
Por: María Angélica Orozco
A los 20 años, mientras muchos jóvenes todavía están pensando qué estudiar o qué quieren hacer en el futuro, Clara Machacón Rodelo ya dirige proyectos audiovisuales y empieza a abrirse camino en el mundo del cine.
“Si me toca trabajar donde sea para poder hacer una película, lo voy a hacer”, dice. “Porque eso es lo que me gusta”.
Clara habla con la convicción de alguien que sabe que el cine es lo suyo. Sin embargo, no siempre tuvo tan claro ese camino.
“Cuando empecé la universidad no sabía muy bien a qué dedicarme”, cuenta. “Pero estoy feliz de haber encontrado una industria que me interese y me apasione tanto”.
Ella nació en Sincelejo, pero vive en Barranquilla. Estudia Comunicación Social y Periodismo y actualmente realiza sus prácticas profesionales en la Cinemateca del Caribe, un espacio dedicado a difundir y promover el cine en la región.
Además de estudiar y trabajar, también ha empezado a experimentar con nuevas formas de hacer cine. En uno de sus proyectos, llamado El Majaya, exploró cómo la inteligencia artificial puede usarse en la creación audiovisual.
Ese cortometraje también investigaba algo importante: las dificultades que enfrentan muchas creadoras del Caribe colombiano para entrar en la industria del cine. El proyecto recibió un reconocimiento en el Festival Internacional ADN.
Ahora Clara trabaja en Proyecto Matriz, una producción que busca crear algo poco común en el cine colombiano: una historia de ciencia ficción ambientada en el Caribe.
“Estamos imaginando un futuro distópico”, explica. “Un futuro donde la inteligencia artificial, el acceso a la información y la seguridad cambian muchas cosas en la sociedad”.
La historia de Clara se parece a la de muchos jóvenes que descubren el cine casi por accidente. Pero también muestra los desafíos de intentar entrar en una industria que puede ser difícil y competitiva.

Encontrar el cine en medio del camino
El interés de Clara por el cine empezó desde el colegio, aunque en ese momento no pensaba necesariamente en convertirlo en su profesión.
Más adelante, una clase en la universidad cambió su forma de ver las cosas.
“La manera en que el profesor hablaba del cine y contaba las historias del cine y la televisión me apasionó muchísimo”, recuerda. “Desde ese momento pensé: wow, me gusta mucho esto”.
A partir de ahí comenzó a participar en distintos proyectos audiovisuales. Al principio asumía varios roles al mismo tiempo, algo muy común cuando se está empezando.
Uno de los proyectos que más la marcó fue un video musical en el que hizo de todo un poco: cámara, edición y dirección.
“Fue una de las experiencias que más disfruté y que más reafirmaron mi interés por trabajar en el cine”.
Más adelante también dirigió un cortometraje llamado Cuando baja el sol. Fue un proceso lleno de retos.
Aprender a dirigir también es aprender a confiar
Ser director o directora no significa hacerlo todo. De hecho, una de las lecciones más importantes que Clara ha aprendido es justamente la contraria.
“Cuando estás en el puesto de director tienes que tener clara tu visión del proyecto”, explica. “Pero para lograrlo tienes que confiar en el equipo”.
En un rodaje participan muchas personas: quienes se encargan de la fotografía, el sonido, el arte, el montaje o la producción. Cada uno aporta algo para que la historia cobre vida.
“Si tú lo quieres hacer todo, no vas a poder”, dice Clara. “Lo importante es confiar en las personas que están trabajando contigo y disfrutar el rol que te tocó en el proyecto”.
Hacer cine “con las uñas”
Uno de los mayores retos para quienes quieren hacer cine en Colombia, sobre todo fuera de ciudades como Bogotá, es conseguir recursos.
Muchas veces los jóvenes realizadores deben empezar prácticamente desde cero.
“Si tú quieres dirigir, nadie va a llegar con un guion y decirte ‘dirígelo’, porque todavía no eres alguien en la industria”, explica Clara. “Entonces tienes que escribir tu propio proyecto, buscar el equipo, conseguir la plata… y trabajar con las uñas”.
Eso significa ahorrar, pedir ayuda, usar los recursos que se tienen a la mano y, sobre todo, encontrar personas con la misma pasión.
“Hay que juntarse con gente que esté tan loca por hacer cine como tú”, dice entre risas.
Una industria con brechas de género
Entrar al mundo del cine no es igual de fácil para todos. Las mujeres todavía son minoría en muchos espacios de la industria audiovisual.
Según datos de la revista especializada Rubik Audiovisual, solo cerca del 28 % de las personas que trabajan en el sector audiovisual colombiano son mujeres.
Otras investigaciones muestran que apenas alrededor del 13 % de las películas colombianas han sido dirigidas por mujeres.
Clara dice que personalmente no ha vivido situaciones directas de discriminación en los equipos donde ha trabajado. Sin embargo, reconoce que las cifras hablan por sí solas.
“Uno mira las estadísticas y lo que ve es que los hombres dominan casi todos los roles del audiovisual”, explica.
Lejos de desmotivarla, esa realidad la impulsa aún más.
“Más bien me motiva a decir: voy a hacer mi nombre aquí entre este poco de hombres”.
También cree que algo está cambiando. Cada vez más mujeres jóvenes están entrando al cine con ganas de contar sus propias historias.

Historias que conectan
Para Clara, el cine no es solo hacer películas. También es una forma de conectar a las personas.
“El hecho de ver una película ya es una experiencia colectiva”, explica. “Vas al cine, hablas con tus amigos sobre los personajes, sobre la música o sobre lo que pasó en la historia”.
También cree que es importante que existan más películas hechas en Colombia y en América Latina, porque permiten que las personas se reconozcan en ellas.
“Yo me puedo identificar con la señora que coge el bus para ir al trabajo”, dice. “No tanto con soldados estadounidenses que le disparan a todo”.
Contar historias propias permite que otras personas también encuentren reflejos de su vida en la pantalla.
Cuando una idea cobra vida
A pesar de las dificultades, hay momentos que hacen que todo el esfuerzo valga la pena.
Para Clara, uno de esos momentos ocurre cuando una idea que imaginó mientras escribía el guion finalmente aparece en la pantalla.
“Momentos tan sencillos como ver que un efecto que había pensado en el guion funciona cuando lo estoy editando… eso es lo que me motiva”, cuenta.
Sabe que el camino apenas empieza y que probablemente tendrá que trabajar en diferentes áreas para poder seguir haciendo cine.
Pero tiene claro algo: quiere seguir contando historias.
Y espera que cada vez más jóvenes, especialmente mujeres, se animen a hacerlo también.
“Que haya más directoras, más sonidistas, más directoras de fotografía”, concluye. “Que se animen a hacer cine”.
Y tú, ¿como crees que podemos apoyar a jóvenes directores de cine como Clara?





