
Ilustración y texto: Alejandro Valencia C
Uno de las grandes promesas que tenemos los colombianos es mejorar nuestra calidad de vida a través de la educación y esa ha sido una de las banderas del gobierno.
Pero, ¿te imaginas ir a la inauguración de tu nuevo colegio, ver al Presidente de la República cortar la cinta, escuchar música y celebrar, para que cuatro meses después las puertas sigan cerradas?
Eso es exactamente lo que está pasando en El Tarra, un municipio de Norte de Santander.
El pasado 3 de diciembre de 2025, el presidente Gustavo Petro entregó un moderno colegio-universidad.
Prometió que el 1 de enero de 2026 todo estaría funcionando. Pero hoy, los salones y los pasillos de ese edificio solo acumulan polvo.

¿Pero por qué? Resulta que el colegio no tiene agua potable, alcantarillado, ni luz.
“Es una disputa interna de los actores políticos locales del Municipio de El Tarra”, dice Silvano Calvo, líder social de El Tarra.
Es un edificio muy bonito, pero vacío.
Una fiesta con un sabor amargo
El día de la inauguración hubo de todo: vallenato tocado por niños, mucha seguridad y discursos emocionantes.
El presidente Petro dijo que este lugar traería paz a la región del Catatumbo a través de la educación.
Es que allá hay una crisis humanitaria gigante donde ha habido más de 200 mil personas afectadas y unos 60 mil desplazados por el conflicto armado.
El plan era ambicioso:
391 estudiantes de colegio.
220 jóvenes en programas técnicos y profesionales.
Pero la realidad es otra
Las 11 aulas que costaron 8.380 millones de pesos, no se pueden usar porque nadie resolvió cómo conectar los servicios básicos antes de terminar la obra.
¿Cómo llegamos a este lío?
Todo indica ser un un problema de mala planeación y de mensajes cruzados entre los encargados.
Aquí te contamos la línea del tiempo de este «enredo»:
Marzo de 2025: La empresa de servicios públicos de El Tarra (Espta) dijo que sí había agua y alcantarillado disponible. Con ese «sí», empezó el proyecto.

Mayo de 2025: La misma empresa cambió de opinión. Le dijo al contratista que el acueducto municipal no llegaba hasta ese sector.
Julio de 2025: A pesar de saber que no habría agua fácil, la Alcaldía dio la licencia de construcción.
El dilema de la plata: El Gobierno decidió seguir adelante porque si paraban la obra, tenían que pagarle una multa de 384 millones de pesos al contratista.
Prefirieron terminar el colegio y dejar esos problemas para otro día. Pero pasaron los días y nadie resolvía.
El agua que no llega
Solo seis días después de que Petro inaugurara el colegio, se firmó un contrato para construir la red de acueducto.
Ojo a esto, inauguraron el colegio sin que siquiera se hubiera hecho el primero hueco para poner un tubo para el agua.
Se suponía que los trabajos de agua terminarían en marzo, pero ahora dicen que hubo retrasos y que, si todo sale bien, habrá agua después del 2 de mayo.
Mientras tanto, la comunidad intentó ayudar cavando un pozo, pero todavía no tienen el permiso legal para usarlo.
¿Y la electricidad?
Con la luz pasa algo parecido. Aunque en la zona sí hay redes eléctricas, el colegio todavía no está conectado.
Los ingenieros dicen que faltan unos trámites técnicos y que podría tardar al menos un mes más.
Sin luz y sin agua, tampoco se puede comprar el equipo para los laboratorios o los muebles.
El Ministerio de Educación ya mandó más de 2.700 millones de pesos para eso, pero la plata está guardada en el banco porque no hay dónde poner las sillas ni las computadoras. Y pues solo irían a empolvarse.
Los estudiantes: los más afectados
Mientras los políticos y las empresas se echan la culpa unos a otros, los jóvenes de El Tarra son los que más pierden.
Unos 200 estudiantes que ya se inscribieron para estudiar carreras técnicas están de «arrimados» en otro colegio llamado Monseñor Díaz Plata.
Pero si en el colegio en el que están matriculados llueve, en donde están recibiendo clases no escampa porque ese también está en obras.
Así que están estudiando en condiciones muy incómodas.
¿Qué dicen los encargados?
Es como un juego de «yo no fui»:
El Gobierno culpa a la Alcaldía y a la empresa de servicios por poner problemas y requerimientos.
La Alcaldía culpa al contratista por no ir a las reuniones de coordinación.
El Contratista dice que a ellos les prometieron un lote con servicios y que ellos solo cumplieron con construir.
Por ahora, el gran sueño de la «Universidad del Catatumbo» sigue profundo, esperando a hacerse realidad.
Los jóvenes de El Tarra tienen un colegio nuevo, pero por ahora, solo pueden verlo desde afuera.
Y tú, ¿crees que habrá una solución pronto?




