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Elecciones en Colombia: ¿Por qué hablar de política se volvió un reto para los jóvenes?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Alejandro Valencia Carmona

Colombia llega a la primera vuelta de las elecciones presidenciales más polarizada que nunca y convertida, según distintos analistas internacionales, en uno de los países políticamente más divididos del mundo.

Este próximo 31 de mayo, el país irá a las urnas para elegir a su nuevo presidente. El ambiente está un poco tenso. Ha habido olas de violencia en el país en los últimos meses por parte de grupos armados, principalmente en las regiones. 

La revista británica The Economist describe esta carrera a la Casa de Nariño como una de las más polarizadas del mundo. Los candidatos Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda y Paloma Valencia se enfrentan en una recta final muy reñida.

En la calle, en las casas y en las redes sociales, la política es el tema del momento. Pero, ¿cómo viven esta situación las juventudes colombianas? ¿Tienen la libertad de expresar lo que piensan?

Mateo Valencia, un estudiante de enfermería de 22 años, dice que no tiene miedo de hablar, pero le molesta el ambiente actual. 

«Siento que hoy en día está muy polarizado y muchas veces las conversaciones terminan siendo más una pelea que un debate», asegura.

Según él, muchas personas defienden sus posturas como verdades absolutas y no escuchan, por lo que prefiere elegir muy bien cuándo hablar para cuidar su tranquilidad.

La realidad de los jóvenes en el país tiene dos caras muy distintas. 

Por un lado, la participación política juvenil creció mucho después del estallido social de 2021. 

Así lo detalla el informe “Voces resilientes: juventudes, realidades y territorios”, publicado en 2025 por el Observatorio Javeriano de Juventud de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Este gran estudio encuestó a 5.465 jóvenes en nueve regiones de Colombia. Muestra a una juventud consciente y con esperanza en el futuro. 

Sin embargo, también revela una cifra alarmante: el 18% de los jóvenes dejó de expresar públicamente sus opiniones por miedo a «convertirse en víctima» del conflicto armado.

«Uno de cada cinco jóvenes deja de expresar sus opiniones por temor al conflicto y eso no es raro», explicó al respecto el politólogo Mateo Ortiz.

Pero hay jóvenes como Camila Sáenz, en Medellín a la que le gusta hablar de política en su grupo cercano y escuchar ideas diferentes.

Por otro lado, reconoce que toparse con extremistas es molesto. 

«Cuando uno sabe o cuando habla con una persona que tiene un fanatismo político por algún extremo, se vuelve incómodo», explica Camila de 23 años.

En esos momentos prefiere reservarse el tema, aunque defiende la importancia de poder expresarse con tranquilidad.

Esta dura realidad hace que la política se entienda muchas veces desde una lógica de confrontación pura. Se repiten las divisiones históricas entre «azules» y «rojos», lo que dificulta la creación de ideas nuevas.

Frente a esto, Sofía y su equipo lograron que los participantes construyeran una agenda juvenil con acciones propias para mejorar su entorno. Esto cambió las reglas del juego. Los jóvenes entendieron que no deben esperar a que otros transformen su realidad, sino que ellos mismos pueden tener voz y voto.

Para Sofía, hablar de política con los menores no es un peligro, sino una oportunidad de oro:

«Cuando un adolescente entiende que su voz tiene valor y que puede incidir en su entorno, también empieza a imaginar un futuro distinto al que históricamente le ha impuesto la violencia», afirma la psicóloga.

Pero hay otros jóvenes que se quieren mantener al margen de las discusiones callejera sobre las elecciones presidenciales. 

Luis Polanía de 18 años, de Neiva, las califica como una «inmadurez».

Su posición es muy directa si no hay opciones claras: «Si nadie sabe por quién votar o ningún candidato cumple ciertas expectativas, hay que votar en blanco».

La incomodidad que sienten Mateo, Camila y Luis tiene una explicación clara en los datos globales. 

Según el Índice de Polarización Política del proyecto Varieties of Democracy (V-Dem) con datos de 2025, el país ocupa el puesto 28 entre 171 naciones evaluadas.

A pesar de los obstáculos, la desconfianza y el miedo, la voluntad de cambiar el rumbo sigue viva. El informe «Voces resilientes» deja claro que el 76% de las juventudes considera que debe tener un rol activo en la construcción de paz.

Y como lo dice Sofía Ibáñez, la clave está en el compromiso constante y en generar entornos seguros para una democracia inclusiva. 

Hacer a los jóvenes parte activa de sus comunidades es el camino para aprender que transformar la realidad toma tiempo, pero es posible si se hace desde el respeto mutuo.