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De la FILBO a la FLIPO: Cuando leer deja de ser un privilegio de pocos

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: Paula Beatriu Daza.

Pensar que un libro como símbolo de la literatura no puede cambiar la percepción de la gente en medio de las coyunturas sociales es un error; error que autores como Gabriel García Márquez seguramente no habrían cometido nunca en sus vidas.

Sin embargo, esto no se trata de un Gabo, de una Pizarnik o cualquiera de los autores que usted conozca; se trata de usted per sé, de lo que usted lee o deja de leer y de cómo consume la lectura en la cotidianidad; ¿se trata de consumir por gusto?, ¿o por presión por parte de ciertas fuerzas tendenciosas?

En la historia más reciente de la capital colombiana se ha evidenciado que la Feria Internacional del Libro de Bogotá, conocida como la FIlBO, ha capitalizado el bien cultural de la literatura, la escritura y la lectura, pues se ha popularizado la idea de que “quien va sin plata, no fue a la feria” y tras esta premisa se comprende que la capitalización existe de principio a fin.

Recientemente, estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional han denunciado que no tienen dinero suficiente para pagar un pasaje del Sistema Integrado de Transporte Público y si desconocen la alianza para ir a esta feria: ¿Cómo ingresarán a la feria?, ¡Es más! Incluso si ingresan al espacio, ¿con qué recurso económico podrán comprar algo para acceder a este bien cultural? Interrogantes como estas no solo caen en poblaciones de ciertas universidades, pues la gravedad le pone peso a la consecuencia de la capitalización a todas las poblaciones menos favorecidas, por más que amen la literatura.

En contraste con lo que busca la FilBO; la feria del libro popular, ahora conocida como la FLIPO, realizada por primera vez en Colombia el pasado 9 de mayo en Chapinero, Bogotá -específicamente , en el Parque de los Hippies-, se demostró que no hay que pagar una boleta para hablar de libros, mucho menos para leerlos.

Pues con el liderazgo de las juventudes de la ciudadanía y sin un peso de por medio, la vaina cambió, el trueque de libros se hizo costumbre por casi todo un día y el acompañamiento académico y político hizo presencia por medio del concejal del libro, conocido también por su nombre: Julián Triana, la senadora de la República Clara López y Daniel Galeano, consejero distrital y local de juventud por los barrios populares de Chapinero. 

Con solo un acto y sin un solo peso, la FLIPO logró lo que la FIlBO no ha hecho en sus ediciones anteriores: garantizar que la lectura de textos de interés sean democratizados a través de las calles y las voces de la comunidad.