
Por: María Angélica Orozco
¿Alguna vez has sentido la tentación de pedirle a ChatGPT que te escriba ese ensayo sobre ese libro larguísimo de Español? A todos nos ha pasado. Más aún cuando queremos hacer otras cosas más chéveres.
Las IA son ayudantes, como Jarvis para Tony Stark. Nos pueden sacar de apuros, ayudarnos a entender temas o resumir textos.
“Sigo razonando en mi cabeza, sino que suele facilitarme la vida. A veces la uso por pereza, pero realmente uso mi propia conciencia”, cuenta Manuel Tovar, estudiante de la Escuela Normal Superior del Alto Sinú, en Tierralta, Córdoba.
Estas herramientas son un gran poder, pero también pueden limitar nuestra capacidad de pensar si todo se lo dejamos a la IA.
Vale la pena parar un segundo y preguntarse: ¿estoy usando bien la IA en el colegio? Porque un gran poder implica una gran responsabilidad, como dice el Tío Ben.
Más allá de la nota o el diploma, lo importante es aprender y entender.
El problema
Fredy Fernández, profesor de la misma institución, dice que el mayor riesgo es la dependencia. Esto puede afectar el pensamiento crítico.
¿Y qué es eso? El pensamiento crítico es la capacidad de analizar, evaluar y cuestionar lo que vemos o escuchamos.
Por eso, el profe propone cambiar las formas de evaluar: “La exposición, el debate y la sustentación son herramientas clave”.
Una tarea puede hacerse con IA, pero copiar y pegar no garantiza aprendizaje. Algunos profes hablan de “pereza mental”. ¿Será cierto?
Aun así, la IA tiene usos positivos. Manuel la usa para mejorar su ortografía y preparar exposiciones: “Si un tema está muy largo, le pido que lo resuma”.
Estos son los “factos”
La IA es mucho más que un chat que hace tareas. No es una sola cosa, sino un conjunto de tecnologías.
“Cuando hablamos de inteligencia artificial hablamos de un grupo diverso de herramientas”, explica Juan David Gutiérrez, profesor de la Universidad de los Andes.
Puede ayudar a personalizar el aprendizaje, pero aún falta planeación. En 2022, la UNESCO encontró que solo 15 de 190 países tenían objetivos claros sobre usar la IA en educación.
Además, no se trata solo de usar tecnología, sino de entender cómo funciona. Como usuarios del mundo digital, necesitamos cuestionar los algoritmos, no solo obedecerlos.
¿De dónde salió la IA?
Aunque parezca nueva, la IA existe desde los años cincuenta, cuando se intentaban crear “tutores artificiales”.
En los años ochenta y noventa surgió el machine learning, donde las máquinas empezaron a aprender de datos.
Con el nuevo milenio llegaron plataformas en línea y respuestas rápidas. Pero el gran cambio ocurrió alrededor de 2020, con el boom del Big Data y los chatbots como ChatGPT.
Hoy, la IA puede reconocer, clasificar, predecir y generar contenido, imitando algunas funciones humanas.

Los riesgos
Usar IA también tiene peligros. Uno es la privacidad: ¿qué pasa con tus datos?
Otro es la “caja negra”: la IA da respuestas sin explicar claramente cómo llegó a ellas.
También están los sesgos. Si se entrena con información con prejuicios, los reproduce.
Por eso, el pensamiento crítico sigue siendo clave. La IA puede equivocarse.
El debate está abierto
La IA ya es parte de nuestra vida. No podemos ignorarla, pero tampoco dejar que haga todo por nosotros.
Para Gutiérrez, usar IA es como manejar un carro: hay que conocer las reglas, evitar riesgos y aprovechar sus ventajas.
¿Y tú? ¿La estás usando para aprender más o solo para que haga las cosas por ti?





