
Durante mucho tiempo, la menstruación se ha tratado como un tema incómodo, casi secreto. Muchas veces se habla en voz baja, con vergüenza o como si fuera algo “raro”. Pero la verdad es otra, menstruar es un proceso natural del cuerpo y hablar de eso debería ser tan normal como hablar de crecer, dormir o comer.
Y aquí va algo importante, este tema no es solo de niñas. También es de niños, familias, profes y de toda la sociedad. Porque cuando no se habla, aparecen los mitos, las burlas y la desinformación.
No debería dar pena
La menstruación es el sangrado que ocurre cuando el cuerpo se prepara para un posible embarazo y este no sucede. Es parte del desarrollo de muchas niñas y adolescentes, y suele comenzar entre los 9 y 15 años.
No es una enfermedad, no es algo sucio y no es motivo de vergüenza.
Sin embargo, muchas adolescentes viven este momento con miedo o confusión. Algunas ni siquiera saben qué está pasando en su cuerpo la primera vez que menstruan, porque nunca han podido acceder a suficiente información en sus entornos cercanos.
UNICEF Colombia lo explica claramente: “cada niña, adolescente, mujer y persona menstruante tiene derecho a una gestión digna de su periodo”. Eso significa tener acceso a información, baños seguros, agua, jabón y productos de higiene para vivir este proceso con tranquilidad.
Según una encuesta citada por UNICEF, el 61,32% de niñas y adolescentes habló por primera vez sobre menstruación con alguien de su familia o amigos cercanos, pero un 38,68% tuvo que buscar respuestas en profesores, otras personas o incluso en redes sociales.
Eso muestra que todavía falta hablar más y mejor sobre este tema.
La menstruación es un proceso natural, pero todavía sigue rodeada de mitos, falsas creencias y tabúes que afectan el bienestar físico, mental y social de muchas jóvenes.
Cuando no hay información, aparece la vergüenza. Y cuando aparece la vergüenza, muchas veces también llega el silencio.
Cuando la menstruación interrumpe la vida diaria
Menstruar no debería impedir estudiar, jugar, hacer deporte o salir con tranquilidad. Pero muchas veces sí pasa.
De acuerdo con UNICEF Colombia, el 51,89% de las niñas y adolescentes encuestadas ha faltado al menos un día a la escuela durante su menstruación. Además, el 66,04% dijo haber interrumpido sus actividades diarias por esta razón.
¿Por qué pasa esto?
A veces por dolor, pero muchas veces por falta de baños limpios, agua, jabón, privacidad o productos como toallas higiénicas.
Imagínate tener que ir al colegio sabiendo que no tienes un baño seguro o que no puedes cambiarte con tranquilidad. Eso afecta la confianza, la tranquilidad y hasta las ganas de asistir a clases.
Lla falta de información puede generar “vergüenza, miedo y falta de confianza”, algo que termina afectando incluso la participación escolar y las relaciones con otras personas.
Por eso, hablar de la menstruación también es hablar de derechos.
La pobreza menstrual sí existe
Aunque en Colombia se eliminó el impuesto a los productos de higiene menstrual en 2018, todavía muchas niñas y mujeres no pueden comprarlos fácilmente.
Según el DANE, el 11,4% de niñas, adolescentes y mujeres entre 10 y 55 años reportó haber tenido dificultades económicas para conseguir productos necesarios durante su periodo en 2023.
Eso significa que muchas veces deben elegir entre comprar toallas higiénicas o comprar comida. En algunos casos, usan trapos, telas u otros materiales que no siempre son seguros, lo que puede afectar su salud.
Esto tiene un nombre, se llama pobreza menstrual y es algo que no debería pasar. Porque gestionar la menstruación de forma digna no debería ser un lujo, sino algo básico.

También los niños deben saber
A veces se piensa que los niños no necesitan aprender sobre menstruación, lo que es un error.
Cuando ellos no entienden el tema, aparecen las burlas, los chistes incómodos y los prejuicios. Pero cuando sí entienden, pueden acompañar, respetar y apoyar.
UNICEF insiste en algo clave: “el involucramiento de sus pares, las familias y otros líderes en las comunidades es crítico” para transformar el estigma alrededor de la menstruación.
Eso significa que los niños, adolescentes y hombres también deben participar en estas conversaciones, muchas veces existe una falta de educación sexual y reproductiva que genera desinformación y estigmatización sobre la menstruación.
Por eso, hablar de menstruación no es “cosa de niñas” es también educación.

Romper el tabú cambia muchas cosas
Muchas adolescentes todavía escuchan frases como “eso no se dice”, “qué pena hablar de eso” o “es mejor esconderlo”.
Pero esconderlo no ayuda.
Hablar ayuda a entender el cuerpo, a pedir ayuda cuando algo no está bien y a dejar de ver la menstruación como un problema.
También ayuda a que en los colegios existan mejores baños, más información y menos burlas.
UNICEF Colombia trabaja justamente en eso: jornadas pedagógicas, entrega de kits de higiene y construcción de baños seguros en escuelas, especialmente en zonas rurales.
Durante 2024, más de 12.500 niñas, adolescentes y otras personas menstruantes recibieron nuevos conocimientos sobre salud menstrual o acceso a insumos para su cuidado.
Eso demuestra que cuando se habla, las cosas cambian.
La menstruación no define a nadie
Menstruar no hace a nadie más débil, menos capaz o diferente. Es simplemente una parte de la vida. No debería ser motivo de silencio, sino de comprensión.
Hablar de menstruación es hablar de salud, igualdad y respeto.
Es entender que todas las personas merecen vivir este proceso con dignidad, sin miedo y sin vergüenza.
Así que sí, hay que hablar de menstruación en el salón, en la casa, con amigos, con profes y en familia.
Porque mientras más natural lo hagamos, menos espacio habrá para el tabú.
Y porque crecer también significa aprender a hablar de lo que antes parecía incómodo.
Y tú, ¿qué crees que podríamos hacer para que este no sea un tema que evite hablarse en el colegio o con los amigos?






