
Por: María Angélica Orozco
Esta historia contiene menciones a abuso sexual. Se recomienda discreción.
Esta semana se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer y debido a esto nos preguntamos ¿es difícil crecer siendo una niña?
La respuesta no es igual para todas. Depende del lugar donde creces, de tu familia, de tu colegio y de las oportunidades que tengas. Pero hay historias que muestran con claridad los riesgos y desigualdades que enfrentan muchas niñas.
En Colombia, una de esas historias fue el feminicidio de Yuliana Samboní en 2016. Tenía siete años cuando fue abusada sexualmente y asesinada en Bogotá. Su caso generó indignación nacional, pero no fue un hecho aislado. Según cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal entre 2019 y 2025 se presentaron en promedio 53 casos diarios de diferentes tipos de violencia contra niñas y adolescentes en Colombia.
Del dolor a la resistencia
Antonia Gómez tiene 16 años. Es la fundadora de Resistencia Chiquita, un colectivo que busca, entre otras cosas, que las niñas no tengan miedo de crecer.
Recuerda que cuando era muy pequeña conoció el caso de Yuliana y se sintió muy triste y asustada, tanto que le preguntó a su mamá si a todas las niñas de 7 años les iba a pasar eso.
“Mi mamá encontró las palabras más suaves para decirme que no era solo a las niñas de 7 años, sino en general a las niñas por ser niñas”, recuerda Antonia.
Y esto probablemente fue el inicio de sus ganas de acercarse a otras niñas y recordarles que no estaban solas.
«Yo quería que las niñas pudieran decidir qué querían ser», dice Antonia.
Con su colectivo Resistencia Chiquita, Antonia ha llevado talleres de danza y arte a comunidades como la vereda El Verjón, en Cundinamarca. Allí se encontró con una realidad que la impactó: muchas niñas y mujeres sentían que solo tenían dos caminos posibles en la vida, ser madres o dedicarse al cuidado del hogar.
Aunque el camino no ha sido facil, ha sido para ella un gran crecimiento: “Me he aprendido a desenvolver en este mundo y en esta sociedad en el que uno tiene que poner sus límites o si no no son respetados”, cuenta.

¿Cuándo se vuelve difícil crecer?
Luisa María Valencia, es periodista y creadora de contenido sobre feminismo (un movimiento social y una forma de pensar que busca que mujeres y hombres tengan los mismos derechos, oportunidades y respeto en la sociedad) y derechos humanos, ella recuerda que mientras era una niña jugaba fuerte, se despeinaba y eso no parecía ser un problema. Pero al llegar a la adolescencia empezó a notar cambios.
“A las niñas se les impone desde pequeñas a ceder, a poner a los otros primero”, dice.
Según explica, a muchas niñas se les enseña a ser “delicadas” y “juiciosas”, mientras se desvalorizan emociones como el enojo o la inconformidad.
Eso se refleja en situaciones cotidianas: niñas obligadas a abrazar a familiares aunque no quieran, o acostumbradas a recibir menos comida que sus hermanos porque “los hombres comen más”.
Según Luisa, cuestionar la idea de que una “buena niña” es la que siempre sonríe, obedece y no incomoda es un paso importante para que las niñas puedan desarrollarse con libertad.
¿Qué necesitan las niñas para sentirse seguras?
Daphne Saavedra, de 19 años es lideresa social y miembro de la Red Feminista Local de Suba, en Bogotá, explica hay algo fundamental: permitir que las niñas piensen por sí mismas.
“No imponerles cosas, incluso si son ideas dentro del feminismo. Hay que permitirles decidir y encontrar su propio camino”, dice.
Daphne explica que acompañar a las niñas es muy importante, pero ese acompañamiento debe hacerse sin juzgarlas y respetando sus tiempos y decisiones. Para ella, lo más importante es que puedan ser libres.
También dice que es fundamental enseñarles a querer y respetar su cuerpo, y a no ver a otras mujeres como competencia, porque esa idea muchas veces se aprende desde pequeñas.
Según Daphne, hacer que el mundo sea un lugar más justo para las niñas no es solo responsabilidad de ellas. Hay que cuestionar los roles y estereotipos de género Si desde pequeñas les dicen que ciertos juegos “no son para niñas”, es más probable que después crean que algunas profesiones o metas tampoco son para ellas. Y eso puede reducir sus oportunidades y frenar su desarrollo.
Entonces, ¿es difícil crecer como niña?
Volviendo a la pregunta inicial —si es difícil crecer siendo una niña— la respuesta sigue siendo compleja.
Para algunas niñas, como Antonia, las dificultades se convierten en una razón para actuar, crear colectivos y abrir conversaciones que antes no existían.
Pero que crecer sea más fácil para las próximas generaciones no puede depender solo de las niñas. Es una responsabilidad de toda la sociedad: de las familias, las escuelas, las instituciones y también de los niños y los hombres.
Y tú, ¿qué estás haciendo para que las las niñas y adolescentes vivan más seguras y sin discriminación? Te leemos en nuestras redes sociales.







