
Ilustración: Isabella Meza Viana
Por: Redacción Radio Trompo
Para muchos estudiantes en Colombia, ir al colegio no significa únicamente estudiar. También significa aprender a convivir con paredes agrietadas, baños dañados, hacinamiento o meses enteros sin profesores.
En las últimas semanas, jóvenes de ciudades como Cali, Cartagena, Montería y Barrancabermeja decidieron protestar para exigir algo básico: condiciones dignas para aprender.
Las manifestaciones volvieron a mostrar un problema que afecta a miles de estudiantes, especialmente en regiones rurales y territorios históricamente abandonados.
Cuando estudiar también depende del territorio
Sara Pastrana, estudiante de derecho y consejera de juventudes en Córdoba, explica que en algunas zonas rurales un solo profesor debe enseñar varios grados al mismo tiempo.
Eso genera enormes desigualdades entre estudiantes del campo y de las ciudades. Mientras algunos jóvenes tienen acceso a más clases, internet o mejores recursos educativos, otros deben estudiar en condiciones mucho más precarias.

Sara también advierte que la falta de docentes y acompañamiento deja a muchos estudiantes más expuestos a problemas como violencia escolar, acoso o abandono educativo.
Y en algunos territorios la situación es aún más compleja. Según cuenta, existen zonas donde grupos ilegales mantienen control social y donde protestar o denunciar puede convertirse en un riesgo.
Protestas en todo el país
La frustración no ocurre solamente en Córdoba.
En Cartagena, miles de estudiantes protestaron por hacinamiento y problemas graves de infraestructura.
En Montería, comunidades rurales denunciaron escuelas con paredes agrietadas y baños inservibles.
En Cali, estudiantes protestaron porque un curso entero de primaria pasó gran parte del año sin clases por falta de profesores.
Y en Barrancabermeja, estudiantes realizaron un paro para exigir mejores baños, internet y alimentación escolar.
Estas protestas muestran algo importante: muchos jóvenes sienten que deben movilizarse para exigir derechos que deberían estar garantizados desde el principio.

El choque entre las cifras y la realidad
Mientras los estudiantes protestan, el Gobierno destaca cifras históricas de inversión en educación.
El ministro de Educación aseguró que el presupuesto educativo aumentó y que se han impulsado miles de proyectos de infraestructura en todo el país.
También afirmó que, por primera vez en el siglo XXI, el presupuesto de educación supera al de la guerra.
Sin embargo, sindicatos y líderes educativos aseguran que muchos problemas persisten porque las Secretarías de Educación tardan demasiado en reemplazar docentes o resolver necesidades urgentes.
Eso genera una contradicción difícil de ignorar: ¿cómo puede existir una inversión récord mientras tantos estudiantes siguen estudiando en condiciones precarias?
Más que edificios y profesores
El problema no se limita a infraestructura o burocracia.
También afecta la forma en que muchos jóvenes imaginan su futuro.
Cuando los estudiantes sienten que sus colegios están abandonados o que estudiar no mejora realmente sus oportunidades, aparece la frustración, la desmotivación y, en algunos casos, la deserción escolar.
Por eso las protestas estudiantiles no hablan solamente de paredes rotas o falta de profesores. También hablan de dignidad, desigualdad y del derecho a construir un proyecto de vida en condiciones seguras.
Porque para muchos jóvenes en Colombia, estudiar sigue siendo mucho más difícil de lo que debería ser.





