
Por: María Angélica Orozco
Advertencia: Este artículo habla sobre conflicto armado, violencia y situaciones difíciles que viven muchos jóvenes en Colombia. Se recomienda leerlo acompañado de un adulto de confianza y conversar sobre lo que genera su contenido.
Ser joven debería significar estudiar, jugar, salir con amigos y soñar con el futuro.
Pero en varias regiones de Colombia, algo tan simple como estar en un parque o regresar a casa puede ser peligroso.
Muchos jóvenes prefieren no salir. Se quedan en casa por miedo, como si vivieran en un toque de queda sin que nadie lo hubiera ordenado.
Hace poco, cuatro jóvenes fueron sacados de un parque en Jamundí, Valle del Cauca, por hombres armados. Días después fueron encontrados sin vida. No fue por dinero, fue para mostrar poder y sembrar miedo.
Entonces aparece una pregunta difícil: ¿por qué los grupos armados buscan a los jóvenes?
Desde Buenaventura, el líder social Alexis Venté lo explica fácil: donde el Estado no llega con apoyo, oportunidades y protección, otros ocupan ese espacio. Y ahí entran los grupos armados.

Un recurso estratégico
Para Sebastián Solano, coordinador de jóvenes en PARES (Fundación Paz y Reconciliación), los grupos armados ven a los jóvenes como algo estratégico.
Primero, porque necesitan reemplazar a quienes salen de sus grupos.
Segundo, porque usan a muchos jóvenes para vigilar, mover cosas ilegales o controlar barrios y caminos.
Y tercero, porque controlar a los jóvenes es controlar el futuro.
“Controlar a los jóvenes es controlar el futuro de la comunidad”, explica Sebastián.
Si los jóvenes estudian, hacen deporte o participan en actividades culturales, los grupos armados pierden poder sobre ellos.
Por eso también usan redes sociales como TikTok e Instagram. Allí pueden mostrar una vida falsa de dinero fácil, poder o fama para atraer menores.

Enero: Los desaparecidos de Mariquita
Desde enero, siete jóvenes desaparecieron en Mariquita y Fresno, en Tolima.
Sus nombres son Zait, David, Sergio, Luisa, Fredy, Santiago y Alejandra. Hasta hoy, no se sabe dónde están.
Mariquita es un lugar importante porque conecta varias regiones del país. A eso se le llama un corredor estratégico. Muchos grupos armados quieren controlar esa zona por los negocios ilegales.
Sebastián lo resume así: “El riesgo no es solo que el grupo armado llegue con un fusil; el riesgo es que lleguen antes que el Estado con dinero, miedo y promesas”.
Eso hace que muchos jóvenes, especialmente quienes viven en pobreza o se sienten solos, sean más vulnerables.
7 de abril de 2026: Un regreso a casa interrumpido
Yormai Sebastián Contreras tiene 16 años.
Había pasado Semana Santa con su familia en Tibú, Norte de Santander. Cuando regresaba a Cúcuta con su hermano mayor, hombres del ELN los detuvieron en la carretera.
A su hermano lo dejaron seguir, pero a Yormai se lo llevaron.
Su mamá, Blanca, sigue pidiendo que regrese. La comunidad también se ha unido para exigir respuestas.
15 de abril de 2026: El horror en Jamundí
Juan Felipe, Juan Camilo, Darwin y Jeetlee Stivens estaban en un parque de Villa Paz, en Jamundí.
Tenían entre 18 y 19 años. Dos todavía estaban terminando el colegio. Hombres armados llegaron y se los llevaron a la fuerza.
Siete días después, sus cuerpos fueron encontrados entre Suárez, Cauca, y la zona rural de Jamundí.
El mensaje era claro: sembrar miedo y demostrar quién manda.
20 de abril de 2026: Una trampa en la escuela
En Policarpa, Nariño, un grupo armado entró a un colegio.
No llegaron disparando. Llegaron repartiendo útiles escolares y propaganda. Se tomaron fotos con niños y niñas.
Pero no era un acto de ayuda. Era una forma de ganar confianza y empezar procesos de reclutamiento.
A veces, el peligro no llega con amenazas directas, sino disfrazado de regalos.
Una respuesta integral para proteger a los jóvenes
Alexis Venté dice que esto no se soluciona solo con más soldados.
“El acompañamiento tiene que ser muy integral”, explica.
Eso significa apoyar a los jóvenes con estudio, deporte, espacios seguros y oportunidades reales.
También significa que el Estado debe estar presente en los barrios y veredas, no solo cuando ocurre una tragedia.
Como dice Sebastián: “Necesitamos una presencia real del Estado que evite que los jóvenes sigan yendo a la guerra”.
¿Hay salida para las comunidades?
Cuando un joven desaparece o es asesinado, no solo sufre su familia. Toda la comunidad cambia. Aparece el miedo, el silencio y la desconfianza.
Niños y adolescentes dejan de jugar tranquilos, de salir y hasta de imaginar su futuro.
Pero sí hay caminos para sanar: escuchar a las familias, buscar justicia, acompañar a las comunidades y evitar que vuelva a pasar.
Alexis deja un mensaje importante: “La estrategia de los grupos armados es causar terror”.
Por eso también dice que no se puede vivir paralizado por el miedo.
“Hay que andar con mucho cuidado, pero no podemos quedarnos en la inacción”.
Cuidarse, apoyarse entre jóvenes y fortalecer el liderazgo también es una forma de resistencia.






