
Abres TikTok y hay pelea.
Entras a X y hay pelea.
Lees los comentarios de una noticia y hay pelea.
En el grupo de WhatsApp de la familia alguien comparte una opinión política y, de repente, también hay pelea.
Falta poco para la segunda vuelta presidencial y, por momentos, parece que Colombia estuviera dividida en dos equipos enfrentados.
Pero quizá vale la pena detenernos un momento y hacernos una pregunta: ¿por qué parece que todos estamos peleando?
Parte de la respuesta es sencilla. Las elecciones importan. Lo que ocurra en las urnas tendrá consecuencias para millones de personas. Es normal que existan diferencias, desacuerdos e incluso preocupaciones sobre el futuro.
La democracia necesita debate.
Lo que no necesita es que dejemos de escucharnos.
En las últimas semanas se ha vuelto común asumir que quien piensa diferente está equivocado, mal informado o tiene malas intenciones. A veces parece que las personas ya no discuten ideas, sino que clasifican a los demás en equipos.
Y cuando eso ocurre, algo importante se pierde.
Porque detrás de los votos siguen existiendo personas.
Personas que tienen preocupaciones, esperanzas y sueños que muchas veces se parecen más de lo que imaginamos.
En Radio Trompo lo hemos visto a través de País de mis Sueños. Durante las últimas semanas hemos escuchado a jóvenes de distintos lugares del país compartir cómo imaginan el futuro de Colombia.
Algunos viven en ciudades. Otros en zonas rurales. Algunos podrán votar. Otros todavía no tienen edad para hacerlo. Incluso hemos escuchado a jóvenes que, pese a haber cumplido los 18 años, no pudieron participar en esta primera vuelta porque permanecen en centros del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes.
Sus experiencias son diferentes.
Sus opiniones políticas también.
Pero cuando hablan del país que sueñan, aparecen temas parecidos una y otra vez.
Quieren oportunidades.
Quieren sentirse seguros.
Quieren estudiar.
Quieren trabajo.
Quieren ser escuchados.
Quieren creer que es posible construir un futuro.
No siempre están de acuerdo sobre cómo lograrlo. Pero muchas veces comparten el mismo punto de partida.
Por eso, mientras nos acercamos a la segunda vuelta, tal vez la pregunta más importante no sea solamente quién va a ganar.
Tal vez también debamos preguntarnos qué tipo de conversación queremos tener como país.
Pensar diferente no debería convertirnos en enemigos.
Estar en desacuerdo no debería impedirnos escuchar.
Y una elección no debería hacernos olvidar que seguiremos compartiendo las mismas calles, los mismos barrios, las mismas escuelas y el mismo futuro.
Porque los gobiernos cambian. Los candidatos van y vienen. Las campañas terminan.
Pero el país permanece.
Y el país que tendremos mañana dependerá no solo de quien gane la segunda vuelta, sino también de nuestra capacidad para convivir, dialogar y seguir imaginando, juntos, un futuro mejor.
Durante las próximas semanas escucharemos promesas, debates y encuestas. Habrá quienes intenten convencernos de que Colombia está dividida en dos.
Pero los sueños de los jóvenes suelen contar otra historia.
Después de la primera vuelta, la campaña continúa.
Pero también continúan los sueños.



