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Conversando Con Alex Gallego: ¿Qué podemos hacer para garantizar la paz en Colombia?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Redacción Radio Trompo

A diez años de la firma del histórico acuerdo entre el Estado colombiano y las FARC-EP, hablamos con Alexander Gallego, del Movimiento Juvenil por la Paz. En 2016 él tenía 18 años, y ese momento lo marcó para siempre. Mientras el país debatía, se dividía y votaba en el plebiscito, Alex decidió que no se iba a quedar callado. Fue el Acuerdo de Paz lo que lo empujó a meterse de lleno en la movilización social y política, porque entendió algo clave: la paz no se espera… se construye.

“Yo creo que la paz se vive y se construye en el proceso de construcción de confianza con los con las comunidades y con los diferentes procesos y organizaciones que habitan los territorios”, dijo. 

Firmado en 2016, el Acuerdo de Paz  puso fin a más de medio siglo de guerra entre el Estado y las FARC-EP.

Alex también es Enlace Territorial de Juventudes en la Comisión que le hace seguimiento a la implementación de lo pactado en 2016. En pocas palabras, trabaja para que lo que quedó escrito no se quede solo en el papel, sino que se cumpla en los territorios.

Además, hace parte de Generación Garante, un grupo de jóvenes que salió a las calles y a las regiones para defender lo acordado y exigir que realmente se hiciera realidad.

Para él, la paz no es solo un discurso en el Congreso o un documento firmado. También es tierra, trabajo y oportunidades reales para la gente joven. Por eso, al hablar de construir paz, Alex insiste en que no se vive igual en todos los lugares del país: no es lo mismo en un barrio urbano que en una vereda rural.

“La juventud en las zonas rurales es un poco tímida al participar, pero con un gran potencial. La juventud campesina hoy reclama una paz que se visualice en garantías para permanecer en el territorio. A diferencia de las ciudades donde también hay unos desafíos de supervivencia, en los que la juventud desarrolla múltiples dinámicas para poder persistir.

Allí también la paz es trabajo digno, acceso a educación, garantía al derecho al deporte, a la recreación. Es la propuesta para una juventud que requiere desarrollar todo su potencial en sus múltiples dimensiones”.

Para Alex, la paz tiene rostro y territorio. No es un concepto abstracto: es la posibilidad real de que un joven pueda quedarse en su tierra, estudiar, trabajar y vivir sin miedo.

Pero más allá del análisis, la pregunta es práctica: ¿qué puede hacer un joven que quiere ayudar, pero no sabe por dónde empezar?

Alex lo aterriza a lo concreto:

“Sumarse a las tareas más básicas que puede tener una comunidad. La participación en las juntas de acción comunal, en los comités juveniles de las juntas de acción comunal, comprometerse en el voluntariado de la comunidad.”

Para él, construir paz no empieza en los grandes escenarios nacionales, sino en lo cotidiano: en el barrio, en la vereda, en el parche.

En contextos marcados por la exclusión, las nuevas generaciones exigen hoy garantías estructurales: educación, salud y empleo digno, frente a la participación meramente simbólica. 

La movilización social es la herramienta definitiva para arrebatarle el futuro a la violencia y construir una paz con verdadera participación política. Actualmente hay más de 12 millones de personas entre 14 y 28 años en Colombia. Sin embargo, el debate no es solo cuántos jóvenes hay, sino cuánto inciden realmente en las decisiones que los afectan.

“Hoy en día la juventud ve la participación más allá del escenario del uso del tiempo libre como un espacio para la incidencia, pero un espacio también para transformar la realidad de la sociedad. Los jóvenes pueden crear escenarios de incidencia incluso más allá de la institucionalidad. Y creo también que los jóvenes hemos venido ganando diferentes espacios en la movilización social”, dice Alex.

Pero si la juventud ha ganado espacios, también enfrenta obstáculos muy concretos.

Alex señala que hoy muchos jóvenes siguen atravesados por violencias directas: reclutamiento forzado, narcotráfico, trata de personas, sicariato, extorsión y cadenas de microtráfico que terminan atrapando a quienes no encuentran otras oportunidades.

Son dinámicas que no solo ponen en riesgo la vida, sino que reducen horizontes y proyectos de futuro.

Por eso insiste en que la construcción de paz no puede quedarse en discursos. Requiere garantías estructurales para las juventudes: acceso real a educación, trabajo digno, salud, vivienda y soberanía alimentaria. Sin esas bases, dice, hablar de paz es incompleto.

En ese panorama, la educación aparece como un punto clave. No solo como un derecho, sino como una alternativa real frente a las economías ilegales que hoy seducen a muchos jóvenes con promesas rápidas.

Para Alex, el problema no es solo la falta de cupos, sino algo más profundo: la disputa por el sentido común:

“Le hace falta que los jóvenes no vean la violencia como una forma de vida porque ahí es donde está la disputa del sentido común. Hace falta copar el territorio colombiano con oferta educativa y un correcto encadenamiento con las cadenas productivas para la inserción laboral”.

En otras palabras, no basta con estudiar. Hace falta que lo que se aprende tenga conexión con oportunidades reales de trabajo y proyecto de vida. Si la educación no abre puertas, la violencia termina pareciendo la única opción.

Diez años después de la firma del Acuerdo de Paz, Colombia sigue viviendo entre promesas pendientes y una polarización que divide barrios, familias y regiones enteras.

En medio de ese panorama, la juventud no puede quedarse al margen. No solo porque heredó este momento histórico, sino porque tiene un papel clave en defender lo que se logró y empujar lo que todavía falta para una reconciliación real.

Pero la realidad es dura. A pesar de lo firmado en 2016, la violencia sigue golpeando especialmente a niños, niñas y adolescentes. Según la ONU, en los últimos años el reclutamiento de menores por grupos armados se ha multiplicado varias veces. Hoy, en promedio, un niño o adolescente es reclutado aproximadamente cada 20 horas en Colombia.

Y no es el único dato preocupante. De acuerdo con la Misión de Verificación de la ONU, cerca de 500 firmantes de paz  han sido asesinados desde entonces en distintos territorios del país.

La paz se firmó. Pero todavía se está disputando.

Frente a ese panorama, Alex insiste en que la juventud no puede ser espectadora. Para él, defender lo pactado no es solo tarea del Estado, sino también de quienes crecieron con ese momento histórico.

“Reclamarnos como esa generación garante de la paz. Eso requiere también que nosotros y nosotras adquiramos un carácter organizativo y muy político alrededor de la defensa de la paz, de apoyar y sumarse a los procesos de movilización y organización en el territorio”.

Pero también reconoce que el país sigue atravesado por tensiones y divisiones profundas. La polarización no desapareció con la firma.

“Colombia en estos momentos tiene un escenario bien interesante frente a la polarización. Se tiene que superar en el debate democrático, el debate de las ideas, pero también en promover ejercicios de democracia un poco más sanos, un poco menos confrontativos y más bien creativos a la hora de desarrollar las acciones políticas.”

Para él, la clave no es dejar de debatir, sino aprender a hacerlo mejor.

Y ahora la pregunta es para ti:

¿Qué podemos hacer para garantizar la paz en Colombia?

Te leemos en los comentarios.