
Por: Redacción Radio Trompo
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En Caucasia, Bajo Cauca antioqueño, una semana cambió el ambiente de todo un municipio.
Un niño de 12 años murió tras manipular un objeto explosivo que encontró en un potrero.
Días después, Gabriel Enrique Arenas, estudiante universitario, apareció muerto tras varios días desaparecido.
Dos hechos distintos, pero con un mismo efecto: miedo, dolor y muchas preguntas.
“Esto le baja mucho la moral a los chicos porque pueden empezar a ver el Bajo Cauca como una zona peligrosa”, dice María José Pérez, presidenta del Consejo Municipal de Juventud.
Un peligro que no siempre se ve
Lo más difícil es que el riesgo no siempre es visible.
En zonas como Caucasia, el conflicto ha dejado objetos peligrosos enterrados o abandonados.
A simple vista pueden parecer normales, pero no lo son.

Esto cambia la forma en que los jóvenes viven su entorno. Lo que antes era un lugar para jugar o caminar, ahora puede generar miedo.
Más que evitar el peligro
Frente a esto, algunos jóvenes están buscando respuestas.
María José Pérez, de 17 años, cree que lo que pasó es una “llamada de alerta”. Para ella, no se trata solo de tener miedo, sino de tomar decisiones distintas.
Desde el CMJ trabajan en crear alternativas. Promueven el deporte como una forma de alejar a los jóvenes de riesgos —“un joven que hace deporte es un joven que le quitamos al consumo”, explica.
También impulsan el apoyo en salud mental y el respeto por los demás.

Entender para prevenir
María José insiste en algo que no siempre se tiene en cuenta: la empatía.
“Antes de juzgar a un joven, hay que ponerse en su lugar”.
Para ella, esto no es solo una idea bonita. Tiene un objetivo claro: prevenir.
Cuando se juzga sin entender, muchas veces se aleja a las personas. Pero cuando se entiende lo que alguien está viviendo, es más fácil acompañarlo y evitar que tome decisiones que lo pongan en riesgo.
Lo que queda
El miedo es real. Pero también lo es la respuesta de la comunidad.
En Caucasia, muchas personas se han unido para acompañar a las familias y apoyarse entre sí.
Al final, la pregunta no es solo cómo evitar el peligro.
Es cómo construir un lugar donde los jóvenes puedan vivir, crecer y tomar decisiones sin que el miedo defina su futuro.






