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Prohibición de las redes para menores de 16, ¿sí sirve?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Alejandro Valencia C

Seguro has escuchado que en varios países quieren «desconectar” a los menores de edad de redes sociales

Es una preocupación para muchos países alrededor del mundo que ya han tomado decisiones y otros siguen dándole vueltas al asunto. De todas formas, las leyes por sí solas no van a cambiar las cosas del todo. 

Algunos dicen que es por salud mental y física porque internet puede llegar a ser un lugar peligroso y otros dicen que es un golpe a la libertad.

Pero, ¿realmente funcionan estas leyes o solo nos enseñan a hacerle trampa a la ley?

Cristina Escobar Correa, Directora de Protección Infantil de Red PaPaz, explicó que «el modelo actual no está funcionando para proteger a las niñas y niños». 

Cuenta que las plataformas no se diseñaron para cuidarnos, sino para captar nuestra atención.

Pero incluso los jóvenes como Miguel, de Neiva, reconocen la importancia de tener más «conciencia» a la hora de usar redes sociales.

Él dice que los menores de 14 años son más «influenciables» y se dejan llevar más fácil por lo que ven en redes

«Deberían pedir el documento de identidad, como cuando uno abre una cuenta en el banco, para que se vea la fecha exacta de nacimiento», dice Luis, un joven de 22 años en Neiva, pero ese plan tiene sus fallas. Ya pasó en Australia.

Australia fue el primer país en pisar el freno y prohibió las cuentas para menores de 16. 

La ley obliga a plataformas como Tik Tok o Instagram a usar trucos de verificación de edad.

Pero, un año después, las cosas no van tan bien como el gobierno esperaba. Digamos que los muchachos australianos aprendieron algunos trucos.

Según la Fundación Molly Rose, El 61% de los chicos entre 12 y 15 años que ya tenían cuenta siguen entrando a ellas. ¿Cómo? 

Usan VPN, identidades falsas o simplemente cambian su apariencia frente a la cámara para engañar al software.

Incluso hay casos de jóvenes que han demandado al gobierno porque sienten que les quitan su derecho a expresarse.

Y hay padres que los apoyan, pues están convencidos de que el secreto no es prohibir, sino poner reglas en casa, como no usar el celular en el cuarto o entregarlo de noche.

Para Cristina Escobar, la clave de lo que pasa en Australia es que la responsabilidad ahora es de las empresas. 

«Son las plataformas las que deben demostrar que cuentan con sistemas efectivos de verificación de edad y responder ante las autoridades si no lo hacen», dice Cristina.

Se trata de pasar de que ellas mismas se vigilen a que tengan una «responsabilidad real».

Aquí la cosa está dividida. Hace poco, los diputados rechazaron copiar el modelo australiano.

No quieren una prohibición total, sino algo más flexible.

Algunos políticos dicen que las redes son como una droga y que, si un medicamento hiciera tanto daño, ya lo habrían quitado del mercado. 

Pero otros, y organizaciones de protección infantil, tienen miedo. 

Dicen que si prohíben las aplicaciones más famosas, terminaremos en los sitios sin reglas y mucho más peligrosos.

Ayer justamente, el gobierno inglés anunció que prohibirá los smartphones en las escuelas de Inglaterra.

Si te estabas asustando, tranquilo. El Gobierno Nacional ya aclaró que no piensa prohibir las redes. La ministra TIC, Carina Murcia, explicó que el nuevo decreto busca regular y vigilar, no prohibir.

El decreto es la Ley 2489 de 2025, que se aprobó el año pasado.

Su objetivo no es prohibir el uso de redes sociales, sino ponerle reglas a las plataformas como TikTok, Instagram o YouTube. 

Juan Sebastián, un joven de 19 años, asegura que el papel de los padres es «no darles celular a muy temprana edad», para así estar más pendientes de ellos y que no utilicen las plataformas desde tan pequeños. 

El objetivo es que internet sea un lugar menos peligroso para los menores de 18 años.

¿Es posible lograr esto en un país con tantas brechas digitales como Colombia? 

Cristina Correa cree que «sí es viable, pero solo si se diseña bien». 

Según ella, no hay que elegir entre protección y derecho a la información. La solución es que las aplicaciones se adapten a nuestra edad con «entornos seguros por diseño».

Lo que sí va a pasar es que empresas como Meta o TikTok tendrán que entregar informes anuales sobre cómo usamos sus apps. 

Además, se creó el Comité Nacional de Tecnología, Niñez y Adolescencia para ver qué está pasando y protegernos mejor del grooming o el ciberacoso.

En Colombia, el 70% de los jóvenes usan YouTube y TikTok, según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC). La ministra dice que la responsabilidad es de todos: el Estado, las empresas y familias.

En las escuelas neerlandesas ya llevan dos años con una regla: «El teléfono en casa o en el locker». 

No se puede usar ni en clase, ni en los pasillos, ni en el recreo.

¿Ha servido? Los profes dicen que sí.

Tres de cada cuatro escuelas dicen que los alumnos se concentran más, según reporte oficial del gobierno de Países Bajos tras analizar 317 colegios.

Además, dentro de los resultados, el reporte dice que hay menos acoso porque nadie tiene miedo de que le tomen una foto vergonzosa para subirla a Snapchat. 

Los estudiantes dicen que ahora hablan más entre ellos y van a las tiendas en lugar de quedarse pegados a la pantalla en la cafetería.

Un juicio histórico el pasado 25 de marzo en Los Ángeles marcó un antes y un después en la manera en la que vemos a las redes sociales. 

Y también puso contra las cuerdas a las empresa que las manejan

Una joven llamada Kaley, que hoy tiene 20 años, demandó a Meta y Google. 

Ella empezó a usar YouTube a los 6 años y pasó de estar 16 horas al día conectada a sufrir ansiedad, depresión y dismorfia corporal, es decir, se obsesionó con su físico por los filtros.

El jurado decidió que las empresas son responsables de su adicción.

Esto coincide con lo que dice Red PaPaz: las redes están hechas para «maximizar el tiempo de uso» y «enganchar» a los usuarios.

Los abogados demostraron que las apps usan funciones como el scroll infinito para tenernos «enganchados». 

Kaley recibirá 6 millones de dólares como indemnización. Esto demuestra que el problema no es solo cuánto tiempo pasamos ahí, sino cómo están diseñadas las apps.

La educación es importante, pero no hace magia sola. Cristina Escobar Correa propone cuatro pilares para que naveguemos seguros:

  1. Pensamiento crítico: Que podamos cuestionar lo que vemos, desde retos hasta contenido sobre nuestro cuerpo.
  2. Gestión del tiempo: Entender que estar pegados al cel afecta la salud mental y aprender a parar.
  3. Navegar riesgos: Saber identificar cuándo hay acoso, mentiras o manipulación.
  4. Corresponsabilidad: Que no toda la carga sea para los papás o profes. «Los estados deben regular y las plataformas deben diseñarse pensando en el interés de la niñez».

Prohibir parece la solución fácil, pero los datos muestran que no es tan sencillo.

 «Si no tenemos cambios estructurales, la alfabetización sola no compensa un sistema diseñado para enganchar», concluye Cristina Correa. 

Al final, parece que el truco está en encontrar el equilibrio entre aprender a usar la red y que las empresas nos dejen de ver como simples números.