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¿Qué significa ser hombre?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

Tal vez alguna vez has escuchado frases como: “los hombres no lloran” o “un hombre siempre debe ser fuerte”. Muchas personas repiten estas ideas sin pensar mucho en lo que realmente significan o en cómo pueden afectar a los demás.

Andrés también escuchó esas frases cuando era niño. Con el tiempo, esas ideas influyeron en la forma en que él entendía lo que era “ser hombre”.

“En el barrio, ser hombre es el que no llora, el macho, el que más pelea o el que más actividades delictivas hacía”, cuenta Andrés.

También le decían que, para que los demás lo respetaran, debía ser muy duro y no mostrar debilidad. Con los años, esas ideas, junto con vivir en un lugar con mucha violencia, lo llevaron a tomar decisiones que cambiaron su vida.

Andrés creció en un barrio que él mismo llama “la selva de cemento”. Allí sentía que debía mostrarse fuerte, valiente y arriesgado para poder protegerse.

Recuerda que cuando era pequeño, si lloraba o mostraba tristeza, otras personas lo criticaban o se burlaban de él. Le decían que debía ser “maduro”.

Poco a poco aprendió a esconder lo que sentía para evitar problemas o burlas.

Los expertos dicen que estas ideas sobre cómo “debe” ser un hombre pueden funcionar como una especie de caja, a esto se le llama masculinidad hegemónica. 

Catherine Nova, analista pedagógica de Educa en Profamilia, explica que esa “caja” tiene reglas muy estrictas: los hombres deben ser fuertes, no mostrar emociones y siempre demostrar que tienen poder.

Según la experta, esta presión empieza cuando los niños son pequeños. A veces aparece cuando les dicen con qué juguetes pueden jugar o cómo deben comportarse “porque son hombres”.

Por eso, varios especialistas hablan hoy de masculinidades positivas. Estas proponen que los hombres puedan expresar lo que sienten, pedir ayuda cuando la necesitan y construir relaciones basadas en el respeto.

Andrés tuvo que asumir responsabilidades muy joven. A los 14 años ya era padre y a los 15 tenía dinero, armas y problemas que normalmente tienen los adultos.

Hoy reconoce que las ideas que aprendió sobre la masculinidad influyeron mucho en sus decisiones. Por demostrar que podía “ser un hombre”, dejó de estudiar y empezó a trabajar. Poco tiempo después aparecieron las drogas y las actividades delictivas.

Cuando Andrés perdió su libertad, tuvo algo que antes no tenía: tiempo para pensar en su vida.

En talleres con psicólogos y trabajadores sociales empezó a cuestionar muchas de las ideas que había aprendido sobre lo que significa ser hombre.

Con el tiempo entendió algo importante: ser hombre no significa ser el más fuerte ni mandar sobre los demás.

“Un hombre no es el que no llora”, dice ahora. Hoy incluso puede llorar sin sentirse mal por hacerlo.

Andrés cree que ser hombre tiene más que ver con tener metas, ser responsable, respetar a los demás y reconocer lo que uno siente.

Sabe que su camino ha sido difícil y que cometió errores, pero ahora está aprendiendo a ser hombre a su manera.

“Independientemente de lo que le digan, uno tiene que darse la oportunidad de vivir cada momento y cada sentimiento. Esas experiencias le van a servir más adelante”.

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