
Ilustración: Isabella Meza Viana
Por: Alejandro Valencia Carmona
Imagina entrar a tu salón y ver las paredes llenas de grietas.
O peor: pasar meses sin una sola clase porque no hay profes.
Esta es la realidad de muchos estudiantes en Colombia. En las últimas semanas, los jóvenes se cansaron de promesas y de la falta de profes y buena infraestructura.

Por eso, en colegios de Cali, San Pelayo, Cali, Montería y Cartagena, entre otros, salieron a protestar para exigir aulas dignas y profesores completos.
Y todo esto ocurre a pesar de que el Gobierno asegura que la inversión en educación está en niveles récord.
La voz de los jóvenes
Sara Pastrana tiene 23 años y estudia décimo semestre de derecho en la Universidad de Córdoba. Es consejera de juventudes por el sector campesino.
Sara ha vivido muy de cerca los problemas educativos en el municipio de San Pelayo y otros territorios de su departamento.
«Se sufre un montón por el hecho de no tener la suficiente cantidad de docentes en la planta de docentes», contó Sara.
La falta de profesores es tan extrema que, según explicó, hay zonas rurales donde a un solo maestro le toca enseñar de primero a quinto grado al mismo tiempo y en el mismo salón.
Para ella, esto hace imposible una educación adecuada y genera una desigualdad enorme frente a las ciudades:
Además, hay brechas grandes en inglés. Mientras un joven en el campo con dificultad ve inglés una vez al día, en la capital ven hasta 4 o 5 horas a la semana.
También explicó que los profesores se sobrecargan con el doble de trabajo y los niños se desmotivan.
«Un niño que siente que no está explotando sus capacidades… simplemente prefiere salir a trabajar que terminar su educación», dice Sara.
Además, la falta de docentes deja a los estudiantes solos. Según denuncia Sara, esto ha desatado casos de acoso, violencia y acoso sexual en los planteles.
Alzar la voz ha sido peligroso. Sara y su familia han recibido amenazas por salir a las carreteras a protestar.
En territorios donde los grupos ilegales tienen el control y no hay alcaldías ni policía, la situación es extrema.
Sara confesó: «Toca callar para poder sobrevivir… callar también es una forma de resistir».
Sin embargo, ella sigue liderando con cuidado y paciencia para cambiar esta realidad.
Protestas en todo el país
El desespero de Sara se siente en muchos rincones de Colombia, donde los estudiantes han tenido que tomarse sus colegios.
En Cartagena, en el colegio Bertha Gedeón de Baladí, unos 2.000 estudiantes protestaron el pasado miércoles 6 de mayo.
Llevaban pancartas exigiendo condiciones dignas. Un padre de familia denunció: «El colegio se está cayendo». Ya en 2025 habían protestado por hacinamiento y falta de comedor.
Un poco más al sur, en Montería, las escuelas rurales de Santa Fe (sede Tres Palmas) y San Isidro tienen paredes agrietadas y baños inservibles.
La comunidad prohibió la entrada por salubridad y los padres reclamaron al alcalde Hugo Kerguelén.
Y en la capital del Valle del Cauca, Cali, los estudiantes de la institución Manuel María Mallarino se tomaron el plantel porque un grado entero de primaria no ha recibido ni una sola clase en todo lo que va del año por falta de profesores.
Al oriente del país, en Barrancabermeja, en el colegio INTECOBA, 700 alumnos hicieron un paro de una semana.
Tras sentarse a dialogar con las autoridades, lograron un acuerdo para realizar encuestas del Programa de Alimentación Escolar (PAE), mejorar los baños durante las obras, arreglar el wifi y conseguir computadores nuevos.
¿De quién es la culpa?
Martha Rocío Alfonso, integrante del Comité Ejecutivo de Fecode dijo que la falta de profesores en los salones no es culpa del Ministerio de Educación, sino de las Secretarías de Educación locales.
Martha explicó que el Gobierno nacional gira los recursos de la nómina, pero las Secretarías regionales son extremadamente lentas para reemplazar a los maestros que se pensionan, se enferman, fallecen o son trasladados por amenazas.
«Las Secretarías de Educación se demoran cantidad de tiempo… Teniendo recursos, prefieren fusionar grupos o dejar a los estudiantes sin asignaciones académicas», denunció Martha, calificando esto como una «total negligencia».
La líder de Fecode también dijo que las comunidades viven una grave crisis de salud mental, por lo que necesitan con urgencia más docentes orientadores de apoyo.
¿Qué dice el Gobierno?
Mientras los colegios protestan, el Gobierno muestra otras cifras.
En el Foro Mundial de Educación en Londres, el ministro de Educación, Daniel Rojas Medellín, aseguró que el presupuesto educativo aumentó un 39,1 % en términos reales.
«Por primera vez en el siglo XXI, el presupuesto de la educación supera al presupuesto de la guerra», afirmó el ministro.
Rojas destacó que se han hecho más de 10.700 proyectos de infraestructura, se duplicó la inversión en el PAE para evitar el reclutamiento infantil en zonas de conflicto, y se invirtieron más de 833 millones de dólares para que 400.000 nuevos jóvenes entren gratis a la universidad pública en sus propios territorios.
Pero hay edificios que son banderas y no pueden funcionar por falta de planeación como el colegio-universidad en el Catatumbo. Los estudiantes no pueden usarlo porque no tiene luz ni agua.
A pesar de estas inversiones, la realidad en las regiones sigue siendo una carrera de obstáculos. Mientras la burocracia local se toma su tiempo, los jóvenes y líderes como Sara Pastrana siguen luchando para que sus escuelas sean, por fin, entornos seguros y dignos.




