
Seguro has visto a alguien jugar rugby alguna vez. Se juega con un balón ovalado, pero solo se puede pasar hacia atrás. Es un deporte poco común en Colombia, pero para algunos jóvenes de la costa se ha convertido en una forma de aprovechar el tiempo libre y transformar su futuro.
“A mí el rugby me salvó la vida”, cuenta María Angélica, una joven de 21 años de Tierralta, Córdoba. “Más que todo porque lo conocí en un punto en el cual estaba sufriendo una depresión por la muerte de mis papás”.
Cuando sucedió esto, María Angélica dice que ya no quería seguir: “Pero cuando conocí el rugby me familiaricé tanto que me sentí acompañada”.

En rugby, para detener al oponente hay que derribarlo con un tackle y a veces se dan golpes durísimos, pero se levantan como si nada.
Más allá de los golpes, la velocidad y la fuerza, el rugby no sería nada sin el trabajo en equipo y el compañerismo. Para los integrantes del Club Armadillos Rugby, en Tierralta, donde juega María Angélica, significa mucho más que competir en la cancha. Para algunos, ha sido una manera de salir adelante en los momentos más difíciles. Para otros, una ruta para alejarse de caminos que podían hacerles daño.
Un deporte que rompe todo
El rugby nació en Inglaterra en 1823.
Durante un partido de fútbol, alguien tuvo la idea de coger el balón con sus manos y correr con él. Así nació este deporte.
Desde entonces, ha llegado a todo el mundo. En Colombia, a nuestra selección nacional se le conoce como Tucanes.
En este deporte, las mujeres han sido las grandes protagonistas a nivel internacional, haciendo historia al clasificar a los Juegos Olímpicos de Río 2016.
Pero son todos esos talentos que se cultivan en cada pequeña cancha del país, ya sea en pasto, sintética o incluso en arena, que hacen que el deporte crezca cada día más.
En un barrio un poco alejado de la zona urbana de Tierralta, los Armadillos entrenan duro.
Quieren crecer, aprender y, tal vez algún día, convertirse también en Tucanes.
Lo mejor de este deporte es que no importa cómo seas. Como dice la película Ratatouille: «Cualquiera puede cocinar». En el rugby, cualquiera puede jugar. No importa si eres alto, bajito, pesado o liviano. Todos cumplen una función dentro de la cancha.
Un salvavidas para María Angélica
María Angélica lleva siete años practicando este deporte. Para ella, el rugby no fue una elección casual: fue un salvavidas.
Perder a su madre a los 12 años y a su padre a los 13 fue un golpe devastador. «La verdad yo no me veía feliz. Todo fue tan repentino», recuerda. Pero al llegar a la cancha, todo cambió.
«Cuando conocí el rugby me familiaricé tanto que me sentí acompañada. Por ese mismo hecho me quedé. El haberme integrado fue demasiado bueno para mí porque ya mi mente solamente pensaba en cada entrenamiento. Ya no pensaba en esos momentos pasados; mi pensamiento iba más allá de lo triste», dice María Angélica.
A pesar de los golpes y los dolores que vienen con ellos, María encontró una fuerza que no sabía que tenía.
Aunque ha sufrido lesiones en el hombro y la rodilla, sigue adelante. «Cada vez que siento un tackle, siento como adrenalina en mí. Es algo que me gusta sentir», dice con orgullo.
Además, destaca la hermandad del, el respeto y el compañerismo.
«El rugby nos ha enseñado que nadie juzga a nadie. Nunca he escuchado que te juzguen por algún rasgo físico o por cómo ves la vida. Somos muy respetuosos».
Kevin: Velocidad y buenas decisiones
Kevin Madera tiene 17 años y es el «wing» (ala) del equipo. Su función es correr a toda velocidad. Apenas le llegue el balón o lo busque tiene que correr como un rayo.
Pero antes de empezar, no estaba muy convencido.
«Al principio no me gustaba, porque yo decía que eso era como para gente boba, porque se dejaban golpear», admite Kevin entre risas. «Pero un compañero me invitó y me quedó gustando».
Para Kevin, el rugby ha sido una brújula en la vida. En un entorno donde es fácil perderse, el equipo le dio un norte.
«El rugby me ha salvado varias veces de caer en malos pasos, en malas decisiones y en malas disciplinas. Me ha ayudado a reflexionar y a tomar un camino mejor. Me ha enseñado la constancia y el nunca rendirse», cuenta Kevin.
Su sueño es claro: ser profesional. «Quisiera que mi familia estuviera orgullosa de mí. Quisiera que mis compañeros confíen en mí para ser cada día mejor».
Armadillos: El sueño de Tierralta
Aunque es un deporte de mucho contacto y a veces es difícil convencer a los nuevos, el entrenador Brian Cuadrado Caballero no se rinde.
«El proceso se enfoca en jóvenes menores de 17 años, que son los que tienen más proyección», dice el entrenador.
El club ya está dando frutos. Ya ganaron los juegos departamentales varias veces, el último trofeo lo levantaron el año pasado. Pero para Brian, el objetivo va más allá de los trofeos.
«El rugby ha sido un gran canal para mi formación profesional. Gracias a él pude estudiar. La idea es que estos chicos hagan parte de una selección Córdoba o Colombia, y que aprovechen el deporte para ser profesionales y hacer algo en la vida».
Actualmente, 30 jóvenes, entre niños, niñas y adultos, forman parte de esta familia deportiva.
En Tierralta, el rugby ha demostrado que no solo se trata de empujar y correr, sino de levantarse después de cada caída.




