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Niñez del mundo: conversando con el fotógrafo Gabriele Galimberti

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Alejandro Valencia Carmona

¿Recuerdas los juguetes con los que jugabas de niño? Tal vez los ordenabas todos en filas, para ir jugando con ellos uno a uno. 

Batallas épicas. Escenas muy dramáticas de dinosaurios o princesas. ¿Pero te has preguntado si los niños de todos los rincones del mundo juegan con juguetes parecidos?

¿Cuál es la relación que tienen los niños con los juguetes?

El fotógrafo italiano Gabriele Galimberti decidió dejar de imaginarlo y salió a buscar la respuesta con su cámara.

«Mi trabajo consiste principalmente en contar historias de personas de todo el mundo a través de retratos y narraciones, poniendo bajo el foco sus peculiaridades y diferencias», cuenta Gabriele.

Todo lo resumió en un proyecto: Toy Stories. Sí, un nombre parecido a la película de Pixar. ¿Tiene todo el sentido del mundo? “Historias de juguetes”, si lo traducimos. 

Pero son mucho más que simples fotos de juguetes.

Es un viaje internacional por la realidad de la infancia actual.

Gabriele nació en 1977 en Val di Chiana, un lugar muy bonito en la Toscana, Italia. 

Es un man muy teso. Desde 2016 trabaja para National Geographic y ha ganado premios muy importantes, como el World Press Photo 2021 por su trabajo The Ameriguns.

A Gabriele le encanta contar historias de personas reales a través de la fotografía documental.

Se fija en lo que nos hace diferentes, pero también en las cosas de las que estamos orgullosos y en los objetos que nos rodean

Para él, las redes sociales son una herramienta clave para investigar y encontrar historias increíbles. Sus fotos han estado en museos de Londres, Suiza y Francia. 

A veces las mejores ideas llegan cuando menos las esperas. De golpe, cuando están dejando que tu mente vuele y de pura casualidad dos ideas se conectan.

En 2009, Gabriele se preparaba para un viaje masivo de dos años por 60 países. 

El plan original era un encargo para una revista italiana: viajar por el mundo buscando hospitalidad, quedándose en casas de gente común y corriente en lugar de hoteles.

Pero antes de irse, una amiga le pidió que le hiciera una foto a su hija, Alessia. 

Cuando Gabriele llegó a la casa, encontró a la niña jugando en un establo con las vacas de su abuelo.

Sus «juguetes» eran herramientas de granja miniatura. Esa foto le encantó tanto que decidió repetir el experimento en cada país que visitara. 

«Fotografié a Alessia con sus juguetes, y realmente me gustó esa foto. Así que decidí que durante mi viaje por el mundo intentaría hacer lo mismo en todas partes», dice el fotógrafo.

Así, lo que era un viaje sobre hospitalidad, se convirtió también en una misión para retratar a más de 80 niños con sus tesoros más preciados.

Para que el proyecto tuviera sentido, Gabriele se puso unas reglas muy claras:

La edad: Los niños debían tener entre 3 y 6 años.

El lugar: Tenían que ser fotografiados en su propio entorno (sus casas o donde suelen jugar).

La composición: El niño siempre en el centro y, alrededor, sus juguetes favoritos organizados como si fueran un «pequeño universo personal».

«Inmediatamente entendí que estas podían ser fotos que contaran una historia sin necesidad de palabras», explica Gabriele

Y esto permite que, aunque sean niños de contextos tan diferentes, siempre hay cosas en común, que los une a todos. 

Lo que empezó como algo casual terminó durando años. De hecho, Gabriele nos cuenta que es un proyecto que nunca termina; siempre que puede, sigue sumando nuevas fotos a la colección.

«Me tomó dos años tomar las primeras 60 fotografías, pero a lo largo de los años he seguido fotografiando niños; diría que es un proyecto en curso», afirma.

Durante sus viajes por los cinco continentes, Gabriele vio de todo. Hay dos historias que se le quedaron grabadas en la memoria y que nos ayudan a entender lo desigual que es el mundo.

Las gafas de sol en Zambia: En un pequeño pueblo, Gabriele no encontraba a ningún niño con juguetes.

“Me encontré con este grupo de niños; todos llevaban las mismas gafas de sol. Me di cuenta de que habían encontrado una caja llena de gafas junto a la carretera principal… las gafas de sol fueron su juguete favorito esa semana», recuerda.

El niño en Líbano: Este pequeño era un refugiado de Palestina. Solo tenía un cochecito para jugar. 

«Sus padres realmente querían que lo fotografiara porque querían que mi proyecto incluyera al menos a un niño que pudiera representar el estado de Palestina», explica Gabriele.

Esta es una gran pregunta. Toy Stories es un estudio sobre la clase social y la desigualdad, pero la respuesta de Gabriele es clara: no.

El fotógrafo descubrió que los niños con muchísimos juguetes no son necesariamente más felices que los que solo tienen uno.

Los juguetes, ya sean caros o encontrados en la calle, sirven para lo mismo:.

En el juego, más que los juguetes, lo más importante es la imaginación.

No importa su tamaño o su forma; lo que cuenta es el cariño que el niño les tiene.

Aunque las primeras fotos se publicaron en 2013, el proyecto vuelve a hacerse famoso cada dos o tres años. 

Gabriele no sabe exactamente por qué, pero cree que es importante que siga circulando.

«Lo que digo puede sonar trillado, pero desafortunadamente, el mundo es injusto. No todos en este planeta tienen las mismas oportunidades, y eso es una injusticia», reflexiona seriamente. 

Vivimos en un mundo que a veces es injusto y donde no todos tienen las mismas oportunidades. «Cualquier obra de arte que nos recuerde este problema es importante y merece existir», dice el fotógrafo.

Mirar los juguetes de un niño es como mirar un mapa del mundo sin fronteras. 

Esto nos ayuda a entender la identidad y la cultura de cada lugar. Al final, todos fuimos niños y todos tuvimos ese objeto especial que nos hacía sentir seguros.

“No importa dónde estés en el mundo. Los niños entre 3 y 6 años solo quieren hacer una cosa: jugar”, explica Gabriele.

¿Cuáles eran tus juguetes favoritos cuando estabas más peque?