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Los animales: las víctimas invisibles de la guerra

Por: Redacción Radio Trompo

Fue una escena difícil de olvidar. Más de 80 perros aparecieron muertos tras haber sido envenenados durante la madrugada del 30 de junio del 2024 en varias zonas del Catatumbo, en Norte de Santander.

Esto ya había pasado en esa zona en 1999. Antes de que los paramilitares entraran a la zona envenenaron perros para evitar que alertaran sobre sus movimientos al llegar a los caseríos.  

Pero esta no es solo una historia triste sobre mascotas. Es una muestra de cómo los animales en Colombia también quedan atrapados en medio de la guerra. Y mientras el país intenta sanar sus heridas, ellos muchas veces siguen siendo las víctimas olvidadas del conflicto.

Para los grupos armados, un perro no es un amigo; es un problema. 

El abogado y magíster en Bioética Carlos Andrés Muñoz López explica en su columna que los perros rurales son como «centinelas». Su instinto es ladrar cuando ven a un extraño. 

Esto ayuda a los campesinos a saber si alguien viene, pero molesta a los criminales que quieren moverse sin ser vistos.

Matar a los perros es un «presagio». Significa que algo malo viene para los humanos. 

Muñoz López recuerda que en 1999, antes de una masacre en La Gabarra, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso ordenó envenenar a los perros. Poco después, mataron a decenas de personas. Hoy, esa estrategia cruel se repite porque no hay un castigo fuerte. 

Lo más aterrador es que los grupos armados no solo matan a los animales, sino que los usan para atacar. 

Es lo que se llama instrumentalización. ¿Has oído hablar del «burro-bomba»? En 1996, en Chalán (Sucre), usaron un burro cargado de explosivos para destruir una estación de policía. Murieron 11 agentes.

También pasó en Chita, Boyacá. Además, en redes sociales se ven fotos de caballos marcados con siglas de grupos como el ELN. Muñoz López señala que esto se hace para dar miedo y mostrar quién manda. 

Es usar a un ser vivo como si fuera un cartel de propaganda o una bomba.

Llevar la cuenta es muy difícil. La Unidad de Investigación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) publicó un informe llamado «Daños invisibles». Según este documento, entre 2017 y 2026, más de 100.000 animales sufrieron por culpa de bandas criminales.

El informe da datos impactantes:

Cada 30 minutos, un animal muere o queda herido por la guerra.

Muchas especies silvestres, como el mono araña o el paujil piquiazul, están en peligro por la violencia en regiones como Antioquia.

Las disidencias de las FARC, especialmente el Frente Jaime Martínez, son señaladas como el grupo que más afecta a la fauna.

Pero hay que entender la magnitud del trabajo ambiental en Colombia. 

La Asociación de Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible, dio un dato importante: solo en 2025, las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) atendieron a más de 47.800 animales. Los reptiles fueron los más atendidos (42.3%), seguidos por las aves (30.5%) y los mamíferos (24.1%).

Es fundamental aclarar algo: estos casi 48.000 animales no fueron atendidos por causas del conflicto armado. 

Sin embargo, este dato nos muestra que, aunque las autoridades ambientales trabajan mucho, no dan abasto. Si ya es difícil atender a los animales en tiempos normales, en las zonas de guerra es casi imposible llegar a ayudarlos a todos.

Pero hay que mirar todas las caras. Aunque el informe de la JEP se volvió viral y sus cifras son impactantes, el diario El Espectador publicó una crítica seria.

Algunos científicos, como la doctora Ana María Prieto, doctora en Ciencias Naturales, y el profesor Rafael Moreno, Grupo de Morfología y Ecología Evolutiva en la Universidad Nacional, citados por El Espectador, dicen que el informe no fue «riguroso».

Ellos critican que la JEP mezcló temas muy diferentes: casos de animales individuales heridos y el riesgo de extinción de especies completas. 

Dicen que no se puede presentar como un «ejercicio científico» algo que no tiene buena metodología. Aunque las cifras de la JEP se discutan, lo que nadie niega es que la guerra sí rompe la relación de cuidado entre humanos y animales.

Hoy en día, si un animal queda abandonado tras un desplazamiento, el Estado casi no aparece. 

El informe de la JEP dice que el 27% de los casos son por abandono forzado. Cuando la gente huye, muchos animales mueren de hambre o quedan en soledad total.

Casi toda la ayuda viene de voluntarios. Hay historias de resistencia, como la de Isabel Rincón en La Gabarra. Cuando sus vecinos huyeron por el miedo, ella se quedó para proteger a sus 45 perros y 17 gatos. 

Al final, la conclusión es clara: los animales en Colombia están un poco a su suerte. Quedan atrapados en campos minados, son usados como herramientas de guerra o mueren envenenados para que no ladren.

La propuesta de la senadora Esmeralda Hernández de reconocer a los animales como víctimas del conflicto busca que existan herramientas reales para ayudarlos. 

Mientras tanto, ellos siguen esperando que alguien, además de los voluntarios, se acuerde de que ellos también sienten el dolor de la guerra.