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El efecto «Westcol»: ¿Entrevista o parche?

Westcol entrevistó a Álvaro Uribe y Gustavo Petro. Pero más que entrevistas políticas tradicionales, internet terminó viendo dos grandes streams donde la política parecía mezclarse con parche, entretenimiento y cultura digital.

Con Petro hubo recorrido por la Casa de Nariño, gorras, saludos y conversaciones inesperadas. Con Uribe hubo aguardiente, risas y hasta ponies. Todo se sintió relajado, improvisado y muy diferente a los formatos clásicos de televisión. 

Y ahí está la clave del éxito.

No parecía política. Parecía una conversación entre amigos.

Muchos jóvenes sienten más conexión con influencers porque hablan de forma cercana, sin palabras complicadas ni tono de autoridad. “Escucho más a los influencers porque siento que hablan de una manera como de tú a tú”, dice Adriana Ortega, de 14 años. 

Eso tiene algo positivo: logra que personas que normalmente no verían debates políticos terminen interesándose por temas públicos.

Pero también tiene riesgos.

Durante varias partes de las conversaciones, Westcol reconoció que no sabía mucho de política. Y aunque hizo algunas preguntas incómodas, muchas afirmaciones fuertes quedaron sin contraste o sin contexto. 

Con Uribe, por ejemplo, hablaron sobre falsos positivos”, acusaciones judiciales y comparaciones con gobiernos como los de Chávez y Castro. Pero muchas veces faltaron datos, contexto o preguntas más profundas. 

Con Petro pasó algo parecido cuando discutieron temas como seguridad, armas o violencia. Las conversaciones avanzaban más desde opiniones personales que desde debates sustentados con información. 

Y eso importa porque hoy mucha gente se informa principalmente por redes sociales.

El Instituto Reuters en Inglaterra encontró que TikTok ya es una fuente importante de noticias para millones de personas, especialmente jóvenes. Pero el mismo informe advierte que sentir cercanía con alguien puede hacernos bajar la guardia y creer información sin cuestionarla demasiado. 

Ahí aparece una diferencia importante entre influencer y periodista.

El periodista tiene procesos para verificar información, contrastar versiones y cuestionar el poder. El influencer, en cambio, muchas veces depende de mantener entretenida a su audiencia y generar conexión emocional. 

Eso no significa que un influencer siempre desinforme. Pero sí significa que las redes sociales están cambiando la forma en que muchos jóvenes entienden la política.

Y quizá la pregunta importante no es si debemos dejar de ver influencers, sino cómo aprendemos a distinguir entre sentir cercanía con alguien y estar realmente bien informados.

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