro y difícil.
Un país dividido
No todo el mundo está de acuerdo con el plan. La polémica es enorme:
Los científicos dicen que es una medida necesaria y urgente. Las especies invasoras causan el 60% de las extinciones en el mundo. Si no se hace nada, el daño será irreversible para el ecosistema.
Por otro lado, los animalistas y personas como la senadora Andrea Padilla dicen que el plan es «cruel». Creen que los animales no tienen la culpa de la irresponsabilidad de los humanos y que se deberían buscar otras formas de salvarlos.
Y para muchos habitantes, el hipopótamo ya es parte del paisaje y ayuda al turismo. Algunos los ven como vecinos, aunque admiten que son peligrosos.
¿Es una medida cruel o es la única forma de salvar el río Magdalena? El debate sigue abierto, pero el tiempo se agota para la biodiversidad de Colombia.




