
Por: Rulfo, 22 años, periodista de la redacción opita y privado de la libertad
Hace unos días fueron las elecciones presidenciales.
Vi las noticias. Escuché los resultados. Escuché a personas celebrar y a otras sentirse decepcionadas. Como millones de colombianos, también pensé en el futuro del país.
La diferencia es que yo no pude votar.
Tengo 22 años. Sin embargo, sigo vinculado al Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes (SRPA), donde cumplo una medida impuesta por errores que cometí cuando era menor de edad.
No escribo esto para discutir sobre candidatos.
Tampoco para decir que mi voto habría cambiado una elección.
Lo escribo porque esta situación me hizo pensar en una pregunta que va mucho más allá de las urnas:
Si estoy cambiando, ¿cuándo vuelvo a pertenecer?
Una de las cosas que más escuchamos dentro del SRPA es la importancia de las segundas oportunidades.
Nos hablan de responsabilidad.
Nos hablan de aprendizaje.
Nos hablan de reparar el daño causado.
Nos hablan de construir un proyecto de vida diferente.
Y tienen razón.
Las personas podemos cambiar.
Yo lo he visto en otros jóvenes y también en mí mismo.
Cambiar no significa olvidar lo que pasó. Tampoco significa escapar de las consecuencias de nuestras decisiones. Significa reconocer los errores, asumir responsabilidades e intentar construir algo mejor.
Pero a veces me pregunto cuándo la sociedad empieza a ver ese cambio.
¿Cuándo dejamos de ser únicamente nuestros peores errores?
¿Cuándo volvemos a ser vistos como personas capaces de aportar, participar y construir?
Cuando hablamos de segundas oportunidades, muchas veces pensamos en el acceso a la educación, al empleo o a programas de apoyo. Todo eso es importante.
Pero existe otra oportunidad de la que se habla menos.
La oportunidad de volver a sentirse parte de algo.
La oportunidad de sentirse escuchado.
La oportunidad de sentir que uno también pertenece al país que intenta reconstruir.
Quizás por eso me impactó no poder votar.
No porque crea que un voto cambia una elección.
Sino porque me hizo pensar en el significado de la ciudadanía.
Para mí, ser ciudadano no es solamente tener una cédula o marcar una casilla en un tarjetón.
También es sentir que uno tiene un lugar en la sociedad.
Que su voz cuenta.
Que su futuro importa.
Que el país no lo ha dado por perdido.
Durante estas semanas muchas personas están hablando sobre quién debería gobernar Colombia. Yo también tengo opiniones sobre eso.
Pero hay otra pregunta que me parece igual de importante.
¿Qué significa darle una segunda oportunidad a alguien?
Si creemos que los jóvenes podemos cambiar, entonces también debemos creer que podemos volver a participar, volver a aportar y volver a imaginar un futuro diferente.
Porque las segundas oportunidades no consisten únicamente en dejar atrás un error.
También consisten en encontrar un camino de regreso.
Un camino para volver a pertenecer.
Y quizás esa sea una de las cosas más importantes que todavía estoy aprendiendo a construir.
#EntreVueltas es una serie de columnas escritas por jóvenes de distintos lugares de Colombia entre la primera y la segunda vuelta presidencial. En medio de análisis, conversaciones y campañas, reflexionan sobre lo que dejó la primera vuelta y sobre el país que esperan construir en los años que vienen.



