
Por: María Angélica Orozco
Es posible que alguna vez hayas escuchado frases como: “los hombres no lloran” o “un hombre siempre debe ser fuerte”. Muchas personas repiten estas ideas sin pensar demasiado en lo que realmente significan o en cómo pueden afectar la vida de alguien.
Andrés también escuchó esas frases desde que era niño. Con el tiempo, esas ideas influyeron mucho en la forma en que entendió lo que era “ser hombre”.
“En el barrio, ser hombre es el que no llora, el macho, el que más pelea o el que más actividades delictivas hacía”, cuenta Andrés.
También le decían que, para que los demás lo respetaran, tenía que ser duro como una piedra y no mostrar debilidad.
Con los años, esas ideas, junto con vivir en un entorno violento, lo llevaron a tomar decisiones que terminaron cambiando su vida.
La “selva de cemento”
Andrés creció en un barrio que él mismo describe como una “selva de cemento”. Allí aprendió que, para sobrevivir, debía mostrarse fuerte, valiente y arriesgado. Sentía que tenía que demostrar todo el tiempo que era “muy masculino”.
Recuerda que desde pequeño cualquier gesto de sensibilidad era criticado. Si lloraba o mostraba tristeza, otras personas lo juzgaban o le decían que debía ser “maduro”.
Poco a poco aprendió que mostrar emociones podía traer burlas o problemas, así que trató de esconder lo que sentía.
La “caja” de la masculinidad
Esa forma rígida de entender lo que significa ser hombre tiene un nombre. Los expertos la llaman masculinidad hegemónica.
Catherine Nova, analista pedagógica de Educa en Profamilia, explica que esta idea funciona como una especie de “caja”. Dentro de esa caja solo parece haber una forma correcta de ser hombre: fuerte, dominante, sin mostrar emociones y, muchas veces, agresivo.
Según la experta, esta presión empieza desde que los niños son pequeños. A veces aparece cuando les dicen con qué juguetes deben jugar o cómo deben comportarse “porque son hombres”.
Cuando llega la pubertad, la presión puede aumentar. En esa etapa muchos jóvenes buscan ser aceptados por su grupo de amigos y pueden sentir que deben demostrar que son “más hombres”.

Crecer antes de tiempo
Andrés tuvo que saltarse muchas etapas de su vida. A los 14 años ya era padre y a los 15 tenía armas, dinero y responsabilidades que normalmente tienen los adultos.
Hoy reconoce que las ideas que aprendió sobre la masculinidad influyeron mucho en sus decisiones. Por demostrar que podía “ser un hombre”, dejó de estudiar y empezó a trabajar. Poco tiempo después llegaron las drogas y las actividades delictivas.
Masculinidades en internet
Estos mensajes sobre cómo “debe” ser un hombre no solo aparecen en la vida diaria. También están en internet.
Catherine Nova advierte sobre algo que se conoce como la “manósfera”. Se trata de comunidades en redes sociales, videojuegos o plataformas como TikTok e Instagram donde se comparten mensajes que rechazan la igualdad entre hombres y mujeres y promueven ideas muy rígidas sobre la masculinidad.
Según la experta, estos contenidos pueden afectar la forma en que muchos jóvenes se relacionan con los demás y también su bienestar emocional.
Por eso, varios especialistas hablan hoy de masculinidades positivas. Estas proponen que los hombres puedan expresar lo que sienten, pedir ayuda cuando la necesitan y construir relaciones basadas en el respeto.
Romper el molde: una nueva oportunidad
Cuando Andrés fue privado de la libertad, su vida cambió de muchas maneras. Por primera vez tuvo tiempo para pensar en lo que había vivido y en las decisiones que había tomado.
En talleres con psicólogos y trabajadores sociales empezó a cuestionar muchas de las ideas que había aprendido sobre lo que significa ser hombre.
Con el tiempo entendió algo importante: la masculinidad no tiene que ver con ser el más fuerte ni con mandar sobre los demás.
“Un hombre no es el que no llora”, dice ahora. Hoy incluso puede llorar sin sentirse mal por hacerlo.
Un mensaje para otros jóvenes
La forma en que Andrés entiende la vida hoy es diferente. Cree que ser hombre tiene más que ver con tener un propósito, ponerse metas, ser responsable, respetar a los demás y reconocer lo que uno siente.
Sabe que su camino ha sido difícil y que cometió errores, pero dice que ahora está aprendiendo a ser hombre a su manera.
“Independientemente de lo que le digan, uno tiene que darse la oportunidad de vivir cada momento y cada sentimiento. Esas experiencias le van a servir más adelante”.






